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Santiago / Pág. 50

Los túneles secretos de la Vicaría de la Solidaridad

Nadie podía imaginar que en los 70, al lado de la Catedral de Santiago, existían pasadizos secretos para que personas que entraran al templo pasaran, sin ser descubiertos, hacia la Vicaría.

por
Benjamín Blanco
Los túneles secretos de la Vicaría de la Solidaridad

¿Qué es esto de la Vicaría, cardenal? ¡No me va a decir que va a volver a llenar la Iglesia de comunistas! -General, le dije que la Iglesia no puede ni va a abandonar la defensa de los derechos humanos…


-¡O sea que otra vez vamos a empezar con la misma! ¡Parece que la Iglesia no quiere entender, oiga!


El cardenal subió el tono.


-¡Ustedes no pueden impedir la Vicaría! ¡Y si tratan de hacerlo yo voy a poner a los refugiados debajo de mi cama, si es necesario!


Este “diálogo” entre el Cardenal Raúl Silva Henríquez y Augusto Pinochet, rescatado del libro La historia oculta del régimen militar, revela la trascendencia de la Casa Arzobispal de Santiago, palacio de estilo neoclásico construido en 1851 a los costados y detrás de la Catedral. Ahí funcionó la Vicaría de la Solidaridad, organismo que protegió y prestó asesoría legal a los chilenos perseguidos por los organismos de seguridad de Pinochet.


Cuando restauraron el lugar en 2003, en parte gracias a la fortuna personal de monseñor Sergio Valech, se descubrieron túneles que conectaban el edificio con la Catedral. Estos servían para que personas que entraban al templo pudieran pasar, sin ser descubiertos, a la Vicaría.


En el tercer piso del ala poniente, donde funcionaba un comedor, existe un pasadizo de 55 metros que comunicaba la Vicaría con la Catedral. La sorpresa se la llevaron los arquitectos encargados de la remodelación del lugar. Cuando entraron a los túneles en 2003, incluso encontraron varias botellas de bebida Nobis, una marca común de los años 70.


“Seguramente quienes se escondían lo hacían con una botella de agua”, cuenta Ignacio Julio, arquitecto a cargo de la restauración. A su juicio, es complicado establecer desde cuándo datan los túneles, pues fueron construidos antes de que se usara el edificio para la Vicaría. “Lo claro es que en esa época se refaccionaron y se utilizaron bastante”, agrega.


Desde 1976 el tercer piso fue un lugar clave. En una oficina de 70 metros cuadrados, por donde la luz entra por cuatro ventanas circulares, se guardaron en grandes cajones metálicos los archivos de la Vicaría. Era el epicentro desde donde se organizaba la defensa de los perseguidos políticos.


Según Cristián Precht, primer vicario del organismo, hubo dos razones que empujaron al Cardenal Silva Henríquez a utilizar aquel inmueble de cinco mil metros cuadrados, con un patio interior, varios salones y una capilla con vitrales. “Era grande, estaba casi sin uso y estaba bien ubicado. Pero lo más importante era que quería que fuese un símbolo: la Vicaría estaba detrás de la Iglesia de Santiago. Y no era una oficina cualquiera. Era nada menos que la casa de los arzobispos”, recuerda Precht.


Fue así como la Vicaría utilizó la segunda y tercera planta del ala oriente del edificio (la primera siempre se arrendó para comercio). En la pieza principal del segundo piso se instalaron los más de 100 funcionarios repartidos en varios departamentos -como el jurídico, el laboral y el campesino- y se atendía al público que llegaba pidiendo ayuda. “En el tercer piso se colocaron las oficinas más privadas, se comenzó a imprimir el boletín Solidaridad y se redactaban los recursos de amparo para los detenidos por la policía”, cuenta Valech. Y agrega: “Como los abogados eran muy exhaustivos en describir las circunstancias de las detenciones, se fue generando un archivo de documentos cada vez más importante y que recreaba lo que estaba pasando. Cuando nos dimos cuenta de la importancia de esos documentos, comenzamos a microfilmarlos”.


La financiación de la Vicaría venía del extranjero. Del Consejo Nacional de Iglesias de Estados Unidos y de otras iglesias europeas. “Para nuestra vergüenza, ningún peso vino de Chile”, lamenta Precht.


El primer vicario recuerda especialmente la tensión de los días del descubrimiento de cadáveres humanos en los Hornos de Lonquén, en 1978, correspondientes a desaparecidos de Isla de Maipo. Aún rememora el singular nombre del campesino que le contó lo que había encontrado: Don Inocencio.


“La Vicaría comenzó a funcionar el 1 de enero de 1976, luego de que el general Pinochet pidiera disolver el Comité Pro-Paz, que fue la primera organización que prestó ayuda a los detenidos y que estaba integrado por representantes de todas las religiones”, relata Precht. “El Cardenal Silva Henríquez, en esos años arzobispo de Santiago, decidió crear entonces una vicaría que dependiera directamente de la iglesia católica”, agrega.


La producción de la serie de TVN Los Archivos del Cardenal tuvo acceso a filmar en el lugar, pero grabaron sólo dos escenas. “Los camiones de la producción no tenían dónde estacionarse en la Plaza de Armas y optamos por alquilar una casona en el Barrio Yungay”, cuenta Nicolás Acuña, director de la serie.


El frontis de la oficina sí fue utilizado en exteriores. Pero no fue fácil simular el centro de Santiago en 1978. “Con paños verdes tapamos postes nuevos y las murallas laterales de la entrada del edificio. Luego, en posproducción, eran borrados. Además, en esa época los autos transitaban por la calzada, por lo que también simulamos esa situación”, explica el director.


Monseñor Precht, hoy vicario en la Vicaría General de Pastoral del Arzobispado de Santiago, reconoce que le gusta y ve la serie de TVN. “Hay detalles calcados a cómo era la oficina de la Vicaría”.