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Tendencias / Pág. 26

Ruta de las Misiones, la nueva travesía andina

La recientemente inaugurada Ruta de las Misiones contempla un novedoso recorrido por los pueblos e iglesias andinas de Arica al interior. Es el renacer cultural de una zona cuyas tradiciones y costumbres estuvieron en peligro de desaparecer.

por
Pedro Arraztio y Tania Opazo / Foto: P.A.
Ruta de las Misiones, la nueva travesía andina

ES UNO de los secretos turísticos mejor guardados de la Región de Arica y Parinacota. Pero aunque aún se mantiene casi en el anonimato, la recientemente inaugurada Ruta de las Misiones podría llegar a convertirse en una de las “joyitas” del norte chileno.


¿En qué consiste esta ruta? El plan de la Fundación Altiplano y la Universidad Católica, con aportes de Corfo y el grupo CGE, era restaurar algunas de las iglesias andinas ubicadas en la precordillera de la región, para resguardar el patrimonio de la zona y atraer a turistas a los olvidados pueblos del interior. El proyecto intenta recrear la antigua Ruta de la Plata de Potosí, que traía el valioso mineral desde la actual Bolivia hasta Arica, principal puerto entre los siglos XVI y XVIII. Entre ambos puntos, los españoles necesitaban usar caminos y poblados como postas o tambos de abastecimiento, para lo cual establecieron un sistema de evangelización de las comunidades indígenas. De ahí nacieron pequeñas y únicas iglesias altiplánicas, marcadas por el sincretismo religioso de la fusión entre la doctrina católica española y la cosmovisión aymara indígena.


En total, son 31 iglesias barroco andinas, algunas de ellas restauradas, como la de la Virgen Candelaria de Belén, otras en buen estado y otras que han sentido el paso de los años. Pero sea cual fuere su condición, todas son un buen aliciente para aventurarse a estos pueblos casi olvidados.


La ruta se divide en tres zonas: Valles Bajos, Precordillera y Altiplano, y se accede a través de la Ruta Internacional CH-11 que conecta Arica con La Paz, Bolivia. La primera parada es Poconchile, pequeño oasis en el desierto en cuyos alrededores es posible observar los geoglifos que las antiguas rutas caravaneras prehispánicas realizaron en los cerros del valle. En el poblado, nos topamos con la primera iglesia de la ruta: el templo de Poconchile. Es única dentro del recorrido, ya que conserva el patrón barroco andino de las iglesias del interior, pero con un doble campanario y techo trapezoidal, que la asemejan a las construcciones peruanas de los valles costeros.


La ruta continúa en dirección hacia la cordillera. El valle de Lluta queda atrás y desde la altura se le puede observar como un manchón verde que interrumpe la aridez del desierto. A la altura de Zapahuira (una hora de viaje) uno debe desviarse de la carretera CH-11 y continuar el camino A-31 hacia el suroeste para llegar a los pueblos de la precordillera. Zapahuira es un buen punto para detenerse a comer algo o a beber un té de coca para la altura, ya que es uno de los últimos poblados que tiene restaurantes.


Después de dos horas de recorrido desde Arica se llega hasta Pachama, uno de los pueblos más singulares del norte (3.180 m). De origen prehispánico, algunas de sus pequeñas casas de adobe aún conservan sus techos originales de paja. Doña Victoria, única habitante permanente del desolado Pachama nos muestra la iglesia (foto), de la que es mayordomo y que está en un extremo del caserío. Fiel reflejo del barroco andino del siglo XVIII, con la torre de campanario separada de la iglesia y una valiosa y fina pintura mural, que ha resistido los embates del clima durante tres siglos. Se mantiene cerrada todo el año y sólo es abierta en festividades como Semana Santa, la Cruz de Mayo y Pachallampe (o siembra de la papa) o San Andrés, el 30 de noviembre. Sin embargo, la Fundación Altiplano ha creado una red turística entre los habitantes de la zona para que las iglesias de la Ruta se abran con sólo contactarse previamente con ellos. Entonces, doña Victoria puede esperarlo para darle un recorrido por su interior y contarle algunas historias sobre el pueblo y sus creencias. También es posible realizar almuerzos típicos y alojar en los caseríos a través de la fundación (www.fundacionaltiplano.cl).


Una alternativa a este recorrido es subir por el valle de Camarones, algunos kilómetros al sur de Arica. Por ese camino se llega al Codpa, donde se ubica la iglesia de San Martín de Tours de Codpa, de 1618. En su interior nos espera la guía Hilda Huarachi, quien afirma que la comunidad aymara rechaza el concepto de sincretismo por no representar lo que realmente sucedió en el altiplano. Ellos, dice, siempre resguardaron la adoración a la Pachamama por sobre todo: “hacían como veían cruces, pero veían sus mallku” (espíritu de las montañas, deidad que representa la cumbre).


Desde esa revelación, todo el recorrido cobra un sentido distinto, y cada figura femenina tallada en las paredes de las iglesias o cada figura fálica que se levanta en la columna de un campanario, parece un guiño a esta nueva visión de la Ruta de las Misiones. Un contraste que lo hace más interesante.


Los secretos de Belén


El punto de encuentro de ambos caminos es Belén, a media hora desde Pachama y a dos horas desde Codpa. Es el único poblado en la zona fundado por los españoles (de ahí que su nombre castellano) y también es uno de los más bonitos. Aquí, entre callecitas adoquinadas y casas multicolores, se emplazan dos iglesias: el templo de Santiago Apóstol y el de la Virgen de la Candelaria, este último recientemente restaurado. Estuvo cerrado por años, ya que según la leyenda, una maldición recayó sobre él. Pero dejando las supersticiones atrás, el pueblo de Belén, sus iglesias y sus festividades esperan convertirse en un centro neurálgico para los turistas que buscan introducirse en lo más profundo de las tradiciones de la zona, como cantos populares, artesanía y gastronomía, las que poco a poco vuelven a florecer.


Otras de las iglesias que destacan en la zona, son Socoroma y Putre. Esta última, en el pueblo del mismo nombre, lugar base de las excursiones del Parque Nacional Lauca. Si se quiere hacer un recorrido más en profundidad, Putre es, sin duda, la mejor opción para descansar y aclimatar el cuerpo a la altura, con alojamiento y gastronomía.


Ya en los 4.400 m de altura, en el verdadero “altiplano” chileno y dentro del parque Lauca, está Parinacota. Su iglesia es famosa por tener una mesa que, dicen, por las noches salía y se instalaba afuera de las casas para anunciar la muerte. Por eso, hoy está firmemente amarrada al altar.


Aquí una pequeña pero nutrida feria artesanal recibe a quienes van al lago Chungará, y es buena opción para complementar el recorrido. Pero tenga claro que hay templos, como Choquelimpie o Timalchaca, que están aún más cerca del límite con Bolivia, así es que las iglesias no se acaban ahí.