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Cultura&Entretención / Pág. 62

Publican novela inédita de Gómez Morel, el ladrón de las letras chilenas

R El mundo cierra la trilogía sobre su vida como criminal que inició con El río.

por
Roberto Careaga C.
Publican novela inédita de Gómez Morel, el ladrón de las letras chilenas

Decía que estaba en su “lecho de enfermo”. Que necesitaba “seis meses de pan y techo”. Terminaba 1971 y Alfredo Gómez Morel no quería morirse sin antes terminar su tercer libro, El mundo. Ya tenía una versión preliminar, pero necesitaba financiamiento para las correcciones finales. Aseguraba que la novela entregaba un material sobre el hampa latinoamericano de consulta internacional para abogados y policías. “Tengo fe en mi libro”, decía el autor de El río en un largo artículo biográfico para revista Paula, titulado Por qué me Convertí en un Delincuente. “Por favor, ¡ayúdenme!”, finalizaba.


Eventualmente, Gómez Morel iba a recibir ayuda. La dictadura le dio una pensión de gracia en 1979, luego de que la pidiera en una carta en el diario La Segunda, argumentando que estaba en la “miseria absoluta”. Pero de El mundo nunca se supo nada. Cuando murió en 1984, seguía inédita. El manuscrito original estaba junto a otros papeles y documentos, en un viejo baúl que Gómez Morel cargaba por pensiones y hogares en sus precarios días finales. Ahora, por fin, sale a la luz al alero de Tajamar Editores.


Se trata de un descubrimiento de Héctor Vera, periodista que trabaja en un documental sobre el escritor. Durante la investigación, llegó hasta la viuda de Gómez Morel, Luz Alvial. Con ella, el escritor tuvo dos hijos. Uno de ellos, André, cuenta a La Tercera que el libro estaba intacto. Alguna vez su madre intentó publicarlo. Le fue mal: “Muchas veces solicitó ayuda a la Sociedad de Escritores para este y otros asuntos vinculados a mi padre, pero nunca fue escuchada y de la ayuda ni hablar”, dice.


Cronológicamente sucesora de La ciudad (1963), El mundo cierra la trilogía biográfica Mundo adentro montado en un palo de escoba, que Gómez Morel arrancó con El río (1962), ese sorprendente retrato de la delincuencia infantil amparado en la rivera del Mapocho. Acá, reconstruye sus años en el extranjero, trabajando en Colombia, México y Cuba: tráfico de armas, estafas, comercio de drogas y hasta la participación como mercenario de una guerrilla colombiana de derecha y todo un prontuario que lo llevan a decir que su “estructura delictual está casi completamente formada”.


Su credo está al empezar: “Soy un hombre endurecido. No tengo compasión por nadie. Entre las muchas palabras que contiene el castellano estoy convencido de que la única conveniente es mañana. No creo en nada, más que en mí mismo. Estoy en mi lucha, y espero ganarla. No me interesa a quién haré daño. Estoy convencido de que si no agredo antes, me atacarán a mí”.


Vida novelesca


Hijo de una prostituta que lo abandonó a los tres meses, Gómez Morel encontró su lugar en el mundo en la adolescencia, con los pelusas que vivía a orillas del río Mapocho en los años 30. Del colegio se arrancó. Ahí echó a andar una carrera como criminal que, a inicios de los 60, estando preso en la cárcel de Valparaíso, escribió como recomendación siquiátrica. En 1962 esa historia llegó a librerías como la novela El río.


Exito inesperado, el libro llegó a ser publicado en Francia, en 1972, por la prestigiosa editorial Gallimard, por recomendación de Neruda. Además, logró sacar a Gómez Morel del ambiente y lo puso en la liga de los escritores que en los 60, a contrapelo del existencialismo de la Generación del 50, retrataron los bajos fondos de Santiago. Ahí estaban Armando Méndez Carrasco, Luis Cornejo y Luis Rivano. “Ni siquiera nos creíamos escritores”, dice Rivano, que mantuvo una cordial amistad con Gómez Morel hasta el final de sus días.


Cuando apareció en la literatura, ya arrastraba una “novelesca vida”: se dice que estuvo 288 veces en la cárcel. Según él, contó en la revista Paula, salió de Chile a fines de los 30 convertido en un “líder delictual”. En Colombia, donde dice haber estado casi todos los 40, se perfeccionó: aprendió a abrir cajas fuertes, “destripar” chapas Yale y manejar metralletas. También escuchó un consejo que no olvidó: “Como delincuente, estás en contra del sistema”.


La literatura sacó a Gómez Morel de la delincuencia. No de la pobreza. Su hijo André recuerda que su padre estuvo poco tiempo con ellos: “Mi madre fue una mujer muy esforzada, con marido ausente. Por esta razón, fuimos internados con mi hermano durante muchos años. Mi madre trabajó en frigoríficos, asesora de hogar, en la feria, etc., todo para mantener una familia de muy pocos recursos. A mi padre lo veía muy pocas veces, de vez en cuando nos visitaba en el internado y cuando estábamos con permiso en casa los fin de semana, sólo a veces llegaba”, dice.


Rivano recuerda que solía aparecerse por su librería, en ocasiones pidiéndole prestado algo de dinero. Gómez Morel a veces desaparecía. Estaba enfermo, había sufrido una parálisis braquial. Bebía más de la cuenta. Su hijo André acompañó a su madre más de una vez en recorridos por instituciones de salud, Hogar de Cristo y casas de caridad.


Muy alejado de la literatura y ya separado de su esposa, Gómez Morel murió en agosto de 1984. “Mi madre lo retiró de la morgue después de varios días fallecido. Se le dio una sepultura digna, aunque muy pobre”, cuenta André, hoy el integrante de su familia más interesado en la obra de su padre. La literatura no le atrae. Aún conserva ese baúl donde estaba el manuscrito de El mundo junto a otros papeles. “No existen más escritos inéditos”, dice. Hay páginas sueltas, quizás piezas perdidas de la última batalla final: “¿Vale la pena ser honrado?”, se pregunta en el cierre de la novela ahora rescatada.