*

Edición Impresa Cambiar fecha
Opinión / Pág. 30

Premio Nacional de Historia

Señor director, Desafortunadas las palabras de Cristián Gazmuri registradas el domingo en su diario sobre la elección del Premio Nacional de Historia. En cuanto a la integración del jurado, no es necesario explayarse, porque siempre los mecanismos son perfectibles, y por cierto las instituciones modificables. En todo caso la ley está para hacerla cumplir. Sus […]

Señor director,

Desafortunadas las palabras de Cristián Gazmuri registradas el domingo en su diario sobre la elección del Premio Nacional de Historia.

En cuanto a la integración del jurado, no es necesario explayarse, porque siempre los mecanismos son perfectibles, y por cierto las instituciones modificables. En todo caso la ley está para hacerla cumplir.

Sus dichos pecan de antojadizos y parciales. Hablar que los ministros de Educación al votar  lo  harían por  orientaciones  del  gobierno es   -creíble y todo-, poco serio, porque prejuzga al echar gratuitamente un velo sobre la capacidad de quienes se desempeñan en ese puesto en aventurar un juicio propio, y no necesariamente coincidente con la administración de turno. 

En cuanto a que Bernardino Bravo Lira no tenga “estudios especializados en historia”, su afirmación devela una cerrazón difícilmente explicable, más aún cuando ha sido él mismo quien ha investigado al respecto en su libro La historiografía chilena (1842-1970).  Que alguien no posea estudios sistemáticos en Historia, no es óbice para descalificar a nadie, más aún cuando ese alguien ha llegado al pináculo de su carrera, mostrando una obra de investigación que, guste o no, es sólida e interesante. 

Creo que para ser historiador se requiere vocación, trabajo y método, honradez científica, conocimiento de las fuentes y capacidad de discernimiento y crítica de las mismas; tal como para ser filósofo, poeta, novelista o artista, genio, talento y creatividad. 

Finalmente, queda un punto más: su crítica a la Academia Chilena de la Historia, del Instituto de Chile, que según él estaría “controlada por el Opus Dei”. Asombra que diga tal cosa, cuando él mismo la integra desde 2000. Quizá disponga de antecedentes en su calidad de académico de número de esa corporación que yo no manejo, pero si de algo estoy seguro, es de cómo se ha abierto a otras tendencias y pensamientos, de lo contrario no se comprendería su propia presencia en ella.                                                                                  

Felipe Vicencio Eyzaguirre

Edición Impresa Cambiar fecha
Opinión / Pág. 30

Premio Nacional de Historia

  Señor director: Respecto de la carta sobre el Premio Nacional de Historia enviada por Claudio Barahona, Roberto Cerón, Felipe Peroti y Felipe Westermeyer, conviene aclarar ciertos aspectos. Cuando hablamos de historiografía tradicional nos referimos a la tendencia que ha existido en nuestro país por estudiar el pasado sólo a partir de los grandes acontecimientos. […]

 

Señor director:

Respecto de la carta sobre el Premio Nacional de Historia enviada por Claudio Barahona, Roberto Cerón, Felipe Peroti y Felipe Westermeyer, conviene aclarar ciertos aspectos.

Cuando hablamos de historiografía tradicional nos referimos a la tendencia que ha existido en nuestro país por estudiar el pasado sólo a partir de los grandes acontecimientos. Una historia que se realiza a partir de los documentos oficiales, principalmente política y basada en las instituciones, donde sólo adquieren protagonismo los grandes personajes. Es este tipo de historia la que nos impide realizar una reflexión profunda de los acontecimientos y la que ignora la participación de otros agentes en la construcción de nuestro país.

El papel de la historia y de quien la elabora es realizar una interpretación de los hechos que nos permita criticar y reflexionar acerca de los acontecimientos, generando una conciencia histórica. Esta ausencia de reflexión se hace notar bastante por estos días, en los cuales las medidas para festejar el Bicentenario de nuestro país han apuntado a generar una unidad nacional a partir de actos como juntar la estatua de José Miguel Carrera con la de Bernardo O’Higgins, creyendo que reunir a los que siempre se han considerado los protagonistas de la Independencia de Chile simboliza también la unión del resto de los chilenos.

Aún no nos hemos cuestionado las continuidades que existen en Chile desde hace años y los problemas que hay que solucionar si se pretende lograr dicha reconciliación. Es necesario preguntarnos qué importancia están teniendo el conocimiento y la reflexión de los hechos pasados en las decisiones del presente y en la construcción de nuestro país. 

