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País / Pág. 24

La cruzada por el Forestal

Aburridos por lo que consideran un “mal uso” del parque, un grupo de vecinos levantó su voz para exigir una mejor administración del espacio. La Municipalidad de Santiago los escucha.

por
Benjamín Blanco
La cruzada por el Forestal

La última remodelación del Parque Forestal fue controvertida. El proyecto, presentado por el ex alcalde Pablo Zalaquett a fines de 2010, pretendía, además de mejorar luminarias y el mobiliario urbano, pavimentar un espacio de 1.700 m2 frente al Museo de Arte Contemporáneo e instalar adoquines en las cercanías de la Fuente Alemana, entre otros puntos.


Los vecinos del barrio, hasta ese instante más cercanos a la desorganización que a la estructura, manifestaron su oposición. Asambleas, reuniones, llamados telefónicos y una mesa técnica con la municipalidad allanaron el camino para que el plan fuera modificado: se hicieron las mejoras, pero no se instaló concreto. Primó el parecer de los vecinos.


Ese episodio fue la génesis que derivó en el “Comité de adelanto del Parque Forestal”, una agrupación de 80 residentes que actualmente continúa participando en mesas técnicas con la municipalidad. Ha sido precisamente en esa instancia donde han mostrado su descontento con la forma en que se realiza la mantención de la centenaria flora del parque y con la ausencia de una norma que regule el uso del espacio.


Según la observación de Héctor Reyes, presidente de la Asociación Chilena de Profesionales del Paisaje e integrante del comité, un 40% de los árboles del espacio están en peligro por una mala mantención, arrastrada por años.


“Han existido intervenciones poco felices. Hemos acortado el período útil de los árboles generalmente por malas podas (…). Quizás nos quedamos cortos en la estimación, pero no podemos cambiar el 40% de la flora, hay que ver lo urgente”, dice Reyes.


Según comenta Daniel Pla- tovsky, empresario y actual presidente del comité, “la gente ha tomado conciencia de que si el parque no existe, el barrio se muere”. Detalla que se armó una red transversal, con juntas de vecinos y organizaciones gremiales para “proteger” el lugar. Y la actual alcaldesa, Carolina Tohá, ha estado abierta a conversar con ellos. “Casi todos los meses nos reunimos”, dice.


Desde la municipalidad ratifican estos encuentros. “Hay reuniones formales una vez al mes, pero en la práctica son más”, comenta Bernardita Lorenzini, coordinadora de Vía y Espacios Públicos de la Municipalidad de Santiago. “La buena relación con el comité se enmarca en un proyecto integral para darles apoyo a los vecinos de sitios emblemáticos de la comuna”, agrega.


El comité, que cuenta con una directiva de cinco personas, plantea tres pilares para “mejorar” el tradicional espacio: realizar un diagnóstico de la situación de la flora y los monumentos, que ratifique las observaciones preliminares de Reyes; regular el uso del parque y la convivencia de los distintos grupos que lo utilizan y aumentar la seguridad del entorno. Con esto, dicen, el lugar puede convertirse en lo que soñaron sus fundadores, en 1905.


“Llegamos a un acuerdo con el municipio para realizar una licitación pública y hacer el diagnóstico este año. Una vez hecho esto, se va a pedir un plan maestro de mantención”, dice Pla- tovsky. Agregan en la agrupación que los árboles menos longevos viven 100 años, un período incomparable con los cuatro años que duran los gobiernos comunales. “Tiene que existir un criterio de mantenimiento que permanezca en el tiempo”, dice Rosa María Bulnes, socióloga, también integrante de la directiva.


Respecto de regular el uso del parque, la agrupación propone un reglamento, norma similar a la que se usa en el Central Park de Nueva York, que evite, por ejemplo, conciertos masivos y lo que consideran “la lucha de las tribus urbanas por el espacio”.


“La ferias de las pulgas, gente que hace batucadas, otros que vienen a consumir marihuana, y gente que quiere pasear o leer un libro. Las tribus luchan por usar espacio, como nadie regula, el parque paga la cuenta”, describe Platovsky. Bulnes añade que esto también influye en el problema del mantenimiento, ya que “viene gente que hace acrobacia en los árboles, quiebran las ramas”.


El tercer punto es la seguridad, pero apuntada al uso correcto de las instalaciones del parque. “La municipalidad instituyó un sistema de guardaparque, una suerte de fiscalizadores y educadores del uso del parque. Hay que enseñarle a la gente a usar el parque. Más que ir con un palo, el guardaparque va y le explica a la gente que no puede estar colgando en el árbol. Y ellos en contacto con carabineros”, dice Platovsky.


Sobre este punto, Lorenzini detalla que estos funcionarios comenzaron a operar en diciembre. “El parque tiene un montón de usos para lo cual no fue creado. En esa lógica insertamos los guardaparques”, dice.


Respecto de la licitación del diagnóstico, agrega que la idea es “hacer un diagnóstico profundo y complejo, para realizar un plan de mantención para los próximos 10 o 20 años”.