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La nuera de Bachelet

La primera vez que su suegra fue a una elección presidencial, Natalia Compagnon era la polola del hijo de Bachelet, Sebastián Dávalos. Aún no tenía hijos ni terminaba la universidad. Hoy, a sus 30 años, sabe que las elecciones ponen a su familia bajo los focos. Aquí habla de su infancia con su madre y sus tías, de su empresa de consultoría y de cómo es la vida en el clan Bachelet.

por
Marisol Olivares
La nuera de Bachelet

Natalia Compagnon Soto (30) se sube al auto de la empresa de la cual es socia, un Lexus de 2012 avaluado en $ 27 millones, que se hizo famoso en diciembre del año pasado, cuando su marido, Sebastián Dávalos Bachelet, llegó en éste a su casa -que se ubica en el mismo condominio donde habita la ex Presidenta Michelle Bachelet-, mientras la prensa esperaba ansiosa una nueva declaración de la entonces directora ejecutiva de ONU Mujeres. Eran los días en que las visitas de Bachelet a Chile tenían carácter privado y ella aún mantenía el suspenso respecto de si sería o no candidata. El descapotable llamó la atención de los medios y no pasó mucho tiempo para que apareciera el primer reportaje sobre el patrimonio del primogénito de Bachelet. Las sociedades anónimas de éste con su esposa también fueron publicadas. Natalia Compagnon se sintió expuesta.


Esta tarde de abril, apuntando al auto con varias capas de polvo encima, medio en broma, ella dice: “ Entra… Este es el famoso Lexus”. Antes de subirse, saca a Woody del asiento, el protagonista de Toy story, la película de la que sus hijos Damián (5) y Lucas (3) son fanáticos. Al juguete lo acompañan varios otros desparramados por el suelo, una silla de auto para niños, una manta infantil, bolsas de supermercado, remedios, varios paquetes de galletas de agua, un brillo de labios y una crema para el rostro. “El auto es como mi segunda casa, paso metida acá, yendo a reuniones, acarreando a los niños, al trabajo y comprando cosas para la casa”, dice al volante.


Compagnon es desde hace 10 años la pareja del hijo mayor de Bachelet. En la campaña de 2006 se la conoció cuando subió al escenario -junto a la recién electa presidenta y su familia- montado en la Alameda, para celebrar el triunfo. En todo este tiempo, nunca ha querido dar una entrevista. Esta vez accede. Con el anuncio oficial de su suegra de que competirá por la presidencial, Compagnon dice que sabe que este año será difícil; que, aunque no lo busque, ella y su familia estarán más expuestas. Por lo mismo, ya cerró su Facebook.


Con la esperanza de que sea la primera y única vez que tenga que hablar, Natalia Compagnon acepta conversar sobre su vida, de dónde viene, de su familia originaria, de su trabajo, de la relación con su suegra. Hay sólo un tema que advierte no tratará: el 22 de diciembre de 1973, su abuelo, Hernán Soto Soto, desapareció desde el patio de su casa. Nunca participó en política. Hoy, su nombre figura en la lista de detenidos desaparecidos del Informe Rettig. “Es algo que es muy privado, sensible, y por respeto a muchas personas prefiero no tocar ese tema”.


De todo lo demás habla en este testimonio.


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“Conocí a Sebastián (Dávalos) cuando estaba en la Universidad Central. El iba en quinto y yo en segundo. Nos conocimos y nos pusimos a pololear al día siguiente.


Pasar de ser una universitaria a ser la polola del hijo de la ministra de Defensa, y después hijo de la presidenta, no cambió nuestras vidas. Sebastián, al igual que yo, ha sido el mismo. Tenemos el mismo grupo de amigos y tratamos de pasar lo más bajo perfil posible. Nuestra vida no cambió por el cargo de mi suegra.


Mi relación con la política tampoco. En mi casa materna no se habla de religión ni de política. La política no es tema, salvo por la relación familiar que tenemos.


