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Santiago / Pág. 46

Lo que esconde la ciudad cuando los arqueólogos escarban

Mientras en la superficie de la ciudad se construye aceleradamente, a menos de un metro bajo tierra los arqueólogos van recolectando silenciosamente las historias desconocidas de cómo vivían los santiaguinos.

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Por Consuelo Terra.
Lo que esconde la ciudad cuando los arqueólogos escarban

Este mes comienza lo que los arqueólogos llaman la “temporada roja”: con el buen tiempo, los santiaguinos empiezan a hacer mejoras en sus casas. Entonces aparecen sorpresas. Como esta semana en El Monte, cuando un particular, al cavar una piscina para su casa, encontró tres restos humanos precolombinos rodeados de cerámicas. Carabineros llamó al Consejo de Monumentos Nacionales p ara determinar si se trataba de un hallazgo policial o arqueológico.


El Consejo tiene un “escuadrón” de ocho arqueólogos, que son enviados a evaluar los restos que se descubren en todo Chile. “Apenas damos abasto, porque el país y, especialmente Santiago, es un hervidero de hallazgos arqueológicos. En temporada roja podemos recibir hasta tres peticiones al día”, dice el arqueólogo de la institución, Rodrigo Riveros. La Ley de Medio Ambiente obliga desde 1994 a las empresas constructoras a considerar el impacto arqueológico de sus obras. En caso de encontrarse algo, un equipo de expertos pagados por la empresa hace una investigación y rescate de los restos en el menor tiempo posible y luego los destinan a algunos museos nacionales de Santiago.


No hay que cavar muy profundo. A 50 centímetros ya comienzan a encontrarse restos coloniales. Pero como la mayor parte de la capital está pavimentada, los proyectos de infraestructura son la mejor forma de encontrar sitios valiosos. “Santiago ha tenido un crecimiento explosivo y las obras del metro, autopistas y edificios nuevos han sido importantes para hacer nuevos descubrimientos. Aquí no tenemos restos monumentales como en México, donde excavas y aparece una pirámide maya. Pero sí hay restos que dan pistas valiosas de cómo vivían los habitantes de las distintas épocas de la ciudad”, dice la arqueóloga de la U. de Chile, Nuriluz Hermosilla.


Los arqueólogos urbanos escarban restos antiguos poco glamorosos: la basura y las tumbas. Ambos muestran una radiografía de los alimentos, utensilios, higiene y gustos. “En la construcción de un edificio nuevo en Huérfanos, cerca de los tribunales, encontramos cerámicas muy finas de un rojo brillante que fabricaban las monjas claras en el 1600”, cuenta Hermosilla.


En ocasiones, los profesionales en terreno descubren que lo que está escrito en los registros históricos no siempre es verdad, como le ocurrió a la consultora arqueológica Tagua Tagua durante la excavación de la Costanera Norte. “Todos los documentos de la época decían que los tajamares del Mapocho llegaban hasta Cal y Canto. La arqueología demostró que los tajamares continuaban hasta la calle San Pablo”, cuenta la arqueóloga Catherine Westfall.