*1. El auto: El nuevo living de la familia* Los Liberona Rebolledo no desayunan juntos. No porque no quieran, sino porque no tienen tiempo: a las 7.15, todos deben estar listos para partir desde su casa en Lomas de Lo Aguirre, hasta el colegio Trewhela´s, en Providencia, donde estudian los mellizos Mauro y Virla (14). Las mañanas, entonces, son una carrera contra el tiempo, que termina cuando todos se suben al auto. El viaje al colegio dura unos 40 minutos y ese momento es prácticamente el único que tienen en el día para compartir como familia. Los Liberona Rebolledo son cuatro, pero representan a miles, porque según el estudio Santiago se Mueve, lo de ellos es un nuevo y ya muy extedido comportamiento entre los santiaguinos: el automóvil se ha convertido en una extensión de la mesa del desayuno, un lugar donde la familia comparte momentos importantes. Tareas, notas y amigos son los temas principales de los Liberona en el auto. Entre tema y tema, también tratan de ponerse de acuerdo en qué radio sintonizar. Algo que para Marisol Figueroa es una batalla perdida. En su auto, sus hijos mandan. Según una encuesta reciente en Estados Unidos, el 90% de los padres pasa en el auto hasta 20 horas semanales junto a sus hijos. En la misma encuesta norteamericana, el 50% de los padres dice que en su auto se puede encontrar barro, papeles y lápices de colores. "El auto es una cápsula privada que está muy mediada por las interacciones que se producen al interior y lo que vimos es que es un espacio importante para compartir. Allí se ven huellas de esa interacción, como los juguetes de los niños", dice Walter Imilan, antropólogo y parte del proyecto. Cuando Marisol compró su auto pensó que sería más cómodo, que así no tendrían que irse los cuatro juntos en la mañana. Pero a Martín, su hijo, no le pareció una buena idea, le gustaba compartir con sus padres en la mañana. Por eso llegaron a un acuerdo: tres veces al mes, Marisol y su marido van juntos a dejar a Martín y su hermana al colegio. *2. El desayuno ya no se toma en la casa* Al bajar las escaleras de las estaciones de metro huele a pan recién hecho. Pasadas las 7.00, en las panaderías de muchas de las estaciones las personas hacen fila para comprar pan o el "combo de desayuno". Después, siguen su camino al trabajo con la bolsa y un café en la mano. Liliana Roba lleva más de 30 años con su cafetería Sori en la estación Pedro de Valdivia y dice que en los últimos 10 años la venta de desayunos ha crecido notoriamente. Hay otros que compran a la salida del metro. A las afueras de la misma estación, Belén vende siete panes en cinco minutos, desde aliados hasta pollo italiano. ¿Por qué? Porque los hábitos de los santiaguinos están cambiando muy rápido y en esa transición están dejando de tomar desayuno en la casa. Walter Imilan, antropólogo, dice que este comportamiento se ha incrementado con el Transantiago, porque al haber precarización de movilidad, la gente sale antes de sus casas para no atrasarse y toman desayuno en el camino. Y según resultados del estudio, este cambio de hábito no es sólo de quienes usan el transporte público: los que tienen auto aprovechan las estaciones de servicio para tomarse un café y seguir el camino. Por supuesto, todo esto incide en las pautas de alimentación. Según la empresa Euromonitor International, el chileno consume al año 95,3 kilos de pan per cápita, lo que lo sitúa como el segundo mayor consumidor de Latinoamérica después de México. Claro, además del pan del desayuno, muchos santiaguinos optan también por comprar el de la tarde y al llegar tarde a la casa, la comida se está eliminando de los hábitos alimenticios. En la actualidad, sólo el 31% de los chilenos cena, mientras el 82% trasladó la once para las 19 horas, según la Encuesta Nacional de Consumo Alimentario (Enca). Hay otros que toman desayuno en el metro como una excusa, como Virla y Darío. Después de dejar a sus hijos en el colegio y estacionar el auto, ambos se sientan en mesas cerca de las boleterías a tomar un café. Dicen que esos 10 ó 20 minutos es el momento que tienen para conversar solos. Francisca (24) y Rodolfo (29) hacen lo mismo. Durante dos horas toman desayuno en el Metro Los Dominicos. Aunque es un esfuerzo despertarse más temprano, creen que es un sacrificio que vale la pena, porque sus horarios son compatibles sólo en las mañanas, cuando desayunan. *3. Niños desorientados y sin autonomía* Virla Rebolledo apuesta a que si les dijera a sus hijos que fueran solos, por ejemplo, al Parque Arauco , les costaría