*

Edición Impresa Cambiar fecha
País / Pág. 3

Ricardo Núñez: “La Concertación no tiene vigencia, hay que construir una nueva coalición”

El ex senador, figura clave de la renovación socialista, señala que hay que dar por superado el conglomerado, “sin grandes traumas”.

Ricardo Núñez: “La Concertación no tiene vigencia, hay que construir una nueva coalición”

El ex senador y presidente del PS, Ricardo Núñez, figura clave de la renovación socialista, tiene previsto lanzar dos libros antes de que acabe 2012. El primero son sus memorias políticas, que escribe en colaboración con la Universidad Finis Terrae (UFT). “Recoge casi 60 años de militancia y han sido años tan difíciles que no hemos tenido el tiempo para meditarlos en profundidad. Las nuevas generaciones están empezando a vivir la historia sin haberla pensado”, relata en una casa del litoral central, donde celebra Fiestas Patrias junto a su familia.


¿Leeremos episodios inéditos?


Contaré la designación de Salvador Allende en el Comité Central, mi amistad con Carlos Altamirano en el exilio, las dificultades que teníamos en la RDA, las conversaciones con la Pasionaria -figura legendaria de la Guerra Civil española-, la historia de los jóvenes cubanos que desertaron desde Checoslovaquia al Occidente…


¿Aborda la visión crítica que tenía sobre el régimen comunista que encabezaba Erich Honecker?


Relataré en detalle cómo se vivía detrás del Muro y cómo la idea de la dictadura del proletariado significaba una suerte de camisa de hierro para la creatividad y el desarrollo pleno de la libertad y la democracia.


En el documental El muro chileno, la madre de la ex Presidenta Bachelet, Angela Jeria, dijo: “Cómo puedo condenar a la RDA si nunca vi gente que hubiera sido arrestada o torturada”.


Yo tampoco vi a la Stasi operando ni que la policía secreta de la RDA llevara a nadie por la mitad de la calle con los brazos en alto. Pero eso no significa que en ese país no haya existido represión ni un régimen autoritario que terminaba con la disidencia por los caminos más diversos. Las verdades no sólo entran por los ojos. Las verdades también se sienten, se leen y se escriben.


Usted también lanzará un segundo libro, donde hablará sobre el gobierno de la UP. ¿Abordará las diferencias entre la DC y el PS, tema tabú de estos últimos 40 años?


En el libro pretendo hacer un bosquejo de la historia del PS, de la personalidad política de Salvador Allende y de lo que significó el partido durante la Unidad Popular y, por cierto, le dedico un capítulo muy especial a las relaciones entre los socialistas y la DC. Las relaciones entre ambas colectividades, cercanas en los años 40, se fueron transformando en una aversión política que constituyeron la base sobre la cual se generó el gran desencuentro social y político que culminó en el golpe de Estado.


¿También cree, como Carlos Altamirano, que la DC y Frei Montalva tuvieron una responsabilidad histórica en el golpe de Estado?


Eduardo Frei, que estaba mucho más comprometido con la idea del término del gobierno de la UP, a cualquier precio, tuvo en sus manos haber evitado el golpe, al igual que Patricio Aylwin. Pero también, el Presidente Allende y la dirección del PS pudieron haber hecho algo para evitar el quiebre institucional.


Sobre la actual oposición, ¿a qué atribuye usted el hecho de que la última Adimark marcara el mayor nivel de rechazo que haya tenido la Concertación?


A que para un sector muy importante de la población, es el pasado. Fue una buena experiencia, pero la Concertación no tiene vigencia. Eso no significa que no tengamos la voluntad de aliarnos con otras fuerzas políticas como la DC, pero los entendimientos de centroizquierda no se agotan en la Concertación. Es necesario dar paso a otro esfuerzo unitario y construir pacientemente una nueva coalición.


¿Superar la Concertación?


Hay que superar dialécticamente la Concertación, sin traumas. Los dirigentes actuales de los partidos y las fuerzas sociales que puedan representar, tienen que generar en el corto plazo las condiciones para un nuevo gran entendimiento de centroizquierda, incluso antes de que llegue Michelle Bachelet a nuestro país. Debieran estar convocados todos aquellos que entienden que en el país hay transformaciones pendientes, sin distinción.


La gran prueba será consensuar un programa de gobierno.


El programa de esta nueva coalición que debe surgir en el más breve plazo debe contener tres, cuatro medidas significativas que abarquen los aspectos más sentidos por la población: una reforma educacional, tributaria, laboral y una nueva política internacional. Estas ideas deben sentar las bases del nuevo ciclo histórico que Chile requiere.


¿Qué le parece el debate sobre una Asamblea Constituyente?


Es un tremendo error pretender que la idea de la Asamblea Constituyente esté dentro de ese programa. En cuatro años no vamos a hacer la revolución. Desde el punto de vista de los socialistas, la Asamblea Constituyente debiera ser un objetivo estratégico a conseguir no en el próximo período, sino en el próximo período histórico. A lo mejor nos vamos a demorar 15 años. Y no es necesario que el país viva una crisis, por el contrario: las asambleas constituyentes tienen que adelantarse y nuestro país camina hacia una crisis política a pasos agigantados.


¿Es razonable que la carta presidencial con mayor apoyo, Miche-lle Bachelet, todavía no tenga ni equipo ni propuestas?


Las elecciones municipales han condicionado bastante el calendario político de Michelle y, por cierto, de las fuerzas políticas que la apoyan. Inmediatamente después del 28 de octubre debieran configurarse definitivamente los equipos de trabajo. No hay que adelantarse, pero tampoco hay que dejar que el tiempo vaya horadando la posibilidad de que en torno a Michelle se genere un gran movimiento político-social.


¿El bajo nivel de respaldo de la Concertación terminará afectando las cifras de apoyo de Bachelet?


Michelle no va a arreglar los problemas de la Concertación. Ella no debiera hacerlo. Por lo tanto, la responsabilidad de las fuerzas de centroizquierda es que debiesen ponerse pronto de acuerdo, convocar a una asamblea nacional para generar ese entendimiento superior y en eso estamos corriendo contra el tiempo. Si eso no ocurre, será un gravísimo error y puede afectar a Bachelet.


Todo parece indicar que una eventual nueva administración se hará bajo el eje histórico PS-DC y que no será izquierdizada.


Pretender someter el próximo gobierno al viejo esquema de izquierda, derecha y centro, es seguir jugando a la geometría política. Una administración de Michelle Bachelet tiene que abrir un nuevo ciclo histórico en nuestro país.


¿El PS está en crisis?


Vive un momento difícil. Hay problemas de liderazgo, de conducción, pero tengo la impresión que se van conjugando las voluntades de los principales dirigentes para sentarse en torno a la mesa y asumir las responsabilidades que tiene el PS.


¿El PS debería tener una mesa de consenso en las elecciones internas de diciembre?


Es necesario y ojalá que haya la voluntad de todos los sectores como para generar una dirección de consenso, donde nadie se sienta excluido. Sin la unidad de los socialistas el año 90, es altamente probable que no hubiésemos gobernado en 20 años el país. Y si miramos las cosas con esa óptica, tenemos que observar las próximas elecciones internas como un momento trascendente.


¿Usted podría estar al mando del partido?


No. Yo ya cumplí una etapa dentro del PS.