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Cultura&Entretención / Pág. 82

Nicanor Parra lee El Quijote y escucha tangos para celebrar el Cervantes

El jueves ganó el mayor galardón de las letras en español. A sus 97 años le pone oído al lunfardo y a las rancheras.

por
Javier García
Nicanor Parra lee El Quijote y escucha tangos para celebrar el Cervantes

La playa de Las Cruces el pasado jueves no podía estar más tranquila. En la mañana poca gente entraba a la panadería y al cibercafé que se hallan a dos cuadras de la casa de Nicanor Parra en calle Lincoln. Pero el mundo fuera de Las Cruces estaba convulsionado. Partiendo por Angeles González-Sinde. La Ministra de Cultura de España quería informarle por teléfono al antipoeta, de 97 años, que era el nuevo Premio Cervantes. Pero Parra ya sabía la noticia. Se lo había informado su nieto.


Un día antes, el miércoles, el escritor y periodista Francisco Goldman fue a visitar al autor de Poemas y antipoemas. “He conocido a muchos escritores, pero primera vez que conozco a un genio”, aseguró. En el pasillo principal de la casa, con vista al mar, estaba el último artefacto elaborado por Parra. Una foto recortada de un suplemento deportivo. El protagonista: El “Mago” Valdivia vistiendo la camiseta de la selección chilena. La leyenda: Todo por un momento de éxtasis.


Parra, que llegó a Santiago a los 18 años a postular a la Escuela de Carabineros, y que terminó estudiando Matemática y Física, sabe cómo es la academia y la calle. “Conozco flores de distintos jardines y ya muchas de ellas me embriagaron con sus mieles”. No son versos del Premio Nacional de Literatura, ni del traductor de Shakespeare, ni del especialista en cosmología. Es parte de una canción de Los Tigres del Norte. Una banda mexicana que toca corridos, baladas y rancheras. Parra se sabe la canción de memoria como muchas que anota en sus cuadernos con su lápiz Bic negro.


Hace un mes llegó a Chile el segundo tomo de las Obras completas & algo + de Parra. En el volumen se incluye su traducción del Rey Lear. Hay un trabajo mayor que el Premio Cervantes 2011 guarda y que ha elaborado con detalles hace dos décadas. Hamlet, de Shakespeare, al español. “Sólo lo publicaría a cambio de un millón de dólares”, ha dicho según sus cercanos. Las palabras del antipoeta son en en serio y en broma.


Parra se adjudicó más de 80 millones de pesos con el Cervantes. Fiel a su vida de barrio, a su condición de “anacoreta”, como ha dicho citando al hinduismo, “quien se despoja de todo lo material”, no cambia su auto Volkswagen escarabajo. Aún lo maneja. En estos días, no sólo rancheras oye Parra, también tangos. Sólo, eso sí, de Carlos Gardel. La huella del lunfardo, el lenguaje popular porteño, lo tiene fascinado.


Al igual que los columnistas chilenos. Los lee con atención. Sean políticos, críticos literarios y opinólogos de los temas más diversos. Pero el mayor de los ocho hermanos Parra retrocede para leer el presente. Su autor de cabecera por estos días es Omer Emeth, seudónimo de Emilio Vaisse, sacerdote y crítico conservador que publicaba sus comentarios literarios a inicios del siglo XX en la prensa chilena.


Parra sabe de curas críticos. El sacerdote capuchino Prudencio de Salvatierra escribió el 62, a la salida de Versos de salón: “¿Puede admitirse que se lance al público una obra como esa, sin pies ni cabeza, que destila veneno y podredumbre, demencia y satanismo?”.


La publicación de sus Obras completas no detiene al antipoeta. El próximo año Ediciones UDP reeditará Obra gruesa (1969) y lanzará Los 17 impajaritables, una colección de los mejores poetas hispanos seleccionados por Parra. Ayer viernes el premiado estuvo acompañado de su familia. Del Tololo, su nieto Cristóbal Ugarte, quien le dio la noticia el jueves. Releyó El Quijote de Avellaneda, el libro apócrifo del autor que quiso hacerse pasar por Miguel de Cervantes. También releyó un artefacto que escribió hace años. “-No lea tanto la Biblia mamá/ puede pasarle lo de Don Quijote”. Y la mamá le responde: “-No porque yo no creo lo que leo”. Otra pregunta: “-Para qué lee entonces”. Y la respuesta final: “-Si no leo me aburro como una ostra”.