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Tendencias / Pág. 4

Lo que internet está haciendo con las palabras

Hoy, el vocabulario juvenil tiende a sobrevivir menos tiempo que en décadas pasadas, cuando el argot adolescente se transmitía de forma oral. Un fenómeno en el que la tecnología es clave: si en los 60 los jóvenes estaban marcados por la política, ahora lo están por la web y las redes sociales.

por
Ricardo Acevedo / Ilustración: Rafael Edwards
Lo que internet está haciendo con las palabras

Mamá, papá! Voy a salir, ¿me pasan plata, porfi? -¿Adónde vas?, preguntan los padres a coro. -Nos vamos de pareii (chilenización del inglés ‘party’) con mis compañeras a la casa del pololo de la Coni.


-Espera, espera, ¿nos vamos de qué?, pregunta el padre, confundido.


-Pareii, carrete, hueveo, poh papá. No te pongái cuático, porfa.


-¿Que no me ponga qué? ¿¡Qué te cuesta hablar como la gente, Catalina!?


-Shuu… ¡Qué brígido!


-¿Rígido? ¿Que no me ponga rígido?


-Bri-gi-do, papá. Significa ‘pesado’, ‘mala onda’.


-Ya, no peleen, por favor-, interviene la madre. A la Catalina le salió una movida. Una fiesta, pues gordo. No seas anticuado.


-Si poh, no seái loser (en inglés ‘perdedor’. Usado para decir pavo, ñoño)-, replica Catalina.


Cara de signo de interrogación del padre. Fin de la discusión.


Puede que en la época de nuestros abuelos “el malón” haya sido una palabra común para referirse a las fiestas de antaño: el término sobrevivió décadas y no había muchacho “encachado” que no lo usara. O puede que nuestros padres o quienes alcanzaron a vivir su juventud en los 70 u 80, hayan pasado años encontrando que una cosa muy buena era “el descueve” y refiriéndose al carrete como “la movida”.


Pero en la era del “mambo” (ex carrete), cuando los jóvenes pasan del “filete” al “bacán” o “la zorra”, para referirse a algo muy bueno, las jergas adolescentes actuales sobreviven cada vez menos tiempo. O mutan más rápido, si se prefiere.


Vocabularios y argots que desaparecen tan rápido como surgió la tribu que les dio vida -¿se acuerda usted de los pokemones? ¿o de las peloláis tal vez?- y la irrupción de lo que especialistas a nivel internacional han llamado “netspeak” -lenguaje que se traslada de los chats en internet a las conversaciones en el mundo real- son algunas manifestaciones de un fenómeno lingüístico que podría compararse con una “Torre de Babel”, pero una que cambia, se modifica y esparce a velocidades nunca antes vistas, gracias a redes sociales como Twitter o Facebook.


Según sociólogos y lingüistas, hablamos de un verdadero “cambio cultural” que se explica por el tránsito de un estilo de comunicación eminentemente oral, a uno mediado por la tecnología. En otras palabras, si hace décadas los modismos adolescentes se traspasaban lentamente, de boca en boca, hoy las jergas se popularizan de manera viral a través de internet. Eso explica por qué en Chile la expresión “picho caluga”, que se utilizó desde la década de los 60 hasta los 80 para referirse a una situación agradable, se transforma en “filete” para los jóvenes al comienzo del milenio y, en la actualidad, se reemplaza por “bacanoso”, derivación del termino “bacán” (estupendo).


Las cambiantes tribus


Hablamos de un fenómeno que comienza a ser identificado por especialistas en lengua desde mediados de la década pasada, cuando aparecen los primeros estudios sobre el impacto de la globalización y los nuevos medios en el lenguaje juvenil. Las tribus urbanas, que desde los años 80 imponían modas y jergas bien definidas, dan paso a una explosión de “sub tribus”, que van tomando elementos de muchos estilos diferentes, lo que afecta también a los modismos. Uno de estos estudios, “Adolescentes, variación y culturas juveniles”, realizado por expertos de la Universidad Wppertal, Alemania, destacaba que a través del vocabulario los jóvenes ahora no sólo buscaban oponerse al mundo de los adultos, sino reflejar su propia “heterogeneidad” para “diferenciarse entre tribus como los hip-hop, punks o metaleros”.


Chile no quedó exento de estos cambios y durante la década pasada emerge una gran variedad de tribus, algunas de ellas que sólo existían en nuestro país, como los pokemones y las peloláis. Ricardo Martínez, académico de la Universidad Diego Portales especialista en Lengua, asegura que estas tribus son un claro ejemplo de cómo las jergas juveniles surgen y desaparecen más rápido en el presente. Es así que términos como “bulbasaur”, que se usaba para referirse a un pokemon gordo, o “adiós con tu cuerpo”, para decir a alguien que nunca más se le tomará en cuenta (y que a su vez reemplazaba al ya clásico “no estoy ni ahí contigo”), desaparecen del léxico juvenil tan rápido como aparecieron.


Una derivación del extinto ‘pokemón’ fue el ‘reggaetonero’. Tribu que adapta y acopla a su lenguaje los modismos y jergas centroamericanas, de corte marginal con una pizca gánster. Así lo ejemplifica Francisco Campos, profesor de Historia en una escuela de Lo Barnechea: “Los alumnos hablan muy distinto a como era hace algunos años. Hoy la jerga está súper influenciada por la moda reggaetonera. Y una especie de coa también. Si algo les parece bueno dicen ‘está de vío (de vivo), o si algo está malo ‘está de perro’. O cuando se refieren a una chica que se vistió especial para conquistar a algún chico dicen “anda entera ‘acicalá’ para ponerse más ‘bellaca'”. Confiesa que fuera de la sala de clases tiene que adaptar su lenguaje para entenderse con sus alumnos y no crear una brecha comunicacional que después le haga perder su atención. Pero que le cuesta mantenerse al día con esta constante mutación. “Quizá con qué moda van a empezar a hablar después”, se pregunta de forma retórica.


