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País / Pág. 11

La cazadora de la chinita arlequín

Audrey grez es bióloga y llama por Twitter y Facebook a eliminar al insecto, también llamado harmonia axyridis, que hoy actúa como una plaga en la zona central. Este año ya hay 5.000 hallazgos y hasta ahora no hay fórmula de exterminación.

por
Jorge Ramírez
La cazadora de la chinita arlequín

Más de 1.700 usuarios siguen en Twitter a la chinita arlequín, y otros cientos en Facebook.


Pero los creadores del registro no llaman a que se les unan en las redes sociales por una afición a la estética de las chinitas tradicionales o un gusto por estos insectos: “Harmonia axyridis es invasora con potencial para desplazar a nuestras chinitas nativas. Hiberna en las viviendas. Si la has visto infórmanos”, se lee en la cuenta @coccinelidos.


No tratan de alarmar, pero desde el equipo de la doctora Audrey Grez, directora del Laboratorio de Ecología de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile, admiten que “estamos preocupados”.


Grez se dedica a estudiar a las chinitas desde 1990, gracias al apoyo de proyectos Fondecyt. Su oficina se asemeja a un dormitorio de niños, adornado con suvenires de estos insectos en su ventana, escritorio, lápices y paredes. El fondo en la pantalla de su PC es fácil de adivinar.


En la sala contigua, un recinto con dos ayudantes y, 30 metros más allá, un laboratorio con una alumna tesista y un insectario con tres cajas transparentes. En dos de ellas hay chinitas tradicionales, pero en la tercera, la amenaza.


En 2008, luego de 10 años de haber tenido noticias del primer ejemplar en el país, descubrieron que la arlequín no estaba de paso: se había instalado en Chile. Desde entonces “ha tenido un incremento exponencial. Es absolutamente invasora y no existen métodos de control específicos para ella en el mundo”, dice Grez.


Pero el problema de la especie no es sólo su presencia: “Consume a sus competidores y puede reemplazar a las especies nativas”, agrega la magíster en Ciencias Biológicas.


El crecimiento de la chinita arlequín tiene respaldo estadístico, señala. Hasta 2008 había 70 reportes sobre el insecto, pero desde ese año hasta 2010 hubo 1.200. “Peor aún, en 2011 hay 5.000 registros, focalizados entre la Región de Valparaíso y la zona norte de la de O’Higgins”, dice. “Están en todas las comunas de la Región Metropolitana”, añade.


“Este año quisimos hacer más sistemática la búsqueda y creamos la página en Twitter y Facebook, y la gente insiste en reportarnos los hallazgos”, sostiene Grez.


Para llevar un registro sobre la presencia de la especie en Chile, y, finalmente, colaborar en su caza, “les exigimos a quienes hacen un reporte por el sitio web que manden una fotografía del insecto”, explica la profesora.


En las imágenes enviadas por los afectados se ven sectores de hogares plagados del insecto. El equipo que investiga el fenómeno descubrió que tiende a ingresar en espacios cerrados, a diferencia de las chinitas que hasta ahora había en el país. Lo hace cuando hay temperaturas extremas en la intemperie, “particularmentre al comienzo del otoño”. El problema es que “secretan líquidos que tiñen las paredes y las cortinas de las casas y, además, muerden y pueden producir reacciones alérgicas, por eso hay que eliminarlas”, sostiene.


La chinita perseguida es de origen asiático, “tres o cuatro veces más grande que la chinita normal, y eso mismo se relaciona con su tremenda voracidad”. Además, consume frutos blandos, como la uva, permaneciendo en el racimo y “se ha demostrado científicamente que cambian propiedades como, por ejemplo, el sabor y el aroma del vino”. Lo positivo es que “es un excelente controlador de plagas”, dice Grez.


El insecto entró al continente por el este de Estados Unidos, pasando a Brasil, Perú, Argentina y Paraguay, y en los últimos años a Uruguay y Chile.