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Tendencias / Pág. 41

La Haya ordena a Japón poner fin a la caza de ballenas

Corte determinó que práctica japonesa no tiene fines científicos como argumentaba y le ordenó detener las capturas de inmediato.

por
Paulina Sepúlveda

Fue una pelea que ningún país se atrevía a iniciar: detener a Japón en su caza anual de ballenas en la Antártica. Hasta que en 2010 Australia lo hizo. La nación oceánica presentó una demanda en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. Cuatro años después, la CIJ falló en contra de Japón, argumentando que sus capturas no tenían fines científicos como sostenía su Segundo Programa de Investigación sobre Ballenas en el Antártico, llamado Jarpa II.


Japón debe cesar la caza “con efecto inmediato”, dice el fallo, en una determinación irrevocable, de 12 votos a favor y cuatro en contra. “El tribunal concluye que los permisos concedidos a Japón para matar, capturar y comerciar con ballenas en el marco de acuerdo Jarpa II no tiene fines científicos”, dice el veredicto firmado por el presidente del tribunal, Peter Tomka.


A través de un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores, Japón indicó que “está decepcionado y lamenta la decisión”, pero que acatará el fallo.


Jarpa II realizaba estudios sobre el ecosistema antártico y las poblaciones de ballenas, aunque también las cazaba. Eso incluía la captura de 850 ejemplares de ballenas minke (rorcual aliblanco), 50 de ballena jorobada y 50 de rorcual común.


La caza de ballenas con fines comerciales fue prohibida en el mundo en 1982. Sin embargo, Islandia, Japón y Noruega continuaron con la caza a pequeña escala.


En 1987 la Comisión Ballenera Internacional (CBI), organismo creado en 1946 para garantizar zonas de reserva del animal, autorizó a Japón a matar un limitado número de ballenas al año para fines científicos. Se estiman en más de 10 mil las ballenas capturadas entre 1987 y 2009. El problema, dicen los detractores, es que se trata de una actividad que afecta a una especie que produce una cría cada uno o dos años. Tras la captura del animal, Japón comercializa la carne en restaurantes y supermercados, lo que hacía dudar de sus reales intenciones. Datos del instituto nipón para la investigación de los cetáceos, indican que en 2013, la venta de carne reportó 14 millones de euros.


Sin embargo, el país ha defendido la actividad como una tradición cultural. “Japón es una isla, por lo que tomar proteínas del océano es muy importante”, dijo en 2013 el ministro de Agricultura y Pesca, Yoshimasa Hayashi.


Australia


El recurso presentado por Australia en 2010 acusaba a Japón de violar la Convención Internacional para la Reglamentación de la Caza de Ballena, que promueve su conservación y una industria ballenera sostenible.


“Es una decisión histórica. Significa que la caza científica de ballenas no existe”, indicó a la cadena ABC, el ex ministro de Medioambiente australiano, Peter Garrett, uno de los principales impulsores de la demanda.


“La Corte de La Haya hizo lo que la Comisión Ballenera no pudo hacer y dejar al descubierto que no se trataba de un fin científico”, dice Alex Muñoz, director ejecutivo de Oceana.


Rodrigo Hucke, investigador del Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas de la U. Austral de Chile, destaca la decisión. “Ellos utilizaban un subterfugio para realizar programa de investigación con fines científicos, y vendían la carne. Un plato por 100 dólares en Tokio”, dice.


“Es una iniciativa del ministro de Medioambiente Peter Garrett, que comenzó una fuerte campaña durante su puesto en el que se implantó la demanda. Para que las cosas cambien vasta que alguien bien ubicado diga lo que tenga que decir. Ningún otro país se atrevió a algo tan importante, ni EE.UU. ”, dice Hucke.