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Mario Waissbluth: “Hubo un gran perdedor: la educación pública”

¿Quién es el gran perdedor después de las movilizaciones? En términos generales, las movilizaciones fueron positivas. Tenemos un modelo educativo esencialmente no modificado desde los 80, que ha tenido virtudes, pero también enormes defectos. Los estudiantes lograron “correr el cerco” y cuestionar ciertos conceptos de manera irreversible, como la desregulación en que ha operado el […]

Mario Waissbluth: “Hubo un gran perdedor: la educación pública”

¿Quién es el gran perdedor después de las movilizaciones?


En términos generales, las movilizaciones fueron positivas. Tenemos un modelo educativo esencialmente no modificado desde los 80, que ha tenido virtudes, pero también enormes defectos. Los estudiantes lograron “correr el cerco” y cuestionar ciertos conceptos de manera irreversible, como la desregulación en que ha operado el sector particular, el financiamiento compartido, la necesidad de rescatar la educación pública. Esa discusión llegó para quedarse, hasta resolverse. Pero me temo que hubo un gran perdedor: la educación pública escolar.


¿Valieron la pena las movilizaciones en defensa de la educación pública?


La matrícula venía cayendo y las movilizaciones aceleraron un proceso de 30 años. Por otro lado, se creó una oportunidad para que se tomen actitudes proactivas y significativas. Si eso no se hace, este año puede ser recordado como el principio del fin. Si la matrícula cae a menos del 30%, en muchos municipios será casi irrescatable.


¿De quién es la responsabilidad del estado al que llegaron las cosas?


Inicialmente, la responsabilidad es del gobierno, que se atrincheró y no estuvo dispuesto a discutir ningún tema relevante. Esto llevó a la radicalización del movimiento estudiantil, que en algún momento no tuvo la sabiduría sufciente para evaluar el daño que se estaba generando. Hoy, veo personeros de la Alianza dispuestos a discutir temas que hace seis meses eran tabú. Pero es un poco tarde.


¿El proyecto de ley de desmunicipalización sería suficiente para revitalizar la educación pública?


Depende de su contenido. Si es meramente una reconfiguración – necesaria – de la institucionalidad del sostenedor, será cosmética. Hay que regular adecuadamente el sector particular subvencionado, y resolver las deudas de arrastre de los municipios.


¿Qué falta para revitalizar la educación pública?


Además de la referida ley, la medida más urgente es inyectar los mejores directivos a las corporaciones y escuelas, a la máxima velocidad. La ley de enero -que redefinió este tema- aún no ha sido reglamentada, lo cual es incomprensible. En el mediano plazo, está pendiente la madre de todas las reformas: profesión docente, para mejorar la formación, habilitación docente rigurosa y una remuneración más atractiva para los mejores profesores. En nuestra estimación, tan solo este tema costaría US$ 2 mil millones al año adicionales.


¿Por qué no se ha hecho?


En los gobiernos anteriores, la caída de matrícula fue observada con incomprensible pasividad. Hoy, veo en la coalición de gobierno personas con actitudes contradictorias. Algunas ven con buenos ojos su desaparición y otras, las menos, la necesidad de rescatarla.


“Si la matrícula cae a menos del 30%, en muchos municipios será irrescatable”.