Nací el 29 de marzo de 1983. Cuando era muy chica vivíamos con mi mamá, que se llama Margarita Soto, en la casa de una tía en La Cisterna. Después nos fuimos a vivir las dos solas a Puente Alto. Como mi mamá trabajaba de asistente dental, a mí me cuidaba mi tía. Después, mi mamá empezó a trabajar en administración y hoy es secretaria de la Junji.


Nunca tuve relación con mi padre ni con su familia. Como nunca supe lo que era crecer con un papá al lado, no lo podía echar de menos. Además, tuve una infancia muy linda con una familia tan sólida, con mamá, tías y primos; fue tanto el cariño que tuve que no necesité más. Hoy, cuando veo a Sebastián siendo un padre súper presente con los niños, estoy recién conociendo lo que es un papá… Es muy lindo.


Vengo de una familia tradicional católica. Fui bautizada, estudié en el colegio Santa María de la Cordillera, en Puente Alto, e hice la primera comunión. Más grande me despegué de la religión. Sebastián no está bautizado, ni los niños, ni nos casamos por la Iglesia.


Siempre tuve interés por el área humanista, pensé en estudiar Antropología o Sociología, pero pensando en el campo laboral entré a Derecho con crédito universitario en la Central. A los dos años me salí, no me gustó. Todavía me quedan un par de cuotas por pagar. Me cambié a Ciencias Políticas y mi mamá asumió el costo. Lo que más me gusta de mi carrera es que aborda muchos temas; la malla tiene administración, teoría pública, economía, derecho.


En la universidad tuve muchos amigos militantes de partidos de derecha y de la Concertación. Pero nunca participé en política universitaria. Hoy, ninguno de mis amigos es militante. En los últimos 12 años no he participado en nada que tenga que ver con política.


Mi familia materna es totalmente alejada de la política. Pero para el plebiscito votaron por el No. Yo tenía cinco años y me acuerdo de que escuchábamos los resultados por la tele. Ese día los vi celebrar, pero no salimos de la casa.


En la universidad me iba normal. Mi tesis la relacioné con la participación de la mujer en la política las últimas décadas y el aumento de su participación durante los últimos años. La pasé y eso era lo importante para mí, la escribí y defendí el grado con Damián recién nacido. Era una mamá estudiando que tenía que titularse rapidito”.


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“Michelle Bachelet me produce admiración, respeto y mucho orgullo por su compromiso y dedicación al país. Sin embargo, para mí es mi suegra. La ‘Nini’, como le dicen mis hijos, mi familia.


Los dos primeros años de gobierno de mi suegra fueron complejos y hubo que empezar a acostumbrarse a su nuevo cargo. Pero yo no siento que haya tenido que contener a Sebastián. Porque, como nunca hemos participado en las decisiones de su madre, nos hemos mantenido respetuosamente al margen. Sebastián es como cualquier hijo, preocupado de que a su mamá no le hagan daño, o que se sobreexponga, pero no nos afectó en nuestra relación.


Desde el 27 de marzo, las cosas han cambiado para nosotros, en el sentido de que antes era todo suposiciones y hoy hay una certeza. Es un compromiso que ella asumió con la ciudadanía.


Mi suegra agradeció en el primer discurso el apoyo incondicional que le ha dado su familia. El fin de semana no conversamos del desafío que comienza, sino que tratamos de compartir lo máximo posible como familia. Yo no sabía que mi suegra se iba a presentar finalmente, al menos a mí no me dijo nada.


Como nuera, más que como ciudadana, lo que más me llama la atención es el compromiso tan fuerte que ella tiene con este país, el querer llevar a cabo desafíos y anhelos de la ciudadanía. Es algo que a mí me emociona, me inquieta y me da alegría.


Lo que viene para nosotros como familia es apoyarla, como siempre lo hemos hecho, y transmitirle que nosotros estamos incondicionalmente. Cuando escuché a la gente entonar espontáneamente el Himno Nacional y a mi suegra cantar con ellos, se me apretó un poquito el corazón. Me acordé de cuando ella asumió y de hechos puntuales de la candidatura anterior y su gestión como presidenta.


