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Cultura&Entretención / Pág. 66

Merino: “Todavía tengo un libro pendiente sobre Santiago”

Se publica Todo Santiago, una recopilación de las crónicas del Roberto Merino sobre la ciudad. Se lanza en la Feria del Libro.

por
Roberto Careaga C.
Merino: “Todavía tengo un libro pendiente sobre Santiago”

Aún le quedaban varios kilómetros a los maratonistas cuando una estela de ciclistas empezó a seguirlos. La noticia se corrió hasta que llegó a la televisión. Frente a la suya, Roberto Merino miraba impresionado. Tanto que agarró su bicicleta y salió disparado hasta unirse a la caravana hacia el Estadio Nacional. Era el Sudamericano de Atletismo de 1974 y Merino tenía 13 años. Cuando regresó a su casa, entrada la tarde, tomó un cuaderno y escribió lo que había vivido. Su primera crónica.


Merino olvidaría el género. A fines de los 70, entró a la literatura chilena como poeta y aunque nunca ha escrito mucho, a inicios de los 90 aún la poesía era lo suyo. Pero en 1995 le pidieron que retomara el género para la revista Hoy y que escribiera sobre la ciudad. Bastó para que 15 años después, la etiqueta de poeta se difuminara y a Merino le colgaran la de cronista de Santiago.


“No me siento para nada cronista. Nunca me presentaría como tal. Especialista en Santiago, menos”, dice, rebatiendo lo evidente: más de 160 crónicas forman Todo Santiago. Crónicas de la ciudad. El libro suma a Santiago de memoria (1997) y Horas perdidas en las calles de Santiago (2000), textos dispersos sobre el mismo tema y en el mismo tono: a contrapelo de toda estridencia, Merino zigzaguea en reflexiones, datos y anécdotas para atrapar el escurridizo ánimo cotidiano de la urbe.


Pedestre y epifánico en la misma frase, Merino arrastra la fama de ser uno de los mejores escritores chilenos. El mira para el lado: “Es muy estimulante que se hable bien de uno, pero me reservo el derecho de escribir mal. No me interesa nada el estilo”, dice en el café Tavelli de Providencia.


En conjunto, los textos de Todo Santiago dan una perspectiva de los cambios que ha sufrido la ciudad desde los 70. De ser una “planicie de techos oxidados” y “llena se sitios eriazos”, dice Merino, hoy está atravesada por carreteras, plagada de edificios, cafés en las calles y pareciera que “no para nunca”. Sigue: “No me atrevería a decir que es peor el Santiago de ahora. Había lugares bonitos que se han destruido. Pero también era aburrido. Prefiero esta cosa más fragorosa”, dice y confiesa que ni le va ni le viene el tan discutido edificio Costanera.


No son esas particularidades las que le interesan a Merino: “Tenía la idea de hacer una teoría de la expresión de la ciudad. Tuve una vaga intención de hacer algo narrativo sobre Santiago, pero no tenía presupuestado que esa forma fuera la crónica. Todavía pienso que tengo un texto pendiente con Santiago”, asegura.


Acaso esa teoría se oye al fondo de sus crónicas de la ciudad. El escucha otra cosa: “Si algún valor tiene este libro es darle un vibrato a la cotidianidad con la menos espectacularidad posible. No hablo de cosas extraordinarias, sólo de la vida tal como se presenta. La vida sin grandes énfasis, que es el registro en el cual uno pasa la mayor parte del tiempo”, dice.