lograrlo. Sus hijos se mueven siempre en auto, con ella. Para ellos seguir una instrucción como "camina hacia la cordillera", es difícil de cumplir. Es más fácil cuando les dicen que un lugar está más cerca o lejos de un punto de la ciudad que ellos conozcan, como el colegio. Y es así, en general. Tanto que en los resultados del estudio, los niños que andan en auto son testigos de lo que sucede en la ciudad, pero no protagonistas. No tienen ningún grado de decisión en sus movimientos y nadie les muestra la ciudad. Los niños que andan en transporte público pueden conocer más Santiago y toman decisiones autónomas, pero las micros y metros no están diseñados para ellos. La consecuencia es que muchos que pueden tener edad suficiente para viajar solos en micro, terminan en casa o llevados por sus padres, por temor a que les pase algo. Según los autores, estos niños ven una ciudad fragmentada y gran parte de Santiago es ajeno a ellos. *4. Trabajamos antes y después del trabajo* Jorge Becker (52) usa su teléfono desde la estación Los Dominicos hasta Plaza de Armas. Así adelanta trabajo durante la media hora de viaje en Metro. Total, sabe que muchos de sus clientes hacen lo mismo. En el estudio encontraron que los santiaguinos usan la tecnología mientras se trasladan, para optimizar su trabajo. Les acomoda resolver problemas laborales sin tener que estar en la oficina. Es una estrategia, dicen, para tener mayor independencia con el tiempo, sin embargo, los autores de este estudio encontraron que no incidía en una reducción de las horas trabajadas en la oficina. Por el contrario, los mails o llamadas que se hacen en movimiento se suman a las horas laborales. Los santiaguinos están más tiempo conectados con el trabajo. Como Marta (43), que también aprovecha el viaje en micro para trabajar. Durante las dos horas de viaje desde Maipú hasta el colegio en Vitacura -donde trabaja como profesora- prepara sus clases: "Es tanto el rato que uno pierde, que hay que transformarlo en algo productivo". *5. No nos vemos, pero siempre hablamos* En un vagón o una micro, la mayoría de los pasajeros conversa... no entre sí, porque no se conocen, sino con sus familias y amigos por teléfono. Hoy, el celular es la manera más práctica que tenemos para comunicarnos con los más cercanos: por eso, día a día se ven madres que llaman a sus hijos para saber si llegaron a la casa; universitarias que hablan con su amiga para salir o estudiar, y oficinistas que llaman a su compañero de trabajo por un informe o trabajo pendiente. Otros se instalan en las cercanías de las estaciones de Metro o de los paraderos para usar internet para comunicarse, como César (37) que aprovecha a conectarse en el cíber del Metro U. de Chile, porque su viaje de regreso a la casa es largo. "Esta es la hora en que encuentro a varios de mis amigos; cuando llego a mi casa ya no están conectados", cuenta. John Urry, sociólogo y profesor de la U. de Lancaster, experto en movilidad de la sociedad y colaborador de este estudio, dice que la gente está viajando mucho durante el día y que eso imposibilita estar cerca de la familia. Por eso, el celular e internet son una forma de mantener y extender la comunicación. "Con el celular uno está avisando que existe, que aún estás presente. Sin embargo, nos estamos acostumbrando a vivir a la distancia: antes querías llegar a la casa o ver a alguien. Ahora sólo llamas", dice a La Tercera. *6. Ellas organizan, ellos duermen* El recorrido de una mujer que vive en Maipú y trabaja en el centro empieza así: va a buscar a su sobrino donde sus padres. Después deja a su hija en el colegio, pasa a buscar a una amiga de trabajo, deja a su marido en el centro y, recién entonces, se va a trabajar. Según Paola Jirón, directora de Investigación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. de Chile e investigadora responsable del estudio, uno de los hallazgos más importantes de este estudio es que las mujeres son las que organizan día a día las salidas de todos los integrantes de la familia y lo hacen, generalmente, mientras se mueven por la ciudad. Imilan cuenta que este hábito tan común e interiorizado en las mujeres, expresa a nivel colectivo la desigualdad de género que existe en Chile en relación con las tareas del hogar, lo que se traduce en menos tiempo libre para ellas al final del día. Como consecuencia, muchas aprovechan los tiempos de traslado para hacer lo que no alcanzan en la casa, como por ejemplo, maquillarse. Los hombres, en esas mismas instancias, aprovechan de dormir.