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Opinión / Pág. 76

La oportunidad de Piñera

AL GOBIERNO no le gustaron los resultados de la encuesta CEP. Si bien la aprobación subió al 27%, se trata de una cifra menor que la que estaban esperando. El que todos bajaran -partidos, coaliciones, congreso y candidatos-, parece no ser consuelo, pero sí es un dato: no están los tiempos para buscar popularidad. Pero […]

AL GOBIERNO no le gustaron los resultados de la encuesta CEP. Si bien la aprobación subió al 27%, se trata de una cifra menor que la que estaban esperando. El que todos bajaran -partidos, coaliciones, congreso y candidatos-, parece no ser consuelo, pero sí es un dato: no están los tiempos para buscar popularidad. Pero este escenario, si bien puede ser desalentador, no debe condicionar la acción del Presidente ni de sus colaboradores. Tienen que seguir enfocados en lo único que importa: gobernar. Todavía le queda mucho tiempo, un año y medio, lo que es casi la mitad de su mandato. Hay mucha pega que hacer todavía.

Para esto, lo primero que tiene que hacer Piñera es ordenar las filas de su propio gabinete y partidos de la Alianza. No debe dejar que hoy la discusión sea cuándo se van los precandidatos, sino cómo rematar su período de la mejor forma posible. Para ello necesita ministros comprometidos con esa causa. Por ende, la respuesta a cuándo deben abandonar sus puestos aquellos que se perfilan como candidatos es muy simple: hasta el momento en que le sean útiles al gobierno. No hasta que sea conveniente para ellos. 

En este sentido, el problema de Piñera no es que la derecha se reelija. Porque, al final, fue elegido por cuatro años. No por dos. Ni menos por otro período. Además, está demostrado que la capacidad que tienen los mandatarios de influir en la siguiente elección es baja. Ni siquiera Bachelet, con toda su popularidad, logró aquello. Por el contrario, Frei, que terminó con una aprobación de sólo 28%, no fue impedimento para que Lagos se convirtiera en Presidente. Por eso, la próxima elección es un asunto de los futuros candidatos, no de Piñera.

¿Qué puede hacer el Presidente en el tiempo que queda? Mucho. Y las mismas encuestas le entregan varias pistas. Sacando la cosa electoral, la CEP nos muestra que la gente está muy convencida de que su futuro depende básicamente del esfuerzo personal. Piensan que ser pobre o exitoso no pasa fundamentalmente por la labor del Estado, sino por virtudes o defectos propios. Pero eso no significa que estén conformes. Por el contrario, confían muy poco en las instituciones. Lo mismo se refleja en la medición del Pnud, que habla de que los chilenos están mucho más contentos que antes. Un 77% dice sentirse feliz, comparado con el 58% que declaraba lo mismo en 1995. Pero, al igual que en la CEP, manifiestan una visión crítica de la sociedad.

Esta situación, aparentemente contradictoria, es una oportunidad para Piñera y la derecha. Porque es claro que la gente valora la libertad individual como principio básico -lo que es una idea fuerza de este gobierno-, pero también pide una mejor acción en el ámbito público. Por ello, la misión del gobierno es apropiarse ahora del concepto de lo público, donde hay muchas deudas históricas. El transporte, la educación, la salud, la seguridad, son ejemplo de ello. El desafío, entonces, es demostrar que tener un Estado eficiente y servicios públicos dignos no es contradictorio con el mercado. Es su complemento. Es ahí entonces donde debe apuntar el discurso y la acción de Piñera en el tiempo que queda. Ser el Presidente que, respetando la iniciativa individual, sea también el campeón de lo público. Y lo debe hacer no sólo porque la gente lo pide, sino también porque el país lo necesita.

Andrés Benítez
Ingeniero comercial