Yo creo que uno siempre puede dar ideas en una campaña presidencial o en un comando. Aunque aún no nos hemos planteado trabajar en algo específico, ni tampoco nos lo han pedido. Pero siempre está la disposición, para lo que se necesite en esta campaña; yo tengo dos manos para hacer lo que se pueda.


Este fin de semana que pasó fue de relajo. Nos quedamos en Santiago y tratamos de aprovechar cada momento. Estuvimos juntos para mi cumpleaños y para el Conejito de Pascua. Los niños salieron en pijama a buscar los huevitos en nuestro patio y después subieron a la casa de la abuela, que vive al lado. Obviamente, por su casa también había pasado el conejito.


Me parece que pensar en un primer proyecto presidencial donde se ponga fin al lucro en la educación es un proyecto ambicioso; otra cosa es que los planteles que se dedican a la educación, que es un fin en sí mismo, se enriquezcan a costa de sus alumnos y sus familias. Si alguien puede hacerlo, debe hacerlo. Yo estudié en un colegio particular-subvencionado y, viniendo de ese mundo, puedo decir que se deben dar oportunidades a todos por igual. No puede ser que si alguien no puede pagar por un colegio o por una universidad, no tenga el derecho a estudiar. Sí creo que los que puedan pagar, que paguen. Pero al resto se le deben dar subvenciones, becas y ayuda para que puedan seguir estudiando”.


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“Desde que estaba en la universidad he trabajado en el ámbito privado. Empecé con una consultoría por tres meses. Después comencé a generar mis propios ingresos y, con ellos, a pagar mis cosas: la comida, movilización, ropa.


He hecho consultorías y asesorías en el área de minería, negocios y algunas cosas inmobiliarias. Mi forma de trabajo surge a partir de una idea, desarrollarla, ver su viabilidad y llevarla a cabo. Hoy, mi expertise es la gestión de negocios.


Hace poco se publicó un reportaje donde dicen muchas cosas de nosotros como pareja. Y, claro, no es agradable que se digan tantas cosas en los medios, y que de un trabajo profesional que hacemos con mucha gente salgan comentarios malintencionados. Este es un año político y una, lo quiera o no, al estar ligada como familia a una figura política, se ve expuesta. Esta sobreexposición es como cuando uno deja la puerta de la casa abierta y entra cualquier persona, y como no quiero eso, la dejo cerradita. No me siento vulnerable, sólo me resguardo.


El reportaje nació porque Sebastián llegó manejando el auto de la empresa a nuestra casa y afuera había prensa esperando a mi suegra. Encuentro bien impresionante la discusión valórica que se inició a partir de un auto. Si hubiese llegado en uno haciéndose pedazos, el comentario hubiese sido: ‘¡Uy, que le va mal a este tipo!’. Que la discusión de la gente se centre en un auto, encuentro que es digno de estudio.


Una de las cosas de las que se habló fue de la Sociedad Compagnon&Davalos. La formamos para proteger nuestro patrimonio familiar, ya que no pensábamos casarnos. Todo lo que tuviéramos lo íbamos a poner allí. Se criticó porque formar sociedades se usa para evadir impuestos…, pero, claro, nosotros ni siquiera hemos iniciado actividades, entonces ¡cómo! Nos han dicho que tenemos seis sociedades y, efectivamente, las tenemos. Pero sólo en una somos socios los dos; las otras son o de Sebastián o mías. De esas seis, sólo una está en movimiento, que es Caval, donde trabajo.


La oficina de Caval queda en calle Nevería. Trabajamos 10 personas allí. Se dijo que nuestras oficinas estaban en la Torre Santa María, en el piso donde trabaja Belisario Velasco y su hijo. Nunca hemos trabajado en Santa María.