Margarita Aparicio, Macarena Ríos y Felipe Olivares

Estudiantes de Historia UC

 

Edición Impresa Cambiar fecha
Opinión / Pág. 44

Premio Nacional de Historia

Señor director:
En relación a la carta sobre el Premio Nacional de Historia de Margarita Aparicio, Macarena Ríos y Felipe Olivares -publicada el martes-, conviene precisar algunos aspectos y cuestionamientos que los suscritos afirman en su misiva.
En primer término, es necesario aclarar, ante la afirmación de que el galardón entregado este año reafirma cierta continuidad historiográfica motejada como “tradicional”, que lo anterior no sólo es equívoco, sino que refleja un profundo desconocimiento sobre quienes han sido acreedores de dicho galardón. Baste mencionar, a modo de ejemplo, el caso de Gabriel Salazar y su orientación al estudio de la historia social y el sujeto popular; o Eduardo Cavieres y su contribución a la historia económica. Todas, en mayor o menor medida, confirman la pluralidad de enfoques y novedosas vetas de investigación histórica distinguidas con este premio.
En el caso de Bernardino Bravo Lira sucede algo similar. Con una dilatada trayectoria en el campo histórico e histórico-jurídico, una veintena de libros y más de 200 contribuciones, caracterizadas por abordar los temas en un triple nivel -Europa, Iberoamérica y Chile-, reflejan lo omnicomprensivo de su enfoque. Sin entrar en detalles, se puede mencionar la protección a la persona, el rol de la Constitución y la Ilustración en América y Europa, y la posición institucional de la Universidad de Chile en el progreso de la nación.
Quienes intentan encasillar la obra de Bravo Lira dentro de un molde tradicional no dejan sino entrever el rotundo desconocimiento de sus obras. Ante la pregunta lanzada por los suscritos, no queda nada más que decir: la elección de Bernardino Bravo Lira alienta la discusión histórica en nuestro país.
Claudio Barahona, Roberto Cerón, Felipe Peroti y Felipe Westermeyer
Ayudantes de Historia del Derecho, Universidad de Chile

Edición Impresa Cambiar fecha
Correo de los Lectores / Pág. 26

Premio Nacional de Historia

Señor director:

Apenas fue galardonado Bernardino Bravo Lira con el Premio Nacional de Historia, empezaron a escucharse voces simplonas que intentaban menoscabar su trayectoria con el epíteto de “historiador de derecha”. Este recurso, propio del que por flojera o prejuicio desea “ubicar” al personaje antes que iniciar la ardua tarea de leerlo o estudiarlo, lo único que logra es impedirnos conocer de mejor manera nuestro pasado.

Porque, ¿qué dice este “historiador de derecha”? En La Universidad en la Historia de Chile nos muestra, con documentos, la ceguera de quienes pretenden desconocer la rica tradición cultural de España y la Iglesia Católica, y revela que es falso que la primera universidad en Chile fue la Real Universidad de San Felipe. Esta fue la primera universidad pública -es cierto-, pero la primera institución en conferir grados académicos en nuestro país fue la universidad conventual de Santo Tomás, casa de estudios dependiente de los dominicos.

Además, este “historiador de derecha” explica, con argumentos, cómo la institución universitaria chilena sólo recuperó su vocación después de 1973, en un lento y difícil proceso, demostrando además que, aunque parezca paradójico, son las universidades privadas creadas durante el gobierno militar las únicas capaces de cumplir la consigna de “universidad para todos”, tan propia de la década del 60. Por esto y por mucho más, creo que hay motivos suficientes para celebrar que este año del Bicentenario, el Premio Nacional de Historia haya entrado en “tierra derecha”.

Ignacio Serrano del Pozo
Universidad Santo Tomás

Edición Impresa Cambiar fecha
Opinión / Pág. 42

Premio Nacional de Historia

Señor director: Ayer, en una crónica acerca del Premio Nacional de Historia, otorgado a Bernardino Bravo, se afirma que yo habría dicho que “fue una decisión política, jugaron influencias sociales”. Desmiento categóricamente que haya afirmado eso. Cristián Gazmuri Historiador. N. de la R.: Poco después de conocerse el ganador del Premio Nacional de Historia, Cristián […]

Señor director:

Ayer, en una crónica acerca del Premio Nacional de Historia, otorgado a Bernardino Bravo, se afirma que yo habría dicho que “fue una decisión política, jugaron influencias sociales”. Desmiento categóricamente que haya afirmado eso.

Cristián Gazmuri
Historiador.

N. de la R.: Poco después de conocerse el ganador del Premio Nacional de Historia, Cristián Gazmuri respondió al requerimiento de una periodista de La Tercera, quien se limitó a reproducir sus palabras.