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Reportajes / Pág. 12

La historia del panel de Allende que viaja a Venecia

En 1972, Salvador Allende inauguraba una fábrica de paneles prefabricados para construir edificios sociales, la única donación soviética al gobierno de la UP. En la ceremonia, Allende firma un panel de cemento. Tras el golpe, la Junta Militar tapa su rúbrica y lo transforma en una suerte de altar. Luego queda abandonado por décadas. Hace seis años, dos académicos de la UC decidieron investigar este fallido proyecto de fábrica de departamentos sociales. Encontraron el panel en ruinas. Y con su trabajo ganaron el derecho a representar a Chile en la Bienal de Venecia. El panel será parte central del pabellón chileno. Esta es la historia.

por
Ignacio Bazán
La historia del panel de Allende que viaja a Venecia

Ese dIa a Salvador Allende lo llevaron en un tour por la industria. Era un día de primavera de 1972, en Quilpué, y Allende era el Presidente de Chile. Había 20 técnicos de la Unión Soviética, toda la maquinaria era soviética y también estaba el embajador de ese país en Chile. Allende se paseaba preguntando por los botones, las grúas y las manillas. Y se veía contento. La fábrica que le había llegado gracias al Partido Comunista de la Unión Soviética producía enormes paneles de cemento de, aproximadamente, dos metros de alto por dos de ancho. Los paneles, a su vez, se encajaban unos con otros y producían edificios sociales de cuatro pisos. La fábrica, a la que se había bautizado como KPD (gran panel constructivo en ruso), tenía el potencial de construir 1.700 departamentos por año. La suma de varias de estas fábricas podía sacar a Chile del déficit crónico en viviendas sociales. Esa era la promesa.


Allende se tomó fotos con los trabajadores y firmó un panel con el cemento aún fresco. El panel se puso en la entrada de la fábrica, conmemorando el día de la inauguración: 22 de noviembre de 1972. Llegó el Golpe militar, Allende murió en La Moneda y la Armada se hizo cargo del lugar. Al mensaje estampado lo taparon con estuco. Al panel, que tiene espacio para una ventana, lo pintaron blanco y lo dieron vuelta. En el espacio de la ventana pusieron una imagen de la Virgen del Carmen, patrona de las Fuerzas Armadas. Y a cada lado del panel pusieron faroles coloniales. Siete años después, en 1979, la fabrica cerró. Se vendió por lotes. Y el panel quedó ahí, en el piso, hasta que un ex trabajador lo rescató en 2006. Ahora es una ruina.


Y como una ruina, a fines de este mes el panel se sube a un barco con dirección a Venecia, Italia.


Y como una ruina estará en el centro del pabellón chileno, en la Bienal de Arquitectura de Venecia.


La historia del panel la cuentan el arquitecto Pedro Alonso y el diseñador Hugo Palmarola en una oficina del campus Lo Contador de la UC. Ambos son los curadores del pabellón chileno en la bienal, que este año parte el 7 de junio. Los dos decidieron postular al concurso público hecho por el Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, cuando se enteraron de que el tema de la bienal de este año iba a ser “Absorbiendo la modernidad: 1914-2014”. Más que en los arquitectos, esta bienal, curada por el arquitecto holandés Rem Koolhaas, iba a estar enfocada en la historia de la arquitectura del último siglo. El estudio de seis años que ambos habían hecho sobre la fábrica de paneles KPD calzaba perfecto en la temática. Habían escrito papers académicos y viajado a varios países exponiendo sobre el tema. El sistema de paneles, con una realidad única y específica situada en Chile y que en el mundo ha producido 170 millones de departamentos, encajaba con el tema de la bienal de este año.


Hugo Palmarola explica la atracción que puede producir el pabellón chileno: “Es una discusión ideológica interesante. La firma por un lado del panel versus la Virgen por el otro lado. Lo que hace la Armada es apropiarse de la industria, pero también apropiarse del panel, del símbolo. Ya no se puede decir que es el panel de Allende”.


Pedro Alonso lo complementa: “Es un campo de batalla de ambos bandos durante un momento de la historia. El poner a la Virgen en el panel marca que del socialismo se pasa al triunfo del catolicismo. Los candelabros son una especie de guiño a una estética colonial, una suerte de gesto a los campesinos que sufrieron la reforma agraria”.


Por eso, los curadores del pabellón chileno bautizaron su muestra en Venecia como Monolith Controversy: la controversia del monolito. “Poner el panel al centro del pabellón permite discutir la controversia interna de Chile que se proyecta al resto del mundo durante la Guerra Fría”, agrega Alonso.


