Se quedó corto cuando pensó en el retiro con un decimoquinto disco en la calle. Porque el bajista Steve Harris (54), uno de esos tipos sensatos y con los pies bien puestos en la tierra y que no quiere andar dando lástima cuando las canas abunden, debe haber calculado que a esa altura del partido ya iban a estar entrando a la edad del júbilo y pensando en los nietos y los viajes al Caribe y los cuarteles de invierno. Pero no. Casi como si estuvieran llamados a desafiar el paso del tiempo y torcerle la mano al destino, estos seis caballeros que integran esa institución del metal llamada Iron Maiden (Londres, 1975) acaban de lanzar un nuevo álbum de estudio y ubicarse en el primer lugar de los rankings británicos después de 18 años de haberlo conseguido con Fear of the dark. The final frontier, el nuevo título en cuestión, llegó a las tiendas hace nueve días, desplazó del primer puesto al rapero estadounidense Eminem -con su álbum Recovery- y ya le dejó claro al mundo entero que es mucho más que el hito de unos que mantienen la vitalidad rockera en el "quinto piso" de la vida. Con 10 temas y más de 76 minutos de duración, este es un verdadero manifiesto de ese metal progresivo y de cabalgatas épicas de bajo y guitarra que han marcado el repertorio de una banda a la que se le atribuyen ventas globales de más de 100 millones de copias. La crítica, que a lo más esperaba un digno saludo a la bandera, tampoco lo puede creer: a las revistas británicas Metal Hammer y Kerrang! les faltaron estrellas para halagar el retorno de la vieja "doncella de hierro" y casi todos los reseñistas han coincidido en destacar la inesperada ambición artística de un grupo que aquí no sólo firma el disco más largo de su carrera (con una de las canciones más extensas de su repertorio: When the wild wind blows, que llega a los 11 minutos), sino que también entrega algunas de sus mejores canciones en años, como El dorado, que es el primer single, y la notable Coming home. "Tiene momentos de tal brillantez que quizás ni ellos mismos sabían que aún tenían", describió en esa línea un cronista de espectáculos de la BBC. A pesar de que el disco fue enteramente compuesto por Steve Harris, aparentemente también jugó a favor el tema de la locación histórica escogida para la grabación de The final frontier. Iron Maiden registró las 10 nuevas canciones en el Compass Point Studios, de Bahamas, el mismo sitio donde parieron clásicos como Piece of mind (1983), Powerslave (1984) y Somewhere in time (1988). "El estudio estaba igual a como estaba en 1983. Creo que esa atmósfera y familiaridad se nota en la ejecución de este álbum", contó Bruce Dickinson (52) en entrevistas recientes. El retorno de Maiden a los escenarios se consumó el pasado 9 de junio en Dallas, Texas, y a la fecha ya suman 36 presentaciones por EE.UU., Canadá y Europa de una rueda de conciertos llamada The final frontier world tour y que recalará en Sudamérica en los primeros días de abril de 2011. Así lo estiman los productores chilenos que estuvieron detrás de las exitosas visitas de 2008 y 2009 (28.500 personas en el velódromo y 56.000 en el Club Hípico, respectivamente) y que ya recibieron los requerimientos técnicos de un espectáculo que, con este trámite, confirma la realización de una escala por la región. La apuesta esta vez apunta hacia el remodelado Estadio Nacional (recinto que fue solicitado en 2008, pero que no fue entregado a los productores) y los cálculos juegan a favor de los promotores considerando la asistencia en los shows previos. "Esto es algo más grande en comparación a lo que trajeron la última vez y claramente se necesitará un estadio paramontar esa parafernalia", cuenta José Luis Corral, productor que trajó al conjunto en sus últimas visitas al país. Los reportes del actual directo del conjunto apuntan hacia la misma dirección: ambientación futurista y un renovado "Eddie" (la clásica mascota de la banda, esta vez convertida en un alienígena mutante) destacan en el nuevo número de la "bestia".