No me dolieron las críticas, sino que se descontextualice mi trabajo por relacionarme con un mundo del que estoy totalmente ajena. No es fácil ni difícil ser familia de un personaje tan potente, pero… si trabajas en el mundo público, eres apitutado; y si estás en el privado, hay tráfico de influencias. ¿Y qué vas a responder tú? Yo creo que Sebastián ha sabido manejar este tema, él lo ha vivido en su fuero más interno. Yo no sé si lo contengo, pero soy pareja: doy ánimo, amor y entrego fuerza. Sebastián es un tipo muy inteligente y lleno de fuerza, no creo que necesite apoyo, sino cariño y alguien que lo entienda. Yo siento que puedo ponerme en sus zapatos y quererlo. Por eso, también, tratamos de no meternos en política.


A mí me encanta lo que hago y en el futuro quiero seguir haciendo lo mismo profesionalmente. No me da susto que esta nueva campaña presidencial interfiera en nuestra vida profesional, que se desarrolla exclusivamente en el mundo privado. Nosotros, pase lo que pase, vamos a seguir haciendo el mismo trabajo”.


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“Desde que mi suegra anunció que sería precandidata a la presidencia ha habido mucha prensa fuera de la casa. Había camiones de televisión, y los periodistas se acercaban a los autos. Damián decía que estaban esperando una entrevista con la Nini. Mi hijo le dice a mi suegra Nini, a mi mamá Ñaña, y a la señora Angela, Nani.


El tiempo que pasó entre que mi suegra llegó del aeropuerto a la casa y el discurso que dio en El Bosque estuvimos juntos. Cuando mis hijos la vieron se alegraron, no la veían desde las fiestas, se abrazaron, se dieron besos y le pidieron ver tele juntos. Se acostaron en la cama de Damián y vieron Bob Esponja y otros monos animados.


Damián se da cuenta de la importancia que tiene en Chile la Nini y disfruta con eso. Cuando la ve en la tele o los afiches, dice: ‘Mira, mamita, ahí está la Nini’. Cuando más chiquitito, en el jardín, él asociaba la bandera de Chile con la Nini. Para el 18 de septiembre le quedó la escoba, pensó que en todas partes había banderas de ella. Las tías me llamaron y me preguntaron quién es la Nini, y les respondí que la abuela. Me volvieron a preguntar: ‘¿Por qué dice que su abuela es la bandera de Chile?’. Y les dije: ‘Tengo que contarles una historia’, que su abuela había sido la Presidenta de Chile. En el jardín no tenían idea.


El año pasado viajamos a ver a mi suegra a Nueva York con los niños. Cuando caminábamos por la calle, Damián no entendía por qué la gente se sacaba fotos con la Nini. Yo le expliqué que era porque en Chile no la veían hace tiempo, la querían mucho y se alegran de verla. El me dijo: ‘A mí me pasa lo mismo, pero no por eso me quiero sacar tantas fotos con la Nini’.


Los niños saben que su abuela fue presidenta y que hoy va de candidata. Pero es difícil explicarle a un niño chiquitito qué es ser presidente. Les hice el parangón conmigo en la casa. Les expliqué: ‘En la casa, la mamá se preocupa de que ustedes vayan al colegio, hagan las tareas, me preocupo de que haya comida, los cuido si están enfermos y pienso en todo para que la casa funcione’. Entonces les dije: ‘Piensa lo mismo, pero en todo Chile. La Nini se tiene que preocupar de que la gente pueda ir a un hospital, que tenga comida, que pueda trabajar y que todos los niños vayan al colegio’. Es algo tan macro que en su cabecita no se lo imaginan”.


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“Mi mamá vive en nuestra casa. Cuando uno es mamá, recién se da cuenta de por qué tu madre es tan importante en tu vida. Sé que nadie más que ella y yo iba a poder cuidar a mis niños. Cuento con todo su apoyo, amor incondicional y ayuda.


No tengo nana. Yo crecí sin nana, así que para mí es lo normal. A mis niños los cuidan mis tías, las mismas que me cuidaban a mí cuando era chica. Con mi mamá y mi tía nos dividimos las tareas de la casa. Yo cocino y mi mamá es la encargada oficial del lavado.


