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País / Pág. 22

Los recuerdos de la hija del último sobreviviente de la corbeta Esmeralda

Hoy se cumplen 53 años de la muerte del último grumete que sobrevivió al Combate Naval de Iquique. Wenceslao Vargas Rojas tenía 16 años cuando estuvo a cargo del cañón seis de la corbeta que comandó Arturo Prat Chacón, en 1879.

por
Cristián Riffo
Los recuerdos de la hija del último sobreviviente de la corbeta Esmeralda

Hace 52 años que la señora Elvira Vargas Portilla atiende todos los días su pequeño almacén de barrio en pleno centro de La Serena. Es uno de los pocos que van quedando en toda la ciudad y sólo algunos de sus clientes saben que ella es nada menos que la hija mayor de quien fue el último sobreviviente del Combate Naval de Iquique. Wenceslao Vargas Rojas, su padre, fue grumete en la Esmeralda y combatió junto a Arturo Prat ese histórico 21 de mayo de 1879, hace 132 años.


Tímidamente, la señora Elvira habló con La Tercera sobre los detalles de su padre, las anécdotas que él contó y cómo se recuerda la hazaña en que participó.


Pese a sus 86 años, la señora Elvira tiene un recuerdo nítido de su padre. “Era un hombre muy recto y severo a veces. Tenía un buen pasar. Cuando llegó a La Serena, se dedicó a vender carbón, leña y pescado frito. Pasaba mucho tiempo fuera de la casa. Después que lo ascendieron de grado en la Armada, comenzó a recibir un mejor sueldo. Le gustaba mucho leer la prensa. Todos los días compraba el diario y tenía también bastantes amigos”, recuerda.


Sobre la emblemática batalla entre la corbeta chilena y el monitor peruano Huáscar, la señora Elvira contó que su padre le relataba que, en medio de un viaje a Perú, se encontró con el conflicto, por lo que decidió regresar a Iquique. “Los peruanos le decían que se quedara, que no pasaría nada, pero él viajó de regreso y se enroló. Entonces, él tenía 16 años. Nos contó que durante el combate estuvo a cargo del cañón seis. Después del combate lo hicieron prisionero”, narró.


En la memoria de Wenceslao Vargas, Arturo Prat fue un capitán preocupado de su gente hasta el último momento. “Mi padre me decía que Prat era un caballero y había sido un muy buen capitán, y recordaba que antes del combate se preocupó de que toda la tripulación hubiese desayunado. Eso es algo que mi padre siempre destacaba”.


La señora Elvira cuenta que por mucho tiempo permanecieron en la familia las medallas recibidas por su padre, su gorra e incluso su espada. “Pero todo eso fue donado al Museo Marino de Talcahuano. Espero que con el terremoto del 27/F no hayan desaparecido. Mi hijo mandó un correo electrónico para saber en qué condiciones quedaron las cosas. Son piezas muy valiosas para la familia y que espero no se hayan perdido con tanta destrucción que hubo en esa zona”, dijo.


De la película Esmeralda 1879, en la que su padre es interpretado por el actor Fernando Godoy, la señora Elvira se quejó de que nadie la invitó a verla y que ella fue por sus propios medios. “A mi hermano lo invitaron, pero a mí no. Fui con una sobrina y un hermano. La verdad es que la historia es bastante parecida a lo que nos contaba mi padre”, reconoció.


De hecho, por cuestiones del destino, los abuelos del actor que personificó a su padre viven a media cuadra de su negocio.


La señora Elvira también destacó los innumerables homenajes que en vida recibió Wenceslao Vargas por parte de la Armada, el Ejército y la comunidad. “Durante estas fechas (Mes del Mar) siempre lo invitaban a las actividades. Se hacía el izamiento de la bandera en la plaza, también a las veladas que se realizaban en la calle Cienfuegos. El último acto al que fue él, cuando se cumplieron los 75 años del combate, lo llevaron a Iquique. Se fueron en barco y él tenía más de 90 años”,


La señora Elvira también recuerda que durante muchos años los scouts y el Regimiento Coquimbo le realizaban un homenaje en la puerta de su casa. “Mi padre se preparaba para estas fechas y le gustaba que se acordaran de él. A nosotras en el colegio también nos recordaban que éramos hijos de Wenceslao Vargas, pero tratábamos de pasar desapercibidas. Hoy a los bisnietos les gusta más destacar esa relación”, dice.


Hace sólo tres años, la señora Elvira Vargas pudo conocer el lugar exacto donde se hundió la Esmeralda. Fue un momento único en el que se pudo reencontrar con la historia del país y también la suya.