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País / Pág. 12

La historia del avión argentino que desapareció en 1950 y que los deshielos devolvieron

La aeronave Avro Lincoln MK II capotó en un frente de mal tiempo con sus 11 tripulantes, mientras viajaba de Río Gallegos a Ushuaia.

por
Gabriela Sandoval
La historia del avión argentino que desapareció en 1950 y que los deshielos devolvieron

Tal como un puzzle, la historia del avión militar transandino que desapareció en 1950 en el Estrecho de Magallanes se ha reconstruido lentamente, pieza a pieza. Al Avro Lincoln MK II, matrícula B-019, se le perdió la pista mientras sobrevolaba la zona de Tierra del Fuego, en la frontera de Chile y Argentina. Pero los deshielos lo trajeron de vuelta, poco a poco.


Fue una mañana de 22 de marzo cuando la nave despegó con 11 tripulantes. No se supo de desperfectos ni reportes de S.O.S. Sencillamente, ni el avión ni sus ocupantes regresaron a la base.


Hace unas semanas, los familiares de las víctimas recibieron la confirmación del gobierno chileno de que los restos del avión siniestrado están en el fiordo Parry. Y lo que quieren ahora, es buscarlos y repatriarlos.


El misterio


Hace más de medio siglo, el bombardero despegó cerca de las 10.00 desde la base aérea de Villa Mercedes, junto a otros dos aviones del mismo modelo, para un sobrevuelo de entrenamiento. Piloteaba el capitán Bautista Mendioroz, quien viajaba con 10 tripulantes: un copiloto, dos navegadores, dos telegrafistas, un mecánico, dos sargentos y dos cabos. Todos de menos de 35 años.


Los tres aviones se detuvieron en Río Gallegos para cargar combustible. Luego, despegaron, con una diferencia de casi cinco minutos entre cada uno, hacia Ushuaia.


Según la información que han recopilado los familiares, las condiciones climáticas eran óptimas. “Ellos estaban volando con un muy buen clima, iban comunicados entre ellos, pero lo que pasó fue que el tiempo repentinamente cambió, las antenas de los aviones se congelaron y el vuelo se complicó”, cuenta a La Tercera el hijo del capitán, Elvio Mendioroz (62).


Dos de las naves lograron capear el frente de mal tiempo que arreciaba en Tierra del Fuego y emprendieron el regreso hacia Río Gallegos. Con las comunicaciones caídas, no lograron contactarse con la nave B-019. “Lo sorprendió la tormenta y lo desvió hacia la zona noroeste, al lado del territorio chileno y este avión, que piloteaba mi papá, desapareció por completo. Lo buscaron por el lago Fagnano, pero no apareció”, añade Mendioroz.


Vestigios


Curiosamente, un 22 de marzo, esta vez de 1983, la nave volvió a hacer noticia. Una expedición que cruzó la Cordillera Darwin encontró vestigios de un avión accidentado en un glaciar. Luego, en 2009 y favorecidos por el deshielo, otra misión halló más evidencias: una hélice, ruedas, fuselaje, relojes de tableros y otros restos de una aeronave dispersos en 300 metros en el área del fiordo Parry. “Buscábamos rutas turísticas y nos encontramos con esto. Fue impactante, porque además de las piezas metálicas, había restos óseos”, dice Rodrigo Fuentes, responsable del hallazgo.


La Fuerza Aérea de Chile abrió una investigación que terminó este año y que confirmó la coincidencia entre la nave desaparecida y los restos materiales hallados. Sin embargo, los resultados de los restos óseos son negativos, pues fueron fechados entre los años 1670 y 1800. “Nos existe ninguna relación entre los restos óses señalados con los pertenecientes a la aeronave argentina extraviada”, aclara la misiva enviada por el Ministerio de Defensa a su par argentino. “Nos quedamos descolocados, apenados y le pedimos al gobierno que se investigue periódicamente el área, hasta que los encuentren y los traigan”, dice Mendioroz.