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Cultura&Entretención / Pág. 82

Rosita Serrano, fulgor y muerte bajo el Tercer Reich

Se estrena en el Festival In-Edit el documental Rosita Serrano: la favorita del Tercer Reich. 

por
Rodrigo González M.
Rosita Serrano, fulgor y muerte bajo el Tercer Reich

Fue en el barrio del Club Hípico. Cerca de las caballerizas, el heno, la tierra, el pasto y, por supuesto, los caballos. En aquel sector del viejo Santiago, en un departamento que le consiguió una amiga extranjera, Rosita Serrano vivía sus últimos y lamentables días. El enfisema pulmonar era una sombra que la seguía a todas partes.  Por algún lío que ni los mismos autores de este documental entienden bien, la cantante chilena que llenó el Estadio Olímpico de Berlín en los años 30, apagaba su vida en condiciones espartanas, austeras, mezquinas.

La crónica de Rosita Serrano: la favorita del Tercer Reich es eso. Es la historia de los momentos de gloria y del  inevitable declive de esta cantante que fue tan popular en el Primer Mundo como desconocida en su propia patria. Lo dirige Pablo Berthelon, que además sabe de Rosita por razones biográficas: fue su tía abuela.

“Debo reconocer que hay muchas cuestiones de las que ni yo estaba enterado antes de hacer esta película. Como todo el mundo, sabía que había actuado para los nazis.  Pero no  que luego había cantado para refugiados judíos en Europa y que por esta razón fue espiada por la SS”, explica Berthelon, que estrena su documental el domingo 16 de diciembre en el 9° Festival Internacional de Cine y Documental Musical In-Edit-Nescafé  (ver recuadro). “Así que esta película es también bastante reivindicatoria, sin que lo hayamos buscado en un principio”, explica el realizador, hijo de la cantante Isabel Aldunate, que presta su testimonio en repetidas ocasiones en el filme.

En la película, las palabras de Aldunate son una suerte de relato paralelo. “Un día le pregunté a mi tía si es que era verdad eso de que le había cantado a  Goebbels, a Goering, a Hitler. Y ella me respondió: ‘Sí, mijita. Es verdad. Pero también es verdad que mientras yo cantaba ante ellos, escondí a muchos  judíos en mi casa’”, cuenta en la película.

Rosita Serrano no se llamaba Rosita Serrano. Pero toda su vida estuvo marcada por su imagen y su encanto y, en ese sentido, su nombre (en realidad era Ester Aldunate del Campo) fue fundamental. Así la conocieron en Alemania cuando llegó con 20 años a vivir con su madre, la exitosa soprano Sofía del Campo, y así también, cuando según el documental, la obligaron a abandonar el país en 1943, cuando las sospechas por sus conciertos a favor de refugiados eran demasiado grandes.

En Rosita Serrano: la favorita del Tercer Reich hay testimonios de sobra acerca de la cantante y actriz: desde coleccionistas de vinilos en Berlín hasta historiadores chilenos y germanos, desde cantantes de ahora a contemporáneos de ella, como la actriz Carmen Barros o Will Wiliams, un alemán que se ganaba la vida haciendo pósters en Hollywood y que terminó siendo la última pareja de Serrano. Pero, sobre todo, la película es ella. A través de viejos registros de la televisión alemana y de material fílmico de los años 30 y 40 (hizo cerca de 10 películas). En una de aquellas entrevistas que le hicieron en Alemania ya en los años 70, Rosita Serrano es consultada por su época de triunfos durante el Tercer Reich: “¿Qué podía hacer yo? ¿Qué culpa tenía? Alemania estaba en manos de un dictador, pero yo vivía aquí, con mi madre, que estaba casada con el dueño de la sucursal alemana de las máquinas Remington. Si hubiera estado en Rusia me habría pasado lo mismo. Sólo puedo decir que la política nunca me interesó. Sólo la música, el amor y los hombres guapos”.

La cantante, conocida en Alemania como “El ruiseñor chileno”, se desligó rápidamente de la sombra docta de su madre. “Ella creía que yo estaba loca. Quería que cantara sólo a Wagner y Schubert, pero a mí no me interesaba. Me propuse salir en el  Winter Garten, que era el escenario más importante de la música popular en Berlín, y le dije a mi madre que o me ayudaba o cantaría con un paraguas y un bikini”, explica frente a las cámaras de la televisión alemana, en un pasaje recogido en el documental. Esta entrevista pertenece al período en que, en palabras del investigador chileno Juan Dzazopulos, “Rosita era invitada a programas de variedades, donde ella era sólo uno más de los entrevistados, personajes que ya habían pasado su época de gloria”.

La cantante, que murió en abril de 1997 a los 82 años, se casó en los años 50 con un poderoso industrial egipcio y vivió en una gran mansión en Alejandría. La caída del Rey Faruk en 1952 tiró por la borda la vida buena, y Serrano, según relata el documental, salió de  Egipto de la misma forma que lo tuvo que hacer de Alemania: huyendo. Hacia el final de su vida intentó una vida en común con un alemán residente en Hollywood. Se  hacía llamar Will Williams, dibujaba pósters   y estuvo con Rosita hasta que se le acabó el dinero.

“Un día nos dijo: ‘Tengo que seguir ganándome la vida y me voy’”, explica uno de los hijos de la familia Serrano, de la que la cantante tomó el apellido. Según sus cercanos, Rosita se las arregló siempre para conservar el aire imperial y el aura de diva que entusiasmó a los alemanes. “Decía una pachotada en medio de una conversación, pero nada  pasaba. Seguía hablando como si fuera una reina”, recuerda Isabel Aldunate en la cinta.

Así también terminó, con no mucho. Una condecoración del rey Gustavo V de Suecia. Un pañuelo blanco que solía planchar todos los días. Un aire de gloria que no se acabó nunca.