Además del panel, los curadores chilenos ayudados por Gonzalo Puga (diseño de pabellón) y Martín Bravo (en la identidad visual), van a instalar la réplica del living comedor de un departamento KPD en Viña del Mar. Alonso contó todos los objetos: 514. Todos ellos forman parte de la réplica del departamento de la señora Silvia Gutiérrez, ubicado en la Meseta del Gallo, en Viña. “En los años 50, los rusos proyectaban modelos futurísticos de estos departamentos”, dice Alonso. “Nuestra idea en Venecia es mostrar cómo realmente terminaron estos departamentos. Sin idealizaciones”.

Historia KPD

Los edificios hechos con los paneles se empiezan a esparcir por Europa del Este en los años 50. Se estima que unos 170 millones de departamentos han sido construidos usando este modelo de prefabricación de marcado sello socialista, aunque los soviéticos antes compraron la patente a un francés, Raymond Camus, que había ideado el sistema en 1948. Antes de Chile, los paneles llegaron a Cuba, a principios de los 60, después de las crisis de los misiles y tras el huracán Flora. Los cubanos adaptan los paneles al calor de la isla y los hacen más livianos, para economizar cemento. Por eso su forma cóncava en el exterior. Según la investigación de Alonso y Palmarola, es el terremoto de Chile en 1971 el que hace que la Unión Soviética se decida a donar una fábrica KPD a Chile.


Allende veía a la fábrica como una señal tangible del apoyo que estaba recibiendo del Partido Comunista soviético. Pero fue la única señal. A fines de 1972, en una visita presidencial a la Unión Soviética mostró fotos al gobierno ruso de la inauguración de la fábrica en Quilpué. La idea era demostrar que la ayuda soviética estaba logrando efectos en Chile, pero no obtuvo demasiado. “A los rusos no les interesaba tener dos Cubas y sólo le dieron una ayuda marginal”, dice Alonso.


La gran paradoja es que, a un año de la donación soviética, la fábrica quedó, tras el Golpe, en manos de una Junta Militar, enemiga ideológica del gobierno anterior.


Verne Díaz, quien trabajaba como armador de paneles en KPD, recuerda el día del Golpe. “Llegaron los militares y nos llevaron en camiones Pegaso al estadio Playa Ancha en Valparaíso. Luego nos subieron a los buques de la Armada”.


Los 20 soviéticos que entrenaban al personal de la fábrica fueron expulsados del país, pero el controlador de la fábrica, el capitán de la Armada Roberto Rojas, se dio cuenta de que no podía reactivar la fábrica, ni siquiera con los ingenieros de la marina.


“Nos mandaron a buscar”, recuerda Díaz. “Todos los trabajadores de la KPD volvimos, porque éramos los únicos capaces de operar la maquinaría soviética”.


La especialización los había salvado.


De las cerca de 900 personas que según Díaz trabajaban en KPD, los que tenían supuestos nexos con la UP tuvieron que firmar un anexo en su contrato, que los comprometía a no entrometerse en temas políticos. En paralelo, se ordenó que el panel con la firma de Allende se tapara y que se instalara a la Virgen del Carmen como la imagen visible que reciba a los trabajadores en la entrada de la fábrica. La guerra fría se desataba en un pedazo de concreto.

De la KPD a la VEP

Los cambios no fueron solamente simbólicos. Después de un par de años, la fábrica deja de llamarse KPD y es bautizada como VEP: Viviendas Económicas Prefabricadas. Verne Díaz dice que ese mismo año se despidieron unos 200 trabajadores con supuestos vínculos con el gobierno de la UP, entre ellos, él mismo.


Alonso explica la gran paradoja de los paneles soviéticos: “Aunque la fábrica llegó con Allende, la dictadura se apropió de la industria y terminó construyendo la mayoría de los blocks. El gobierno de Allende alcanzó a inaugurar solamente un conjunto”.


La fábrica llegó a construir 153 blocks de departamentos -de entre 64 a 74 m2- esparcidos en Viña del Mar, Quilpué y Santiago. Pero donde la lucha estética entre Unidad Popular y Gobierno Militar es más fuerte es en la V Región.


En Quilpué está la villa Estero Viejo, donde se construyeron unos 30 blocks de estos edificios. A pesar de que los departamentos aquí fueron entregados durante el gobierno de Pinochet, entre los años 76 y 79, este grupo de edificios podría estar perfectamente en algún pueblo de Europa del Este. La única salvedad son las áreas que rodean las construcciones: sitios secos y eriazos, prácticamente sin áreas verdes cerca.


