*

Edición Impresa Cambiar fecha
Cultura&Entretención / Pág. 124

“Un fantasma recorre nuestro tiempo…”

[Historia] Es el fantasma del corto plazo, como asegura The History Manifesto, polémico ensayo de acceso libre publicado por dos académicos de Harvard y Brown.

“Un fantasma recorre nuestro tiempo…”

El 18 de octubre de 2008, con sus 91 años a cuestas, Eric Hobsbawm llegó a la Serpentine Gallery de Londres. Lo invitaron a contribuir a una “maratón de manifiestos”que celebraba el regreso, entre los artistas, de este formato declaratorio y autoafirmativo. Dijo esa vez que tanto creadores como lectores de manifiestos eran especies del siglo XX (aun si el Manifiesto Comunista, acaso el más modélico de todos, es del XIX). Y agregó que en el XXI, la desarticulación de partidos y movimientos los habían convertido, en el mejor de los casos, en expresiones particulares más que colectivas. Y en el peor, en meros lemas vacíos.


Con todo, concluyó el historiador británico, en medio de los manifiestos de peatones, de amamantadoras, de jardineros o de ganaderos escoceses que pueden encontrarse en Google, subsistirá este tipo de declaración pública de principios e intenciones. Incluida su propia disciplina.


Localmente, para cuando Hobsbawm hablaba en el museo, ya se había publicado el Tercer Manifiesto de Historiadores, titulado La dictadura militar y el juicio de la historia, redactado por académicos de la U. de Chile como Gabriel Salazar y Sergio Grez. Y en paralelo, la editorial británica Routledge conovocaba a reconocidos cultores postmodernos del oficio (Alun Munslow, Dominick LaCapra, Robert Rosenstone) para dar a luz Manifestos for History (2007). Y sigue. Hace apenas un par de meses, pasó de nuevo.


The History Manifesto se llama un libro cuyos autores son un profesor de Harvard, historiador de las ideas en la Gran Bretaña moderna (David Armitage) y una especialista en políticas del paisaje, profesora en Brown (Jo Guldi). Y está concebido a la vieja usanza: que lo lea la mayor cantidad de gente posible, dentro y fuera de la profesión. ¿Cómo lograrlo con un volumen publicado por Cambridge University Press y que se vende en amazon a US$ 17.99? Pues, entregándolo a la lógica del acceso libre: en su versión digital, puede leerse y descargarse desde historymanifesto.cambridge.org.


El manifiesto parte guiñándole el ojo al mencionado texto de Marx y Engels. “Un fantasma recorre nuestro tiempo”, afirma. ¿Qué fantasma sería ése? “El fantasma del corto plazo”. De vivir presos de lo inmediato o de pensar en pasados y futuros muy próximos. De no atender a la “historia profunda” que, puesta en prospectiva, puede conducir las acciones del futuro.


Director del Departamento de Historia en Harvard, Armitage comenta a La Tercera que el libro “es tanto político como polémico y el género del manifiesto parecía ideal para esos dos objetivos”. Cualquier buen manifiesto, prosigue, debería contener un diagnóstico, un pronóstico y un plan de acción. El que acaba de publicar da cuenta de “una epidemia de cortoplacismo, pronostica un futuro de amplias perspectivas frente a los problemas de gran escala y tiene a la historia de larga duración como el medio para alcanzar sus fines”.


La larga duración -o longue durée– es un concepto historiográfico asociado al nombre y a la obra de Fernand Braudel (1902-1985). Consecuentemente, el autor francés de El Mediterráneo es citado 27 veces en el libro, que constata un regreso al “giro cuantitativo” de la historia para efectos de incorporar y reconsiderar series de datos muy variados (agrícolas, climáticos, económicos, etc.) a través de períodos de décadas y siglos, y con manejo de los medios tecnológicos requeridos. Ello, para reinterpretar el pasado y el presente, y luego fijar una posición respecto del porvenir.


El manifiesto ha depertado reacciones más numerosas y entusiastas que lo coriente en el ámbito de la historia profesional. Y si por un lado ya hay en Francia un historiador-bloguero que acusó a los autores de usar incorrectamente los datos ofrecidos, otros celebraron esta propuesta. Entre ellos Georg Iggers, reconocido historiador de la historiografía, y el hoy superventas Thomas Piketty, quien a su vez es destacado en este libro.


Para los autores, la aparición de El Capital en el siglo XXI mientras escribían fue fortuita, pero también un indicio de algo que estaba ocurriendo. “Tuvimos que tratarlo en el texto porque da un claro ejemplo de los beneficios de la historia de larga duración con series de datos de más de 200 años, que llevan a Piketty a demoler las generalizaciones sobre crecimiento y desigualdad de Simon Kuznets y otros, que usaron datos en rangos de 30 a 40 años”.


La idea del manifiesto, resumen sus autores, es “iluminar, inspirar y hacer rabiar por partes iguales”. Sin olvidar la pérdida de relevancia del gremio, lo que los lleva a citar a su colega David Cannadine, quien en 1987 lamentaba que cada vez más historiadores académicos escribieran más y más historia académica para gente que cada vez los leía menos.


La especialización, señala Armitage, “fue un importante distintivo de profesionalismo, pero puede haber tenido la consecuencia no buscada de desconectar a los historiadores de un público amplio”. Un paso en esta línea ha sido, precisamente, ofrecer el manifiesto gratis a quien lea inglés y tenga una conexión. Porque, remata Guldi, no es la idea poder ser leído sólo por quien pague libros costosos o esté suscrito a los journals académicos: “Causamos un perjuicio a nuestros lectores cuando los imaginamos sólo como consumidores de entertainment”.