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Tendencias / Pág. 8

¿Quiere una familia sin peleas? Tenga dos hijas

Una encuesta británica dice que dio con la fórmula de la felicidad familiar: el número y la combinación ideal de hijos son dos niñas, pero también dio con la peor, cuatro. Las niñas siempre han resultado más dóciles de criar, aunque no cuando conforman un grupo, según el sondeo.

por
Patricio Lazcano. Ilustración: Rafael Edwards
¿Quiere una familia sin peleas? Tenga dos hijas

“Todo el mundo, incluyendo amigos y familiares, esperaba que después del nacimiento de Amanda (6) viniera el niñito”, dice Marcelo (40). Pero los cromosomas se aliaron tal como la primera vez y nació Matilde (2). Hoy Marcelo lo agradece. “No son agresivas como los hombres. Se entretienen mucho jugando con muñecas. Y cuando están separadas, es mucho más difícil mantenerlas entretenidas y se echan de menos”, detalla.


Su testimonio no es casual. Un estudio británico refrendó que dos hijas son la combinación perfecta para la felicidad paternal: ni menos, ni más. De hecho, un poco más, cuatro hijas, según el mismo trabajo, son la peor combinación.


La encuesta -que abarcó a 2.116 padres con hijos menores de 16 años- mostró que los padres de dos niñas tienen los más altos índices de felicidad. ¿Por qué? Según el estudio, porque rara vez molestan, hacen poco ruido, ayudan en la casa, pelean poco, es fácil razonar con ellas, se complementan muy bien, no se ignoran y se disfrutan mutuamente. “A menudo asumimos que las niñas se comportan como ángeles y la encuesta parece confirmar esta creencia”, dice a La Tercera Faye Mingo, portavoz de Bounty.com, sitio británico especializado en guaguas, que patrocinó el sondeo en que los padres debían clasificar el comportamiento de sus hijos sobre la base de una serie de categorías, como facilidad de atención, compatibilidad y comportamiento general.


La encuesta tiene un antecedente. Un estudio de 2009, de la U. de Ulster (Gran Bretaña), postuló que las familias compuestas sólo por hijas producen grupos más abiertos y dispuestos a discutir sentimientos. “Las niñas generan una comunicación más abierta en torno a las emociones, que es muy positiva en momentos de dificultad. Esta apertura puede conducir a un conflicto en el corto plazo, pero por lo general se traduce en una resolución más sana y en un mayor sentido de cohesión familiar”, dice Tony Cassidy a La Tercera, autor del estudio, quien agrega que las familias que sólo tienen hijos “parecen generar el efecto contrario”.


El 46% de los chilenos reconoce que dos hijos son la cifra ideal (contra un 34% que opinaba lo mismo en 1990), según el Observatorio de Tendencias Sociales de la U. Andrés Bello (el promedio de hijos es de 2,26, según el Censo de 2002). Y esta dualidad se hace perfecta si se logra la “parejita”, pero la investigación británica desnudó que esta mezcla sólo es la segunda mejor combinación. ¿Por qué? Porque si bien se muestran unidos durante su niñez, y controlan sus peleas, la diferencia de género tarde o temprano se va haciendo notoria, generando una separación natural de preferencias. Una investigación de la U. Estatal de Pensilvania (EE.UU.), de 2006, dice que la peor relación entre hermanos se da precisamente entre un niño y una niña, cuando el primero tiene 13 años y la segunda, 10, “porque es la primera vez que una familia experimenta la transición a la adolescencia de uno de sus hijos, una época de profunda reorganización y renegociación en su interior. Esta transición del primogénito tiene más implicaciones para los demás hermanos y el clímax de los conflictos se da precisamente cuando el primero tiene 13 y la segunda, 10”, dice a La Tercera Susan McHale, una de las autoras del estudio.


La peor combinación


Así las cosas, la lógica indicaba que a más varones, más problemas, pero los investigadores constataron que la sumatoria de hombres no generaba mayores conflictos. Todo lo contrario a la sumatoria de hijas. Según la investigación, uno de cada cuatro padres que tenían cuatro hijas reconocía no estar feliz con la cantidad, entre otras cosas, porque era testigo de un promedio de cuatro peleas diarias y uno de cada tres aseguraba que era difícil adaptarse a este número de niñas.


El estudio analizó familias con 12 diferentes combinaciones de niños, con un mínimo de dos y un máximo de cuatro. A pesar de que la combinación niño-niña no resultó la ideal, al menos fue segunda.


Pero las peleas entre hermanos no son todo lo malo que aparentan. Una investigación de la U. de Cambridge (Gran Bretaña), que analizó el desarrollo cognitivo y social de niños entre dos y seis años, dice que la rivalidad entre hermanos puede tener un efecto positivo en su desarrollo porque mejora su capacidad para establecer relaciones sociales. Según el estudio, esta rivalidad hace que los niños mejoren con los años la comprensión social de su entorno, siempre y cuando los padres intervengan en el conflicto, para generar un diálogo constructivo y producir lo que llaman “andamio emocional”, que permite sostener y entender que existen distintos puntos de vista.