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Cultura&Entretención / Pág. 63

La intimidad con que se construye el nuevo ciclo de Los 80

El equipo trabaja “como familia”, y dicen que ahí radica parte del éxito de la producción, que vuelve esta noche a Canal 13.

por
Mauricio Jürgensen
La intimidad con que se construye el nuevo ciclo de Los 80

Juan Herrera pasa a recoger unas fotos. Esas que mandó a revelar al lado de su boliche de ropa usada, en la tienda fotográfica de Mónica. Afuera hay protestas y Carabineros lanza bombas lacrimógenas, y lo más sensato en días como estos es bajar la cortina y partir para la casa. Pero antes de llevarse los negativos, algo pasa. Sus ojos brillan con la mujer detrás del mostrador y se pone nervioso, apenas cruza algunas palabras con ella y se despide conmovido, como con ganas de quedarse un rato más.


Boris Quercia se saca los audífonos y parte al set. Lo mira fijamente y le pide que esa inquietud sea más sutil, que esto que está por pasar, y que marcará la vida de este héroe de la clase media de los 80, apenas se deje ver en la pantalla. Herrera entra de nuevo a la tienda de Mónica. Le pide los negativos, paga con un billete de cien pesos y su mirada esta vez no arroja dudas. Corte. La toma está hecha, todos a almorzar, de vuelta a las 15.05.


Son las dos y media de la tarde de un miércoles cualquiera en el Colegio de las Monjas Argentinas, de Providencia. Este es el día 71 en la agenda de grabación de Los 80, que esta noche estrena el primero de 10 capítulos de su tercera temporada en Canal 13. En las aulas de un edificio que dicen que van a demoler está todo. La tienda de Mónica (un nuevo personaje, interpretado por Berta Lasala) y también la de Juan Herrera (Daniel Muñoz): Modas Herrera, que es uno de los lugares donde se desarrollará la historia de esta familia que forma junto a Ana López (Tamara Acosta). También está la pieza de Martín (Tomás Verdejo) y Félix (Lucas Escobar) y la casa de Paola (Emilia Lara), otro nuevo personaje que pololea con Martín y que lo lleva a conocer la escena contracultural de los 80. Porque esta temporada, que parte con el terremoto de 1985, también mostrará conciertos de Pinochet Boys y Los Prisioneros y hechos como el “caso degollados”.


Juan Herrera saluda a todos y todos lo saludan. Con su chaleco color concho de vino, sus mocasines cafés y su pinta de que no mata una mosca, parte a maquillaje, echa la talla y todos se ríen, y ahí queda claro, para cualquiera que llegue como invitado a esta “casa”, que esto también es una familia.


La familia que desde mediados de 2008 graba Los 80 con particular dedicación. Con “cariño”, como coinciden los responsables de una serie que se graba como una película y que es fruto de una artesanía audiovisual pocas veces vista en la televisión local. “Esto es lo mejor que he hecho como equipo”, cuenta Daniel Muñoz, que es Juan Herrera en pantalla, mientras ataca una cazuela en el catering de las Monjas Argentinas, donde almuerza todo el equipo de más de 40 personas. “Si no fuera así, difícilmente tendría la llegada que ha tenido”.


Ana se pone la chaqueta y está a punto de partir a la casa. Fue un buen día en la tienda donde ahora trabaja con su comadre, Nancy Mora (Katty Kowaleczko). Vendieron dos microondas y eso no es poco para un local que también oferta ropa de cama y muebles para el living.


Pero algo pasa. Llega Gloria (Catherine Mazoyer), la supervisora, y les pide un arqueo de las ventas de la semana, un trámite que las obliga a quedarse un par de horas más. No se lo esperaban. Ana se complica, se imagina el boche que va a armar Juan, y pide permiso para avisar que va a llegar más tarde. La escena es pedestre, casi doméstica, pero emotiva. Corte. “Hecha”, grita el director. Media hora de descanso.


Son las 11 de la mañana en esta locación de calle Arturo Prat, a la altura del 221, en una tienda de antigüedades. Aquí trabaja Ana, que ya no vende tupperwares casa a casa, sino que está contratada en este local. Acosta sale a fumarse un cigarro y acepta un plátano que le ofrece Kowaleczko. Habla con producción y cuenta que seguiría “feliz hasta 1989”, que es el límite cronológico que se ha puesto la producción con esta historia.


Lo confirma Boris Quercia, el padre de esta familia audiovisual, que explica que el proyecto contempla seguir hasta “la llegada de la democracia” y terminar con una película. No tienen plazos, pero sabe que una cosa es clave: mantener el equipo. “Tampoco se trata de que salgamos todas las noches, pero aquí ya hay una sintonía, que hace que las cosas fluyan”, cuenta Muñoz, mientras suena Chinoy en la pausa de las grabaciones y Berta Lasala saluda a los extras de hoy, que son cuatro y que están caracterizados con atuendos ochenteros.


“Es como entrar a una familia nueva”, dice la actriz, sobre una suerte de proceso de admisión que siguen todos los que entran a Los 80. “Hay un trabajo previo para escoger a los nuevos miembros del equipo”, cuenta Muñoz. “Y eso ha sido clave en el éxito. Trabajamos con detalle. Grabamos cinco escenas al día y no 15, como en las teleseries. Se revisa cada toma”. Porque eso es precisamente lo que se siente al otro lado de la pantalla: más que una serie, uno parece entrar a un mundo que no parece de ficción.