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Cultura&Entretención, Portada / Pág. 52

Palomita Blanca: la vía chilena al hippismo de Raúl Ruiz

La película más famosa del fallecido director fue rodada en 1973, pero sólo se exhibió en 1993.

por
Roberto Careaga C.
Palomita Blanca: la vía chilena al hippismo de Raúl Ruiz

Iba a ser una súper producción y había que trabajar a la altura. Estaban los mejores técnicos, Los Jaivas en la música, Raúl Ruiz en la dirección y la novela de moda de Enrique Lafourcade inspiraba el guión. Faltaba la protagonista de Palomita blanca. Con apoyo de La Tercera, a inicios de 1973 se llamó a un cásting que desbordó las expectativas.


Más de mil jóvenes de todo el país hacían fila en las oficinas de Chilefilms para optar al rol de María. Las postulantes, según la revista Onda, eran más o menos así: “Lolas despeinadas, coléricas, con tenidas ‘in’, bluyines raspados con lija, o algunas con tremendos zuecos, figuras colgando, aros, brazaletes… y hablando muy choro”.


Nada de eso, sin embargo, impresionaba al director de El tiempo recobrado, que les pedía presentarse con un breve resumen de la novela de Lafourcade. No fue necesario preguntarle nada a Beatriz Lapido, una chica de 17 años de La Cisterna que apareció a última hora: “Alguien la vio llegar de lejos y dijo: ‘Esa es la palomita blanca'”, recordaría Ruiz muchos años después, cuando la película ya se había convertido en una leyenda.


Famosa desde el primer día de rodaje, la película Palomita blanca fue filmada entre marzo y julio de 1973 y estaba prácticamente lista para ser estrenada cuando el Golpe de Estado del 11 de septiembre lo impidió. Ruiz salió al exilio y los rollos del filme, perfectamente montado por el propio director, quedaron en un rincón de las bodegas de Chilefilms.


Sólo 20 años después, cuando ya la música de Los Jaivas era un clásico, la película se exhibió por primera vez en el Festival de Viña del Mar de 1993. Estaba intacto el ánimo indagatorio que movía a Ruiz en esos agitadísimos días. Palomita blanca, tal como había sido concebida por el director, era una cinta sobre el “arribismo”, que muestra a ricos y pobres, a la izquierda y a la derecha, en un Chile que estaba a punto de quebrarse.


Pobres y ricos


“No es una simple historia de amor. No me interesaría”, le decía Ruiz a la revista Onda durante el rodaje. Los productores no pensaban lo mismo. Se trataba de un grupo de privados ilusionados con reproducir el éxito de la película Love story (estrenada en Chile en 1970) y el best seller de Lafourcade venía como anillo al dedo. Ruiz hizo otra cosa. Con la venia del escritor -al que le había gustado Tres tristes tigres-, Ruiz utilizó la novela como punto de partida. Jamás de llegada.


La fallida historia de amor entre María, una escolar humilde, y Juan Carlos, un joven de clase alta, sirve a Ruiz para hacer una panorámica de los días previos a la llegada de Salvador Allende a La Moneda: los asomos del hippismo chileno en el festival de Piedra Roja, el modo de hablar de los chilenos, las peleas callejeras entre grupos de izquierda y derecha y las abismales diferencias sociales en Santiago. Algo de eso estaba detrás de cámara.


Tal como en la ficción, Beatriz Lapido era una joven de familia proletaria, mientras que Rodrigo Ureta (el intérprete de Juan Carlos) era de Providencia, pretendía estudiar Ciencias Políticas y según Onda, hablaba a lo “pepe pato”. Más aún, tuvo poca conexión con el equipo: “En la filmación, al único que (Beatriz) no le ha dado pelota es a él”, diría el director a Quinta Rueda.


Con afán casi documental, Ruiz prácticamente no intervino las locaciones del mundo de María. El liceo y su casa en el cité están ubicadas en la calle Chiloé, a pocas cuadras de Avenida Matta. La casa fue un hallazgo ruiziano: “La casa estaba sola, es de un señor que es camionero y andaba por el sur. La vecina tenía la llave y la prestó. Llegó una noche con unos amigos del sur. Quedó mudo, pero el cine lo puede todo, así que se le dio plata y se fue a dormir a un hotel”, contó Ruiz.


Pasaron más cosas. Se robaron los micrófonos para el rodaje, desaparecieron por varias semanas las cintas con la música de Los Jaivas y a Sergio Trabucco, productor de la película, le robaron un maletín con el dinero con el sueldo del mes del equipo. “Por esas casualidades del destino, me acababa de ganar la Lotería y tuve que pagar el dinero con mi propio premio”, contó Trabucco.


Mientras Ruiz rodaba, Los Jaivas trabajaban en Chilefilms. El director aparecía cada mañana y les pedía una melodía específica. “Nos orientaba como un director de orquesta, era muy meticuloso”, cuenta Mario Mutis. Sólo una vez se vieron en el set. O eso intentaron. La banda fue citada en el cité de Chiloé, pero Ruiz llegó ocho horas tarde. Hizo gala de su fama de mentiroso: dijo que habían metido preso a todos los pasajeros de la micro en que venía, por sospechosos de un asalto.


Estreno fallido


El 25 de julio de 1973, cuando cumplía 32 años, Ruiz terminó de rodar Palomita blanca. Antes del golpe de Estado, ya la había montado y la película estaba lista. En octubre, Ruiz salía al exilio junto a su esposa, Valeria Sarmiento. En Santiago a uno de los productores se le ocurrió que Palomita blanca aún tenía una chance de llegar al cine y ser un éxito.


En noviembre de 1973, Trabucco mostró la película a un grupo de críticos (Yolanda Montecinos, Hans Ehrmann, Mariano Silva, entre otros) y de militares. Iba a escuchar sugerencias para posibles modificaciones. Montecinos le prometió que la película se estrenaría. A los pocos meses, Trabucco fue detenido.


Hubo otra oportunidad para Palomita blanca: según el sonidista José de la Vega, el montajista de Chilefilms Francisco González recibió instrucciones militares para sacar las escenas más políticas de la película. González se negó. Los rollos no fueron tocados: por 20 años estuvieron enpolvándose en las bodegas del estudio. Ni Beatriz Lapido ni Rodrigo Ureta fueron famosos. Chile pasó a ser otro país.


A fines de los 80, la cinta fue rescatada. El director evaluó ajustar su montaje, pero desistió. Ahí estaba el germen del Ruiz oblicuo y no siempre comprensible que estallaría en Francia. Algo más: Palomita blanca era un documento del Chile contradictorio, enfiestado y violento de la UP. Cuando llegó a las salas comerciales ya era un éxito y un clásico.