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Tendencias / Pág. 17

La estrategia para recuperar Torres del Paine

Tras el incendio que afectó al Parque Nacional el año pasado, científicos e instituciones trabajan con novedosas técnicas para acelerar el crecimiento de especies nativas que, como la lenga, demoran hasta 150 años en crecer.

La estrategia para recuperar Torres del Paine

CUENTAN que cuando creían que el incendio estaba controlado, los árboles se seguían quemando. Que la tierra estaba tan caliente que derretía los zapatos de los brigadistas, mientras los árboles se chamuscaban desde las raíces y de adentro hacia afuera. Sólo se veía salir el humo por las ramas.


El mes pasado se cumplió un año desde que se controlara el último incendio que afectó al Parque Nacional Torres del Paine. El siniestro, que comenzó el 27 de diciembre de 2011, duró oficialmente 12 días, aunque algunas zonas se siguieron quemando días después. En total, fueron 17.603 hectáreas, incluyendo 1.702 de bosque nativo, en un incendio que se extendió desde el sector del río Olguín (cerca del glaciar Grey) hasta el área de laguna Verde, recorriendo más de 30 kilómetros.


Los últimos 30 años han sido especialmente duros para este parque nacional. Han sido 44 incendios en tres décadas, que arrasaron más de 30 mil hectáreas, la quinta parte de la superficie total. Especies nativas como la lenga, una de las más afectadas por el último siniestro, son de lento crecimiento y pueden llegaR a tardar 150 años en recuperarse. ¿Cómo se trabaja para recuperar estos bosques? ¿Es posible acelerar los procesos de regeneración?


Desde el año pasado científicos de universidades, ONG y expertos de Conaf trabajan en un “Plan de restauración ecológica” que pueda progresivamente devolverle sus bosques a Torres del Paine. Una tarea nada de fácil, dadas las condiciones climáticas y medioambientales de la Patagonia, que contempla desde aprovechar los remanentes de bosques, hasta la creación de “escudos” capaces de generar microclimas que estimulan el crecimiento de los árboles.

Legados biológicos


Osvaldo Vidal, biólogo y doctor en silvicultura de la Universidad de Freiburg, en Alemania, estaba terminando su tesis sobre el incendio provocado por un turista checo en Torres del Paine el año 2005 y su efecto en los bosques de lenga, cuando se enteró del nuevo incendio en el parque. Cuenta que en esa ocasión, hace ocho años, el fuego destruyó más del 90% de los árboles adultos y que la regeneración disminuyó de 23 mil a mil nuevos árboles. Esto produjo un masivo proceso de invasión de especies exóticas, en particular pastos y arbustos que no pertenecían al ecosistema nativo.


Ahora, de regreso en Chile, este biólogo de Punta Arenas trabaja con la Agrupación Medio Ambiental Torres del Paine (AMA) en un plan de restauración ecológica financiado por el ministerio de Obras Públicas en colaboración con Conaf. La clave de su plan es acelerar la regeneración del bosque imitando sus procesos naturales mediante el uso de los llamados “legados biológicos”, es decir el uso de plantas que acompañan y ayudan a la regeneración del bosque. Hablamos del uso de troncos caídos, arbustos y diferente materia orgánica del suelo, cuya principal función es retener la humedad en los suelos degradados, explica el científico.


Otras técnicas ya están siendo implementadas por Conaf y la ONG Reforestemos Patagonia, que iniciaron el proceso de reforestación en 2012. Conaf plantó 23.000 lengas producidas en su vivero de Puerto Natales, cuyo crecimiento está siendo estimulado con el uso de los llamados “shelter”, una suerte de escudo, que consta de una protección plástica y triangular que crea un microclima en su interior y le permite a los nuevos árboles desarrollarse mejor.


Junto a estas técnicas AMA incluirá en su propuesta la importancia de los bordes de los bosques, un aspecto descubierto recientemente por los expertos. Esto porque el límite entre el bosque sano y el bosque quemado posee condiciones de luminosidad intermedia y legados biológicos bajo los que los nuevos árboles de lenga crecen mejor.

Baja resiliencia


La principal dificultad que se busca superar con estos procedimientos es la baja “resiliencia” las especies nativas: la lenga y el coigüe de Magallanes, por ejemplo, sólo rebrotan a través de semillas, las que tienen escasa o nula regeneración tras incendios severos. Por su parte en el caso del ñirre, que sí tiene alta capacidad de rebrote, no se detectó ninguna regeneración en las zonas quemadas del incendio pasado, según detalla un informe de la U. Austral que analizó la severidad que tuvo el fuego.


A esto se suma evidencia publicada en la revista Nature en octubre del año pasado, donde un equipo interdisciplinario de Nueva Zelanda, Argentina y Chile demostró una disminución en el crecimiento de tres especies de la Patagonia, entre ellas el coigüe de Magallanes, en correlación al aumento del índice de oscilación antártica (AAO). Este índice de variabilidad en la circulación atmosférica hemisférica tiene como resultado un aumento en las temperaturas en la Patagonia, lo que produce una “inusual” (como describe el artículo) disminución en el crecimiento arbóreo, según el investigador de esta publicación, Juan Carlos Aravena.


Paralelo al trabajo de AMA, que comenzará su plantación a mediados de marzo, Conaf y Reforestemos Patagonia se encuentran ahora en un proceso de análisis de los terrenos del parque para la reforestación de este año, la que comenzaría en abril. Marzo y abril son los meses más lluviosos, factor que todas las instituciones involucradas quieren aprovechar al máximo.