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Reportajes / Pág. 10

La historia detrás del nuevo rostro del PC

Camila Vallejo simpatizó con el anarquismo y optó a los 17 años por militar en la JJCC. La presidenta de la Fech se ha transformado en la figura más mediática de las protestas estudiantiles, pero no es quien articula al movimiento ni tampoco tiene su control.

La historia detrás del nuevo rostro del PC

Ningún desconocido pudo acercarse a Camila Vallejo durante la movilización estudiantil del martes pasado. Un cerco de 10 guardaespaldas, algunos de pelo cano y mayores de 40 años, se encargó de impedir el paso a todo transeúnte que se aproximara a saludarla. Parte de los escoltas había cumplido la misma función con un rostro histórico del Partido Comunista, en el cual la vocera de la Confech milita desde los 17 años: el diputado Guillermo Teillier.


La jornada estaba cargada de tensión. Era cerca de la una de la tarde, en la Plaza Almagro se aglomeraban cientos de estudiantes y los grupos más radicales lanzaban monedas e insultaba al presidente del Colegio de Profesores, Jorge Gajardo. “¡Andate de aquí vendido!”. A una cuadra, Vallejo llegaba caminando junto a sus acompañantes a la plaza. Todos los camarógrafos dejaron de filmar a Gajardo y los focos se orientaron hacia la vocera de la Confech. En el cuello ella portaba una cámara antigases, que suele llevar uno de sus acompañantes.


Vallejo permaneció algunos minutos en el lugar y luego caminó en medio de la calle, contra el tránsito, por la calle Arturo Prat hasta la casa central de la Universidad de Chile, en Alameda. Ahí, parada en una silla, lanzó críticas a los grupos empresariales, la familia Aylwin y llamó a mantener las movilizaciones, si el gobierno no respondía las demandas estudiantiles. Terminó alzando el puño y gritando: “¡Hasta la victoria, compañeros!”.


Con 23 años, la presidenta de la Fech conocía bien los códigos de la actividad política. Hija de dos antiguos militantes del PC, Reinaldo Vallejo y Mariela Dowling, vivió de cerca las discusiones sobre el régimen militar y el exilio. Su familia permaneció en Chile sin sufrir detenciones. Su padre estudió teatro, ingeniería mecánica, es dirigente de una agrupación de Pequeños y Microempresarios y posee una empresa de servicios de aire acondicionado, donde trabaja con su esposa, de profesión cartógrafa.


Vallejo pasó su niñez en calle Las Torres, de Macul, y luego se trasladó al paradero 16 de La Florida, donde vive hasta hoy con sus padres. Estudió en varios colegios subvencionados de la comuna, como el Siglo XXI, Puelche y Antilhue. Los abandonó porque a su familia no les convencían o por conflictos que ella vivió. Años después terminó su enseñanza escolar en el Raimapu. Se trataba de un proyecto de formación alternativo que se creó en 1982 y que recibió, en su mayoría, a hijos de opositores al régimen militar.


Hasta allí, la presidenta de la Fech llegaba con ropa de calle y leyó por primera vez a uno de los ideólogos del anarquismo, Mikhail Bakunin. Es uno de los autores que más recuerda hasta hoy. También escuchaba a David Bowie, The Doors y Radiohead.


Su simpatía por estas ideas revolucionarias no se prolongó por mucho tiempo. En su época escolar participó en un grupo de jóvenes anarquistas que se reunían en una biblioteca de La Florida. Sin embargo, optó finalmente por alejarse de ellos e ingresar a las JJCC: se inscribió en la colectividad en 2007, cuando cursaba segundo año de Geografía en la Universidad de Chile.


A Vallejo le daba más confianza y seguridad la estructura de las juventudes comunistas. “Es algo que permanece. Los otros grupos (de izquierda) me parecían poco serios”, ha dicho.


En su discurso de entonces parecía más moderada. No hablaba de gratuidad en la educación como prioridad, sino más bien de la necesidad de establecer un arancel diferenciado. Tampoco escondía su admiración por el Presidente boliviano Evo Morales, no así de Hugo Chávez. “Es más figurín”, ha dicho del venezolano, de quien cuestiona su proceso “revolucionario”.


Aficionada a la pintura, en especial al trabajo surrealista de Roberto Matta y simbolista del austriaco Gustav Klimt, Vallejo pensó en estudiar diseño teatral. Incluso realizó las pruebas para ingresar a esa carrera en la Universidad de Chile. Pero declinó a última hora, por su escaso campo laboral en Chile. Fue así como, en 2006, se matriculó en Geografía, una de las disciplinas de mayor tradición política en la U. Hasta la facultad de calle Marcoleta llegaba en la micro E07 y su profesor Enrique Aliste la describe como una alumna disciplinada y de buen rendimiento. La tesis de grado, que aún no entrega, se titula “La Construcción Social de Riesgo en territorios vulnerables” y es un estudio sobre el efecto que tuvo el tsunami en la geografía social en la región del Biobío.


Con 771 votos -de un total de 8994 sufragios, en un universo de 21547 estudiantes- Vallejo se convirtió en la más votada entre los 25 candidatos para integrar la Fech, lo que le otorgó la presidencia en noviembre de 2010. En su discurso incluyó el concepto de educación pública y la recuperación del rol de la federación en ese debate. También mostró una firme oposición al lucro, al margen de defender la educación como un derecho básico.


Su figura ya era conocida en su facultad, desde que participó en el proceso de reestructuración académica y administrativa que tuvo la carrera de geografía en 2010.


