Prefiere hablar de "mesa de trabajo" más que "de diálogo". Desde la vicepresidencia del Senado, y marcando un estilo diferente de su presidente, Guido Girardi, Juan Pablo Letelier ha jugado un rol facilitador en los acercamientos entre el gobierno y los estudiantes. Dice que simplemente se encontró jugando el papel, que no lo buscó. Su pasada por la presidencia de la Comisión de Educación y la cercanía con varios representantes del movimiento secundario y con algunos de los líderes universitarios lo fueron instalando en la discusión. "A Camila Vallejo, Giorgio Jackson y Camilo Ballesteros los conocí inicialmente en esta fecha del año pasado, cuando fueron al Congreso a preguntar por el presupuesto de educación y ver qué opiniones podían dar. Incluso, acogimos algunas indicaciones sobre el aporte basal a las universidades. Me llamaron mucho la atención, me encantaron, quiero decirlo honestamente, porque era la primera vez que yo veía a dirigentes universitarios preocupados de la cosa concreta", cuenta. ¿Cómo ve el proceso que ellos han atravesado desde entonces hasta ahora? Encuentro extraordinario lo que han hecho, sobre todo la capacidad de interpretar un sentir que lograron transformar en algo común de la sociedad. ¿Y cómo definiría el proceso que en paralelo ha llevado el gobierno, incluyendo el tránsito del ministro Lavín a Bulnes? Diría que los caracteres de uno y otro son distintos. No quiero decir mejor o peor, distintos y, por tanto, el tipo de diálogo con ellos de alguna forma es diferente. En ambos vi predisposición a una conversación franca. Con el ministro Lavín me tocaron conversaciones en enero, cuando se estaban explorando modificaciones a la LGE y al estatuto docente. Y con el ministro Bulnes había comenzado a interactuar como ministro de Justicia, lo cual facilitó las conversaciones que hemos tenido ahora. Lo que he visto en el gobierno es una cierta preocupación por ejercer la autoridad, así como en el movimiento estudiantil he visto que hay mucha desconfianza. ¿Y eso ha evolucionado? Yo creo que es lo que se está viendo en este momento. Me ha tocado ver con parlamentarios, tanto de gobierno como de oposición, que muchos tienen conciencia de la necesidad de reformar el sistema educacional, con diferentes matices, es cierto, pero hay consenso de que el modelo educacional se agotó. Eso me ha generado la convicción de que hay mucho más espacio para conseguir acuerdos en algunas materias de lo que algunos piensan. ¿En qué temas? Hay bastante espacio para la reforma constitucional, la desmunicipalización, cambiar el principio de autofinanciamiento de la educación superior, la democratización de la educación, que tiene que ver con cómo facilitar los tipos de organización dentro de planteles secundarios y de educación superior. Y diría que el punto donde hay desacuerdo evidente, pero con espacios para avanzar, son el lucro en la educación y el financiamiento compartido. Tras la crisis de los pingüinos, el lucro y la definición de educación pública quedaron finalmente fuera de las reformas. ¿Cometió la Concertación un error al no haber insistido en ellos? El lucro y la reforma constitucional se perdieron, y sí, creo que se cometió un error al no insistir. Y sobre el fortalecimiento de la educación pública creo que no se insistió como se debía. Reconozco que yo fui uno de los seis diputados en ese tiempo que votamos contra el financiamiento compartido y que hemos tenido una posición crítica a favor de fortalecer la educación pública. Y quiero decir que yo soy crítico de que no se haya avanzado con más fuerza en el movimiento de los pingüinos tras sus demandas. Entonces, los límites los impuso la política. ¿Cuáles son los límites para la discusión actual? Yo veo espacios para opciones de reforma estructural. Aparte de las cosas que mencioné, habrá más recursos para la subvención escolar y un cambio en los parámetros de ésta (que no dependan solamente de asistencia, sino también de matrícula y el tamaño del colegio); una gran reforma en educación técnico-profesional y me parece que se logrará avanzar también en el lucro con recursos públicos en la educación a nivel escolar. En educación superior vamos a lograr instalar el inicio del fin del autofinanciamiento en la educación superior. Yo creo que vamos a lograr 60% de cobertura en becas y que se van a conseguir aportes basales importantes para las universidades estatales y las del Cruch. En las conversaciones privadas que ha tenido con estudiantes y gobierno, ¿estos temas se han puesto sobre la mesa? Estas cosas se vienen conversando en el Congreso e incluso están en un documento que establece cuáles son los puntos de consenso entre actores políticos. Me tocó trabajarlo con Patricio Melero, con Hernán Larraín y otras personas que han mostrado su disposición a avanzar, por eso me he formado esta convicción. ¿Y con los estudiantes lo ha conversado? Sí, también. He conversado, les he mandado los documentos directamente, me los han mandado de vuelta con observaciones. He tratado de ser lo más respetuoso de su autonomía. Por eso, cualquier tipo de contacto siempre lo he hecho con absoluta