En contraste, otras como “pollo”, para designar a una persona tímida, persisten y se modifican: hoy se transforma en “terrible de pollo”, lo que se usa para señalar a alguien que es “leso” o que no es muy “avispao”. Y estos últimos modismos seguramente usted los entiende porque, sin internet ni tribus urbanas de por medio, sobrevivieron décadas y llegaron a traspasar generaciones. Mario Sandoval, doctor en sociología y director del Centro para Estudios de la Juventud de la Universidad Católica Silva Henríquez, explica que estamos en presencia de un “cambio cultural”, que obedece al hecho de que las nuevas generaciones están influenciadas por la tecnología en lugar de “interpretaciones del mundo”, como ocurría con la política y la juventud en los años 60.


Del lenguaje oral tecnológico


¿En qué se traduce esta influencia tecnológica? Décadas atrás, los modismos se transmitían oralmente, en la calle, en fiestas, el colegio o la universidad, lo que derivaba en que muchos vocablos permanecían y las generaciones no estaban sujetas a los vertiginosos cambios de hoy. Pero como indica un reciente artículo de la Enciclopedia del Lenguaje y Lingüística, durante los últimos 15 años, la masificación del acceso a internet y los cambios tecnológicos han significado una transformación importante de las jergas juveniles.


Por ejemplo, en las décadas de los 80 y los 90 en Chile, cuando alguien decía que a Juanito Pérez “se le cayó el casete”, todos entendían que el fulano en cuestión “se había ido de lengua” o que “habló más de la cuenta”. Pero hoy, los casetes dejaron de formar parte de nuestro diario vivir y las nuevas generaciones con suerte los conocen, del mismo modo que usted muy probablemente sabe que alguna vez existió una especie de tocadiscos que se llamaba vitrola. Si alguien en sus 30 ó 40, usa esta frase con un adolescente, lo más probable es sea considerado “viejo”.


Y a esto hay que sumar el poderoso influjo de internet y las redes sociales, que masifican nuevos términos como una verdadera “bola de nieve”. Ricardo Martínez explica que sitios como Twitter o Facebook permiten una cantidad de intercambios lingüísticos que en el pasado era imposible mantener. “Antes conversábamos sólo con unas cuantas personas al día, pero ahora con las redes sociales este número alcanza el orden de decenas”, ejemplifica el especialista. Es así que una palabra nueva, una jerga o un modismo posteado en estos sitios, queda “registrado” y puede ser visto por miles de personas en muy poco tiempo.


La economía del lenguaje


Tal es la influencia de internet y las redes sociales, que el especialista de la Universidad de Cambridge, David Crystal, acuñó el término de “netspeak”, para referirse a la gran cantidad de palabras que se están traspasando desde Internet al mundo real. Hablamos de una serie de términos que se originan en el lenguaje informal que se sostiene a través de soportes como el chat, los mensajes de texto en celular y sitios como Twitter. Pueden ser números que indican estado de ánimo, como u.u. (triste), XD (contento), LOL (de loto of laughs = mucha risa) o WTF (que sígnifica un exclamatorio y sorpresivo ‘¡¿qué onda?!’).


El estudio de la Universidad alemana de Wuppertal indica que esto obedece al hecho de que el lenguaje juvenil en la actualidad es un fenómeno que se retroalimenta de los medios: es así que se nutren las subculturas juveniles, es así que acceden a términos que se originan en otras lenguas, en especial del inglés, idioma dominante en internet. A dichos términos, jóvenes y adolescentes agregan elementos de su identidad y creatividad, lo que explica por qué en Chile, por ejemplo, “touch and go” reemplace a los viejos “atinar” o “atracar” (encuentros con el sexo opuesto) o que “forever alone” se instale como modismo para decir que “estamos solos”, reemplazando viejas expresiones como “más botado que pucho de cuneta”, estar “botella” o “tirado”.


El sociólogo Raúl Zarzuri, experto en culturas juveniles del Centro de Estudios Socioculturales, dice que esta forma de comunicación es exitosa para los jóvenes, porque es más efectista y abreviada. Pasa con los mensajes de texto en los teléfonos celulares y también pasa con Twitter, donde hay que intentar expresar ideas con la limitante de no sobrepasar los 140 caracteres que permite el sitio para cada mensaje o “twett”.


Mario Sandoval agrega que esto es lo que se denomina como “economía del lenguaje”. “Los jóvenes se comunican cada vez con menos palabras, pero esas palabras están cargadas simbólicamente con mucha fuerza”. Es lo que pasó con el “Tau”, que hace algunos años comenzó a ser utilizado por la tribu de las peloláis, terminó que usaban para despedirse cuando usaban Messenger o Fotolog. Hoy, ese mismo término ha pasado a la lengua hablada como “xau”, ampliamente utilizado por jóvenes y adolescentes (la x ahora reeemplaza a la ch).


Sandoval concluye que este es un cambio que se percibe día a día en el mundo académico, ya que a diferencia de otras generaciones, los jóvenes se manejan cada vez con menos conceptos: en su lenguaje diario utilizan entre 300 a 400 palabras, que parecen bastarles para expresarse y hacerse entender perfectamente entre sus pares. En contraste, un lenguaje considerado “culto”, con uso profuso de sinónimos, puede llegar a superar las mil palabras.