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Cultura&Entretención / Pág. 69

Villoro: “Un escritor debe buscar un camino inexplorado”

El autor mexicano llega a recoger el Premio José Donoso. Dice escribir sobre el DF mexicano y arremete contra Bryce Echenique.

por
Roberto Careaga C.
Villoro: “Un escritor debe buscar un camino inexplorado”

A veces, dice Juan Villoro (56), se necesitan triunfos morales. Por eso está tranquilo. Orgulloso, incluso. El autor de El testigo ha sido parte de los escritores, académicos y periodistas mexicanos que se opusieron a que el Premio FIL Guadalajara se le entregara a Alfredo Bryce Echenique, por las acusaciones de plagio que pesan sobre él. Villoro escribió una de las 20 o 30 columnas que rechazaban el galardón que, finalmente, llegó igual a las manos del novelista peruano. Con los 150 mil dólares incluidos. “Ganamos moralmente”, dice con la dignidad de los derrotados.


Villoro llegó ayer de madrugada a Santiago para recoger el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, esta tarde en la Feria del Libro de Santiago. Cuenta que conoció al autor chileno en 1978, en Ciudad de México. Amigo de Sergio Pitol, Donoso le dio un consejo al joven Villoro: no llevar demasiado lejos el lenguaje popular en sus escritos. Lo siguió.


Pero para Villoro fue más importante otra cosa del chileno: “La mexicana es una literatura de grandes intemperies. Las selvas de García Márquez en que llueve durante 90 años, los desiertos de Rulfo poblados de fantasmas. Hacía falta una poética como la de Donoso, de las casas cerradas, de las familias que no se atreven a confesar sus pecados pero que tienen unas tensiones terribles”, dice.


A pocos meses de publicar la novela Arrecife, Villoro cuenta que está escribiendo un texto “híbrido” sobre Ciudad de México que mezcla historia, memoria y ensayo, y que “ha proliferado como un caos”. Las pulsaciones de su país pueblan toda su obra con ecos de la violencia del narcotráfico, pero Villoro dice huir de las hoy tan en boga novelas del narco: “Un escritor debe ir en contra de lo que se espera de su literatura y de la literatura de la época. Debe buscar un camino inexplorado”, dice.


Lo que no evita es ese inevitable tema para cualquier autor mexicano de hoy. “Lo que está en el Premio FIL en juego no es el destino de Bryce Echenique, sino cómo repartimos en México los dineros públicos. Es un país de mucha corrupción y la cultura no puede ser un coto de impunidad. No es ético premiar a un autor que plagia”, dice. Y añade: “La única exigencia moral que se le puede pedir a un escritor es respecto a su propio oficio. No se le puede pedir que sea un buen padre, buen ciudadano, marido perfecto. Sólo que escriba sus propios textos”, dice, convencido de su triunfo moral.