Cuando cumplimos 10 años, con el Seba decidimos casarnos. Fue en octubre del año pasado, nuestro núcleo familiar ya estaba formado. Nuestro matrimonio fue bien hermético, porque hemos sido muy cuidadosos con nuestra vida privada, hemos tratado de no dar lugar a una sobreexposición. Para nosotros, era un paso importante que queríamos compartir con la familia cercana y los amigos de siempre. No somos personajes públicos para que saliera nuestro matrimonio en el diario. En ningún caso lo hicimos para que no se supiera que venía mi suegra; como toda madre, es lógico que estaría el día del matrimonio de su hijo. Fue un tema por nosotros, porque hemos sido así siempre, no queremos dar pie para que se metan en nuestros temas personales.


Mi rutina diaria es correr todo el día. Nos despertamos a las 6.30 de la mañana. Sebastián va a dejar todos los días al enano chico al colegio, que está en prekínder, y a veces voy a dejar a mi mamá al trabajo. De ahí me voy a mi oficina. A las 12.00 se paraliza el mundo, porque Damián sale a las 12.30 del colegio. Corro y me lo llevo para la casa, almuerzo con ellos y después me llevó al más chico al jardín. A las dos de la tarde empieza la jornada de la tarde en mi trabajo, sigo con reuniones y a las cinco partimos a buscar a mi madre, a Lucas al jardín, y nos vamos a la casa. Ahí empieza la rutina de la casa, cocino, los ducho y se acuestan. Con eso ya me dieron las 9.30 de la noche.


Me gusta la relación familiar que tenemos con mis cuñadas, es de mucho apego. A la Sofía la vemos siempre, es increíble. La conozco desde que tiene nueve años, mi vida ha sido con la Sofi. Ha sido mi hermana chica, la adoro. Con los niños es a todo terreno, súper preocupada. Todos los días, después de la universidad, pasa a comprarle láminas para el álbum y se las va a dejar a la casa. Ella es muy cercana a nosotros, cuando quiere va a la casa y comparte con nosotros lo más posible. Y la Pancha (Francisca Dávalos), que está más lejos, cuando nos encontramos es como si la hubiésemos visto el día anterior. Como tía, la Francisca también es súper buena, tiene una relación increíble con los niños. Con mi suegra, la abuela, pasa lo mismo. Podemos no vernos durante meses, pero siempre estamos cerca. Ella es pediatra, pero su preocupación por los niños es desde la abuela, no como la Dra. Bachelet. Ahora, como es doctora, si los niños están con un resfriadito o tos, pregunta cómo se están tratando.


Siempre he sido la misma persona. Me mueve lo mismo que hace algunos años: las mismas prioridades, intereses y mis amigos, que son mis testigos. Mi mejor panorama es la conversa, juntarme a tomar un café con la gente que quiero, visitar a mi familia. Antes jugábamos mucho paintball. Yo ya me retiré de las canchas, pero todavía tengo mis marcadores, mi máscara, mis trajes… Sebastián todavía está presente, pero no tanto como antes.


Con la Nani (Angela Jeria) hemos tenido siempre una relación de mucho cariño, apoyo, ayuda y de estar presentes. Tratamos de almorzar seguido y, sobre todo, vernos con los niños. Estos 10 años hemos creado una relación súper linda. Yo no tuve abuelos, y ella vino a ocupar ese espacio. Ella es una señora que siempre he dicho que está por sobre nosotros. Es una mujer tremendamente buena, íntegra, fuerte, con una energía increíble. Me ha enseñado de todo, como que se puede perdonar, a ser una persona íntegra, sus valores, a disfrutar de la vida.


La Nani habla recurrentemente de don Alberto Bachelet. Imagínate que el amor de tu vida, padre de tus hijos, una persona que admiras y adoras… cómo no va a estar presente. Siempre he dicho que mi abuelo y el abuelo de Sebastián son nuestros dos angelitos que cuidan a nuestros niños. Viniendo de mundos muy diferentes, nuestros abuelos tuvieron una historia muy parecida. Para su familia y para la mía, es algo muy sensible. En mi caso, algo que sigue latente, no se ha cerrado y todavía se llora, pero por un tema de respeto a mi familia no quiero hablar de eso. Es un punto en común que tenemos con Sebastián”.S