Al señor Mersault, el protagonista de la célebre novela de Albert Camus, "El extranjero "(1942), nada le conmueve demasiado. No lloró en el funeral de su madre. Tampoco cuando lo condenan a muerte por despacharle cinco tiros a un árabe. "Intenté presentar en mi personaje el único Cristo que merecemos", señaló el autor franco-argelino sobre su gran obra, transformada ahora en novela gráfica. Publicada por Ediciones de La Flor y distribuida por Catalonia en Chile, la novela del Premio Nobel de Literatura 1957 habla a las nuevas generaciones en lenguaje cómic. Adaptar el libro que consagró internacionalmente a Camus nunca fue tarea fácil. Cuando en 1967 el director Luchino Visconti la llevó al cine, pocos fueron los que la alabaron. El argentino Juan Carlos Kreimer, editor en español de la serie de libros ilustrados Para Principiantes, fue el responsable de llevar "El extranjero "a las viñetas. Y para ello se inspiró en la película de Visconti, pero para saber "lo que no había que hacer". "Como está narrada en primera persona y tiene una prosa embriagadora, era complicado ponerle diálogos e imágenes. Había que ser más convincente, tener buenos dibujos, no olvidarse que la anécdota está supeditada al planteamiento filosófico que hace el autor", dice Kreimer. La edición incluye el prólogo que el mismo Camus escribió para la versión norteamericana de "El extranjero", en 1955. "Para mí, Mersault no es un náufrago, sino un hombre pobre y desnudo, enamorado del sol que no deja sombras", dice en éste uno de los intelectuales más brillantes de la posguerra francesa. A lo Cary Grant Clave para llevar a cabo la novela gráfica fue también la firma del ilustrador Julián Aron. Los dibujos del argentino tuvieron que seducir a la casa francesa Gallimard, a cargo de los derechos de la obra. Según Kreimer, tuvieron que pasarle varias páginas de prueba a la editorial para vencer los prejuicios que aún despierta el género del cómic, pero "el hecho de que las historietas estén saliendo del nicho para venderse en lugares más accesibles y con mejor calidad de papel, influyó en el visto bueno final". El dibujante resalta la calidad que está alcanzando la historieta: "Hoy en día las novelas gráficas se ven como el mejor libro de arte. A esto se suma la decisión de adaptar autores esenciales, que tienen un público en sí mismos. La salud del género es prometedora". El Argel de mediados del siglo XX, el tranvía y hasta el modelo de automóvil Citroën 36 en el que Mersault va a enterrar a su madre. Todo fue recreado por el historietista argentino con paciencia de relojero. "Quise que se entendiera bien que la historia está ambientada en los años 40, pero con un estilo algo moderno para no alejar al lector. Asimismo, traté de que no resultaran tan abruptos los cambios de clima que tiene la novela: el de la claridad enceguecedora del principio, con un Mersault que tiene gotas de sudor en la frente por el sol del Mediterráneo, y la oscuridad del encierro del último capítulo", explica. Otro de los retos que Aron y Kreimer enfrentaron para realizar la historieta fue dar con el rostro del protagonista. Con lápices azules, pincel y tinta china, de lo primero que tuvo que sacudirse el dibujante fue de la tentación de hacer a Mersault con la cara del propio Camus. El personaje debía ser atractivo sin ser un galán, y a la vez, no perder su temperamento introspectivo. "Opté por un mentón con hoyuelo y una nariz prominente. Mersault se terminó pareciendo un poco a Cary Grant pero mucho más flaco", ríe Aron sobre el personaje. Camus también era un extranjero. Hijo de padre que descendía de alsacianos y de madre con sangre española, no era ni de aquí ni de allá. Había nacido en Argel en 1913. En 1940 va a París, donde escribe la novela. Así como Mersault encuentra la desgracia en Argelia, la relación de Camus con su tierra natal fue difícil. "Me cegó un rayo de sol", contesta el protagonista cuando el juez le pregunta por qué asesinó al árabe a sangre fría. Y el sol, para Camus, es la la inocencia que a los 19 años le arrebató una tuberculosis pulmonar. "La enfermedad lo obliga a pasar el menos tiempo posible al aire libre, le enseña el sufrimiento", dice Kreimer. El joven Camus se refugia entonces en los libros de Tolstoi y Dostoievsky." " "La vida le dio una gran capacidad de comprensión. Si bien creció en la casa de su abuela, haciendo sus necesidades en un agujero del patio, nunca se sintió un condenado. Gracias a una beca, estudió en un colegio de hijos de colonos ricos, en París conoció a Jan Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Camus amaba la vida, pero sabía que el sol no alumbraba a todos de la misma manera. Ahí está el absurdo que retrató en cada uno de sus ensayos, dramaturgias y novelas", dice Kreimer. El autor murió el 4 de enero de 1960 en un accidente automovilístico. "Esta noche cargada de presagios y estrellas, me abro por primera vez a la tierna indiferencia del mundo", había escrito antes en "El extranjero. "