*

Edición Impresa Cambiar fecha
Santiago / Pág. 35

Vivir entre fardos de paja

[Casas sustentables] Resisten hasta terremotos. Además, aíslan bien el frío y el calor. Son fardos comprados en el campo, que ya levantan varias casas en la capital.

por
Alejanra Carmo
Vivir entre fardos de paja

Jorge Olivares dejó su casa de albañilería en Ñuñoa y se fue a Pirque. Se le había metido la idea de hacer una casa con fardos de paja después de leer sobre este tipo de construcciones en una revista. Y así lo hizo. Un arquitecto lideró el proyecto y después de ocho meses obtuvo el resultado. Partió con sus cuatro hijos y su esposa a esta nueva vida de 100 m2.


Ya han pasado 15 años desde entonces y fue uno de los pioneros en habitar este tipo de construcciones en Santiago. Según Olivares, la principal ventaja es la aislación: “Las características tanto térmicas como acústicas son excelentes. También tiene un súper buen comportamiento sísmico. Conozco ocho casas iguales y no les pasó nada con el terremoto”, dice.


Hoy en día hay tres formas de construir fardos, según explica María Blender, arquitecta alemana que estudió este tema en su país y ahora es una fuente de consulta de académicos y otros constructores en Santiago. “Se apilan los fardos y se amarran a presión. Se instalan como relleno en una estructura de madera. También se pueden instalar en módulos de madera para la construcción prefabricada (esto se utiliza principalmente en Europa, donde las exigencias de calidad son muy altas)”.


El revestimiento clásico es el barro. Los fardos se compran en lugares cercanos a Santiago, como Melipilla, y cuestan cerca de $ 1.000 la unidad. Para una casa de 100 m2 se necesitan 25 fardos de paja.


Así, esta técnica ha ido de a poco sumando adeptos en la capital. El arquitecto Jorge Broughton se dedica a este tipo de construcción hace 14 años. Ya ha construido en El Arrayán y en La Reina. Aunque la demanda crece lenta, se suman quienes consultan por este tipo de construcciones. Ahora trabaja en una nueva vivienda en Pirque. “La resistencia térmica es cinco veces mejor que en una casa de ladrillo o de cemento, y aunque no cuesta más barata que una casa común y corriente, la economía está en cuánto cuesta mantener los espacios en el tema energético”, dice Broughton, sobre este sistema que se usa hace más de 100 años en EE.UU. y se reactivó hace 40 en Europa.


Olivares también suma características subjetivas a las propiedades de su casa: “Los celulares pierden señal. Pueden ser protectoras de campos magnéticos”.