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Deportes / Pág. 123

La soledad de la mujer más fuerte de Chile

Desde chica, Carolina Rodríguez les pegaba a los hombres; hoy, es la única boxeadora profesional del país. Nadie le hace frente.

por
Francisco Siredey Escobar
La soledad de la mujer más fuerte de Chile

Es un día especial en la sede de la Federación de Kickboxing. Dos nuevos alumnos se han matriculado en la escuela y llenan sus formularios de ingreso sobre el estrecho mesón de la entrada. “¿Hay muchos que llegan creyéndose Chuck Norris?”, consulta uno de los novatos a la mujer de la recepción. “Sí, son varios, pero les bajamos los humos en el ring”, contesta ella, con una sonrisa. Su rostro está en muchos de los afiches que adornan los paneles de madera del gimnasio.


Se llama Carolina Rodríguez, tiene 27 años y le dicen “La Crespa”, un apodo que recibió apenas comenzó con el kickboxing, a los 21. Es contadora, pero dejó su profesión en 2007 para dedicarse a entrenar. Hace de recepcionista y también de instructora en la escuela de Claudio Pardo, su entrenador, el hombre que la inició en el combate y que piensa que ella puede ser campeona mundial de boxeo, un deporte diferente, en el que sólo puede usar los puños. “Después de ver a muchas boxeadoras, me di cuenta de que ella tenía un nivel superior. Nadie puede hacerle frente en su peso”, cuenta el técnico, quien también practicó ambas disciplinas cuando joven.


Que Carolina se dedicara a pelear para vivir estaba escrito desde mucho antes. Durante su juventud en Huechuraba sólo tuvo amigos. Jugaba fútbol como cualquiera y los niños dejaron de tratarla como mujer. Varias veces se agarró a combos y regresó golpeada a su casa. Su mamá la retaba y su papá se encogía de hombros. Lo que ninguno de los dos sabía era que su hija ganaba la mayoría de esas peleas ante hombres.


“Nunca me han tenido respeto por ser mujer. Yo sé que nunca voy a tener la misma fuerza que un hombre, pero también sé que si me pegan uno, puedo devolver dos o tres golpes”, asegura “La Crespa”, quien todavía tiene que entrenar con hombres, pues en Chile no hay mujeres que puedan hacerle sombra.


Aunque ella se reconoce “polvorita”, señala que son contadas las ocasiones en que ha peleado fuera del cuadrilátero. Cierta noche, en una discoteca, un tipo tuvo la mala idea de tocarle el trasero. Su castigo fue un puñetazo que le rompió la nariz. Pese a que ya no pololea (“no tengo tiempo”, dice), su deporte nunca le impidió llevar una relación normal. “Me conocían así desde el principio. Más allá de un ojo en tinta, nunca me vieron algo más grave”, reconoce.


Con 21 años, Carolina empezó a hacer aerobox en un gimnasio del centro para mantenerse en forma. Allí conoció a un alumno de Pardo, quien la instó a probar una lección gratuita de kickboxing. Le gustó tanto que nunca más lo dejó. A los pocos meses ya estaba compitiendo en torneos nacionales y luego internacionales, en los cuales ganó cinturones sudamericanos y panamericanos en categorías de entre 51 y 56 kilos. Si era necesario, era capaz de bajar cuatro kilos en un día para cumplir en el pesaje oficial.


Hace dos años, Pardo la instó a probar suerte en el boxeo, pues le veía una buena base técnica con los puños. Desde entonces comenzaron los problemas para encontrar rivales, pues la actividad todavía está en una etapa inicial con respecto a países como Argentina, Perú o México. “Nadie quería pelear con ella, porque sabían que iban a perder. Contactamos niñas de Argentina, pero todas se corrían”, asegura Pardo.


Recién el 30 de abril de 2010, Carolina pudo debutar como profesional en el Club México, ante la argentina Natalia Burga. Sus padres estuvieron allí, pese a que no les gusta verla en el ring. La pelea se decidió por puntos a favor de la chilena. “Fue harta presión, porque todos estaban pendientes y el gimnasio estaba lleno, con más de mil personas. No quedé conforme, pero al menos gané”, afirma la luchadora.


Meses después, la única boxeadora profesional del país estuvo a punto de colgar los guantes, por la enfermedad de su madre. Sin embargo, ver el paulatino crecimiento de la actividad y la convicción en su fortaleza la hicieron retornar. “Soy la más fuerte de Chile y puedo ser campeona del mundo”, indica Carolina, quien el 6 de agosto tendrá su segunda pelea profesional. Necesita tres victorias para aspirar al cinturón latino de la OMB, su primer objetivo. Hasta entonces, sigue entrenando en doble jornada para la gran noche y enseñando kickboxing a los valientes que se atreven. Antes de cada sesión, se mira al espejo y se pinta los labios. “Después de todo, es una ‘mina'”, comenta su técnico.