Uno de los puntales de su postulación a la federación fue el también PC y presidente de la Fech en 2010, Julio Sarmiento, quien entonces era su pareja y la ayudó a solucionar uno de los principales problemas que tuvo la candidatura de la estudiante de Geografía: provenir de una facultad pequeña.


“Sarmiento era de una facultad grande, había sido dos veces presidente del centro de medicina, senador universitario y era carismático”, cuenta un ex compañero de la lista de Vallejo, sobre la influencia del dirigente en la competencia por la federación.


Disciplinada, la estudiante pintaba lienzos y su trabajo fue constante para llegar a la Fech. También fue preparada por el PC y antiguos dirigentes de izquierda. Los ensayos se realizaban en la casa de uno de sus compañeros de lista. “Tú eres comunista, ¿cómo afecta eso a la Fech?”, era una de las preguntas que la estudiante debía responder, simulando los interrogatorios a las que sería sometida. Vallejo también leyó libros relacionados con el sistema educacional chileno, entre ellos “Mercado y ciudadanía en la educación”, de Fernando Atria.


Antes de la campaña tenía tiempo para otro de sus pasatiempos favoritos: viajar. Jimena Hevia, amiga suya en Geografía, recuerda las visitas a la playa, a Chiloé y un periplo por Cuba. También las fiestas en el galpón Víctor Jara, en la Plaza Brasil, donde bailaba los temas de “Chico Trujillo”.


Hace casi tres meses, desde que se produjeron las primeras movilizaciones estudiantiles, la dirigenta ha tenido un margen de acción cada vez más estrecho para negociar. El diálogo del PC con Joaquín Lavín avanzó hasta fines de mayo, cuando la dirigenta se reunió con el ex ministro en el Mineduc. Hasta ese momento Lavín y La Moneda apostaban a un acuerdo con los comunistas, que pasaba por dar espacios al partido para posicionar públicamente a la vocera de la Confech y luego avanzar en una negociación de los temas de fondo del conflicto.


Lo que ninguno de los actores previó fue que el PC iba a ser sobrepasado por grupos “ultras”, que controlan la mayoría de las 36 federaciones de la Confech y adhieren a posturas de izquierda más radicalizadas. Fue así como la asamblea del 25 de junio marcó un antes y un después en la conducción de Vallejo.


Los grupos más extremos, bautizados como los “monos” (ver recuadro), tomaron el control de la mesa ejecutiva de la Confech y delinearon una agenda más dura frente al gobierno, incluyendo una reforma tributaria, la “renacionalización” del cobre y la gratuidad en la educación. Uno de los líderes de esta ofensiva afirma que la discusión fue gatillada en buena medida por la incursión de Vallejo en el programa Tolerancia Cero, donde se consideró que había salido debilitada.


Fue su peor momento en la Confech. En la asamblea, Vallejo mantuvo un bajo perfil. La discusión con los grupos “ultra” estuvo a cargo del presidente de la Feusach, Camilo Ballesteros. La duplicidad de roles es bien conocida en La Moneda: la estudiante es el rostro de las movilizaciones, mientras Ballesteros es considerado su articulador y el hombre fuerte de la JJCC en la federación.


Pocos días después del 25 de junio, señalan en el gobierno, el Mineduc le consultó a la presidenta de la Fech si estaba dispuesta a reunirse en privado con Lavín. Su respuesta fue negativa. Para muchos, Vallejo ya no tenía margen de acción. Prueba de ello fue que tras la única reunión que ha sostenido con el ministro Felipe Bulnes, el lunes 1 de agosto, los “ultras” impidieron que hablara “más de la cuenta” con los medios de comunicación. Sólo quisieron que dijera que la propuesta gubernamental debía ser consultada a las bases, donde son mayoría.


Los grupos más radicalizados de la Confech se oponen a la intervención de la plana mayor del PC en el conflicto y sospechan de la influencia que tiene la colectividad sobre Vallejo. No sólo porque el partido ha dado muestras de su interés por entrar al establishment y forjar un acuerdo con el gobierno. También porque las JJCC han construido un férreo círculo en torno a la estudiante. Su secretario general, Oscar Aroca, mantiene un canal directo con Vallejo prácticamente todos los días y actúa como nexo con el timonel Guillermo Teillier.


Otro miembro del círculo de la presidenta de la Fech es el encargado de educación superior de la “Jota”, Juan Urra, un hábil operador del partido y además asesor de Jaime Gajardo en el Colegio de Profesores. Como ejemplo de su ascendencia, cuentan en la Confech, Urra le recordó el lunes pasado los temas que debía tratar con los periodistas tras recibir el respaldo del dirigente sindical Cristián Cuevas. Otra de las líderes comunistas que forma parte de su núcleo y la acompaña en las marchas es Karol Cariola, la encargada de asuntos estudiantiles de las JJCC.


Vallejo suele hablar con orgullo de su militancia comunista, pero ha procurado no exaltar el rol de su partido en el proceso. Un militante juvenil de Concepción cuenta que, horas antes de la asamblea de la Confech que se realizó allá en julio, la dirigenta debió salir encapuchada de una reunión en la sede del PC. “No quería ser cuestionada por su vínculo con la colectividad”, dice.


En la “Jota” señalan que Vallejo se desenvuelve con autonomía, pero admiten que ha recibido clases de oratoria en el partido. No sólo eso: se ha reforzado su formación política como el rostro con más proyección y credibilidad del PC.