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Cultura&Entretención / Pág. 102

Tiernos y Feroces: trilogía indaga en la muerte de tres íconos

De Cristián Figueroa, en noviembre debutan tres obras inspiradas en Violeta Parra, Pablo de Rokha y Luis E. Recabarren.

por
Pedro Bahamondes Ch.
Tiernos y Feroces: trilogía indaga en la muerte de tres íconos

De los tres, confiesa por las calles de Valparaíso, la figura del poeta Pablo de Rokha fue la que más lo obsesionó. Indagó en su vida, sus orígenes, en su gusto por la buena mesa y el inusual cuidado por sus hijos. Tanto le impactó la vida del escritor, dirá el dramaturgo y director de la Escuela de Teatro de la Universidad de Valparaíso, Cristián Figueroa, que fue el primer texto que acabó de escribir para entregárselo a Andrés Hernández, quien dirigirá el primero de los montajes de la trilogía Tiernos y feroces, que debutará el 12 de noviembre en el Parque Cultural de Valparaíso.


Todo partió por una casualidad. “Yo vivía en La Pintana, justo al lado de la población Pablo de Rokha”, cuenta Figueroa. “Así empecé a escarbar en la obra del poeta, también en su vida íntima. El vivió y descansa hasta hoy a la sombra de otro Pablo, también poeta”. Nacido en Licantén en 1894, Carlos Díaz Loyola -el verdadero nombre de Pablo de Rokha- mantuvo un duro conflicto público con Neruda, recibió con hostilidad el Premio Nacional de Literatura en 1965, y tres años después, tras el suicidio de su hijo Carlos, se puso una pistola en la boca el 10 de septiembre de 1968.


“Fue algo que él anunció. En uno de sus poemas se lee que él moriría a los 73 años, y así fue”, cuenta Figueroa. Aquella pista sumaría pronto otros dos nombres: Violeta Parra y Luis Emilio Recabarren. “Noté que en la vida de los tres había aspectos en común. Primero, todos fueron simpatizantes de la izquierda política, más allá de la militancia. Luego, todos sufrieron en vida la muerte de uno o varios de sus hijos. Por último, y aún más curioso, los tres decidieron quitarse la vida de la misma forma: todos usaron un revólver”, explica.


Un año antes del suicidio del autor del Canto al Ejército Rojo, el 5 de febrero de 1967, Violeta Parra se disparó en la cabeza en su carpa de La Reina. Tenía 49 años. “Su muerte es quizá la más emblemática de las tres, sobre todo porque se escribieron libros y hasta se hizo una película que rescata el episodio. Sin embargo, su decisión de quitarse la vida -tras 13 intentos fallidos- nunca empañó su obra. Tampoco la de Pablo de Rokha, mucho menos la labor social y política de Luis Emilio Recabarren”.


Después de regresar de Rusia en febrero de 1923, el político, diputado y considerado padre del movimiento obrero chileno revolucionario, Luis Emilio Recabarren, desistió de postularse a la reelección al Parlamento. El 19 de diciembre del año siguiente, a los 48 años, se quitó la vida en su casa. De inmediato se barajó la hipótesis del suicidio, aludiendo a una fuerte y larga depresión. “Recabarren encarna gran parte del espíritu de esta trilogía”, sentencia Figueroa. “El, al igual que los otros dos, es una personalidad sumamente contemporánea para su época, ligada a lo político y descontento de lo que sucedía en el país por esos años. Además, ninguno de ellos quiso lidiar con el declive social. Ninguno quería ser olvidado o siquiera envejecer”, agrega.


En 2010, el también actor presentó el proyecto al Consejo del Libro, aunque la idea nunca prosperó. Al tiempo, armó un grupo multidisciplinario -entre gestores, técnicos, actores y directores- para articular la trilogía que saldrá a escena en noviembre. “Cuando ya estuvimos en marcha, presentamos nuevamente el proyecto al Fondart, aunque esta vez pensado para el teatro”, recuerda el autor. Con $ 75 millones adjudicados, el mayor monto concursable del 2013, Figueroa adelanta que el primero de los tres montajes debutará en noviembre, en el Parque Cultural de Valparaíso. Luego se presentará en Santiago, en Matucana 100. “Queríamos darle un carácter descentralizador”, explica, “esparcir estos relatos imaginarios, aunque documentales, a la mayor cantidad de público”.


Pablo de Rokha -con Arnaldo Berríos en el rol estelar, bajo la dirección de Andrés Hernández- ofrecerá a sus hijos una cena interminable en escena; Violeta Parra, encarnada por Claudia Cabezas y dirigida por Jesús Urqueta, será una cantante punk de la década del 2000; y Luis Emilio Recabarren -con Cristián Keim a la cabeza- se convertirá en un revolucionario del Chile actual. “Si uno relee la obra de cada uno, se da cuenta, primero, de que se trata de personajes adelantados a su época, además de molestos y furiosos. Sin embargo, en sus vidas privadas eran más suaves de lo que creemos. Por eso lo titulé Tiernos y feroces”, aclara el autor.


El primer montaje en salir a escena, inspirado en la figura de De Rokha, ya comenzó a ensayarse en Valparaíso. “Fue emocionante ver a Arnaldo Berríos encarnándolo”, cuenta. En los próximos días, la actriz Claudia Cabezas hará lo propio, cuando se convierta en la cantautora de Gracias a la vida, y la obra de Recabarren, en tanto, aún no cierra su elenco, aunque Figueroa evalúa introducir cambios sustanciales en el texto. “Quiero que sea una mujer. Lo que importa es el discurso. Chile puede ser también un país de suicidas. Pensé también en Bombal o Allende, pero quise centrarme en tres y rescatar su esencia, su lado más desconocido. Lo del suicidio tampoco es casual: todos lo eligieron”.