Paola Castillo, de 35 años, cuenta que llegó al complejo cuando tenía un año de edad. Su padre fue uno de los cuantos carabineros a los que se les asignó un departamento de origen soviético. También hay sectores que fueron asignados a funcionarios de la Armada y de Enami. “En Quilpué hay mucha gente que viene a preguntar por los departamentos porque son muy fuertes estructuralmente. Han resistido sin problemas los terremotos del 85 y del 2010. Ni siquiera les importa que este barrio ahora sea un poco más complicado”.


Según Palmarola y Alonso, ninguno de los 153 edificios prefabricados en Chile ha tenido problemas estructurales. “Es difícil porque cada panel pesa 2,6 toneladas y actúan como soporte de sí mismos”, dice Palmarola. “Los rusos se preocuparon de eso para que los edificios resistieran en las zonas sísmicas de Siberia”.


Los curadores del pabellón de Chile en la bienal explican que después del año 75 el modelo de construcción de la VEP cambió. Los grandes complejos de edificios se siguieron construyendo, pero cada vez menos. En lugar de eso, se empezó a construir a escala más pequeña, en sitios para uno o dos edificios. “Es un enfrentamiento ideológico llevado a la estética”, dice Alonso. “Lo que está en juego es borrar el pecado original socialista. Eliminar una imagen para agregar otra. Una industria que pertenece al Estado y que produce vivienda social choca con la idea de que sean los privados los que se hagan cargo. Por eso cambia la tipología, se empiezan a hacer menos edificios, hasta que se hace económicamente insostenible.”


La fábrica de origen soviético es finalmente cerrada, en 1979. Aún así, quedan paneles en stock para seguir construyendo edificios por un par de años más.


Es el caso de ocho edificios de este tipo que fueron construidos a principios de los 80, en Jardín del Mar, en Viña. A diferencia de los blocks de Quilpué, aquí los edificios están bien mantenidos, con fachada pintada y con áreas verdes alrededor. La tipología de la que habla Alonso. Según la investigación de los curadores, el ADN social de los edificios se empezó a maquillar: se les agregó un quinto piso con un techo de estilo holandés y además, a los departamentos se les agregaron balcones. “La idea es que los vecinos en Viña no supieran del origen, que venía de una industria que se llamaba VEP que producía viviendas con una tipología arquitectónica totalmente distinta”, dice Alonso. “Se cambió la forma de publicitarlos de “un techo digno para los trabajadores” a “Vivir en el sector más exclusivo de Viña del Mar”, agrega Palmarola.


Carlos Zamorano es el conserje del edificio Doña Carmen en Jardín del Mar. Llegó a trabajar al edificio el año 83, dos años después de que el edificio fuera inaugurado. Dice que a pesar de que la mayoría de la gente que compró en esa época lo hizo para tener una segunda vivienda, los vecinos saben de todas formas que sus departamentos fueron construidos por una industria con origen soviético. Y que están contentos por la misma razón que los vecinos de los edificios sociales de Quilpué. “Sus departamentos soportaron dos terremotos y con suerte se les quebraron un par de copas”, cuenta. Luego hace un alcance: “Me acuerdo haber pasado por aquí cuando estaban construyendo el edificio y construían un piso por semana. Si hubiera seguido la fábrica aquí en Chile se acababa el problema de falta de vivienda”.

El regreso del panel

La estructura que viaja a la bienal va con boleto de regreso. Una de las condiciones que Alonso y Palmarola tuvieron que aceptar para sacar el panel del corral municipal de Quilpué -donde fue trasladado por los ex trabajadores de la KPD tiempo después que fue encontrado- fue que la estructura volviera a su lugar de origen.


“El panel va a Italia como ruina porque nosotros no estamos tomando partido”, dice Palmarola. “Queremos que en la bienal sea una estructura que genere discusión. Y que al regreso sean los mismos ex trabajadores de la KPD los que decidan su destino”.


Verne Díaz, quien preside una agrupación de exonerados de la KPD, ya tiene una idea sobre qué hacer con el panel: “Un memorial frente adonde estaba la fábrica”.


Lo que aún no se sabe es si alguien podrá restaurar el texto con el que Allende acompañó su firma ese día de noviembre de 1972. Decía: “Gracias compañeros soviéticos y chilenos”.