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Cultura&Entretención / Pág. 32

Presentan en Festival de Valdivia cinta que Raúl Ruiz hizo en mapudungún

La cinta es recuperada en el evento local, entre el 2 y 7 de octubre.

Presentan en Festival de Valdivia cinta que Raúl Ruiz hizo en mapudungún

Fue un viernes de mayo de 1971, cuenta el sonidista José de la Vega, en la casa del productor Darío Pulgar. Ambos, junto a Raúl Ruiz, leían el diario. Y se encontraron con algo: Allende firmaría, al lunes siguiente, “la ley de los mapuche”. En ese momento Ruiz dice, “filmémoslo”, aprovechando la disponibilidad del director uruguayo de foto Mario Handler. También de unas latas de 16 mm. que De la Vega guardaba en un refrigerador. Y así partieron en bus a Temuco De la Vega, Handler y Ruiz.


Así nace, según este testimonio, Ahora te vamos a llamar hermano (1971), documental con elementos de noticiario, pionero en el uso del mapudungún y que reemergió hace muy poco en la cineteca de Bolonia, gracias al archivo del Festival de Venecia, y que desde Italia saltará al Festival de Cine de Valdivia, que se realizará entre el 2 y 7 de octubre.


La señalada versión de la historia no es del todo compatible con la del propio cineasta, quien en 1974 habló de “un filme de encargo” (“Citelco, una miniproductora del Partido Socialista, tomó a su cargo la película”, complementaría Valeria Sarmiento). En cualquier caso, he acá un rompecabezas que localmente comenzará a rearmarse en dos semanas, cuando regrese una cinta sui géneris dentro de la ya singular filmografía del puertomontino.


Ficción documental


“Aquí hay un problema antropológico cultural, de raza”, señalaba Salvador Allende al cineasta estadounidense Saul Landau, hablando de la cuestión mapuche. “Ellos nos llaman huincas, pero no es un problema que pueda decir que es agobiante para Chile”. El líder socialista habló también de una “raza negada, degradada física y moralmente”. En ese espíritu envió al Parlamento un proyecto de ley que contempla la restitución de tierras, la promoción de un sistema cooperativo para su tenencia y explotación, así como de un esquema de desarrollo en las áreas económica, social y educacional.


Por entonces, Raúl Ruiz figuraba como cabeza del “área cultural” del PS, cargo menos solemne de lo que su nombre sugiere. ¿Cómo hizo la cinta? De prisa y echando mano a su acercamiento observacional. “Se rodó en un día”, contó él mismo, y “se montó en tres o cuatro, siguiendo el ejemplo de (el cineasta soviético Lev) Kulechov. Se trataba de poner en relación las aspiraciones de los indios mapuches con un discurso del Presidente Allende, es decir, relacionar sus intereses con los de la Unidad Popular”. También dijo que “no hubo exactamente entrevistas” con los mapuches y que el resultado “fue más bien operático. Contaron, se expresaron de todas las formas posibles, se creó un cierto fetiche con la cámara: le hablaban, dialogaban directamente con el lente”.


Acaso esto explique que la cinta de 13 minutos fuese descrita en estos términos por Sergio Salinas para la revista Primer Plano: “Estructurado sobre un modelo muy semejante al de los informes de Chile Films, logra profundidad y penetración en el registro de unos hechos y en la presencia de un pueblo (los mapuches) que alcanza rasgos casi alucinantes”.


A 41 años de distancia, la gestora de la llegada de la cinta a Valdivia difiere un tanto de esta impresión. “El montaje no es tan convencional para la época”, afirma la antropóloga María Paz Peirano, “pero tampoco es tan raro. Quizá ayuda el que esté hablada en mapudungún y que no haya voz en off”. Como si esta mirada del huinca pudiera hacerse extensiva a una filmografía chilena donde fue un extraño entre sus iguales, Ruiz parece complementar este juicio: “Todos mis filmes son más bien ficciones con tratamiento documental”.