reserva, y eso es algo que ellos saben y valoran, porque es un paso mínimo. Hubo, además, un segundo momento, que fue cuando ellos nos entregaron su emplazamiento donde estaba la pregunta sobre la autocrítica que se hacía -o debía hacerse- la Concertación respecto de lo que no se hizo. A mí me tocó trabajar ese documento y ahí quedó en evidencia que era necesario para algunos actores del movimiento social saber que había de nuestra parte una actitud más humilde en este debate. Fue un punto de inflexión para poder plantear cómo hoy creemos que hay que avanzar. ¿Le preocupa que los estudiantes puedan pretender ir por más? Ahora están planteando una reforma tributaria. Esta es una generación extraordinaria, es la generación de los hijos de los 80 y tienen una particularidad: no tienen miedo. No es una generación que tenga límites. Ellos quieren avanzar en sus propuestas y eso me parece positivo. Pero hay un punto donde quizás tengan una debilidad: el saber cosechar sus triunfos. Hoy tienen un desafío: muchos de los temas que vienen se debaten en el Parlamento, no en las calles. Entramos ahora a la discusión de la Ley de Presupuesto y muchas de sus demandas tienen que ver con eso. ¿Llegó el momento de no seguir pidiendo y comenzar a cosechar? Sí, claro. Es tiempo de cosechar, ellos tienen que saber amarrar hoy sus demandas, y no cabe duda que el tema del financiamiento es uno de los principales. Es muy importante entender que en esta próxima etapa hay que tener claridad de cuánto se logra en la Ley de Presupuesto y cuán importante son las leyes permanentes. ¿Las diferencias al interior del movimiento podrían hacer primar las posturas más radicales y dificultar esa cosecha? Yo me imagino que en el movimiento de los estudiantes, secundarios y universitarios, existen las mismas diversidades que en cualquiera de nuestras familias. ¿Hay diferencias? Sí, por cierto. Lo valioso es que han logrado procesar su diversidad y ellos plantean sus opiniones. Hay gente que quiere avanzar más, probablemente. Hay otros que quieren consolidar primero, también, pero tendrá que ser el conjunto del movimiento el que entienda que si quieren que esto sea un triunfo, su triunfo, es importante que cosechen, porque si no van a ser otros los que lo van a cosechar, porque aquí va a haber una reforma al sistema educacional en Chile. Esto va a ocurrir, porque ya está instalado, más allá de los estudiantes. Estas demandas ya no son de los estudiantes, son de un sector demasiado relevante del país y, por ende, van a ocurrir muchas de reformas con o sin los alumnos. Por eso, es importante que sea con ellos. ¿Diría que hay condiciones para el diálogo? Yo creo que hay condiciones para trabajar, para conquistar acuerdos y yo creo que es un paso que el movimiento social tiene que dar. Ellos tienen que mantenerse en vigilancia, en particular en el tema que es la madre de todas las batallas, que es que una vez que se discuta lo sustantivo hay que asegurar que esté el financiamiento. Y ahí el gran debate va a ser el ritmo de los cambios estructurales, porque dependiendo de eso uno puede considerar suficiente un fondo de cuatro mil millones de dólares, o insuficiente, que es mi caso. En algún momento vamos a llegar al debate de financiamiento y de la reforma tributaria, pero eso debería estar en las conclusiones de la mesa de trabajo en vez de ser el punto de inicio. Hay gente de derecha que lo entiende así también. Desde que el ministro Lavín presentó el Gane quedó dando vueltas que se necesita más financiamiento y que nada indica que con el puro crecimiento económico vamos a tener los recursos que se necesitan. ¿Qué valoración tiene usted del rol que ha jugado el Partido Comunista? El PC es un partido de oposición, tiene a militantes de sus juventudes que son dirigentes, como Camila Vallejo. Es un actor que ha sido responsable, pero como muchos otros. Hay varios actores políticos en las federaciones o entre los secundarios, muy desconocidos para la mayoría. El presidente del Senado, Guido Girardi, ha pateado la mesa un par de veces y el otro día amenazó con no discutir el presupuesto. ¿Usted se siente cómodo con el estilo del presidente? Yo me siento absolutamente a gusto con la diversidad. No tengo ninguna objeción con que cada uno manifieste sus opiniones en su estilo, como punto general de partida. En mi actividad política en la mesa yo he tenido un trabajo muy fluido con el presidente del Senado, entendiendo que tenemos estilos distintos y, por lo mismo, yo comprendo cuando él, en dos ocasiones, ha tenido opiniones fuertes. Mientras él dijo: 'Mire, si el gobierno no dialoga y desahucia el diálogo no vamos a votar la Ley de Presupuesto', yo dije: 'Miren, si no se avanza en la mesa de trabajo es evidente que la discusión de presupuesto se va a encrispar'. Son dos formas distintas de decir: 'Miren, siéntense en la mesa para crear un mejor clima para la discusión de la Ley de Presupuesto, si no esto va a ser muy difícil'. Hay una cosa de estilos. Yo entiendo el del presidente Girardi. Son diferentes formas de manifestar las cosas, pero yo diría que estamos conscientes del tema de fondo.