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Cultura&Entretención / Pág. 58

La batalla más difícil de Christopher Hitchens

Ateo rabioso y provocador profesional, el autor de Dios no es bueno sufre de un agresivo cáncer. Solo tiene 5% de posibilidades de vivir.

por
Roberto Careaga C.
La batalla más difícil de Christopher Hitchens

Es pan de cada día para Christopher Hitchens (61): alguien se le acerca, generalmente un desconocido, lo saluda, se lamenta por el cáncer que lo tiene en las cuerdas y le pregunta: “¿Ahora vas a cambiar de opinión?”. Se lo toma a la ligera. Es una de las consecuencias de haber sido el más público y rabioso ateo de Occidente de la última década. Otra de las tantas secuelas de haber escrito un libro llamado Dios no es bueno y de relatar mes a mes en diarios, revistas y a veces en la televisión, los avances de su quimioterapia. Hay más: un grupo de católicos reza en cadena por el escritor británico todas las semanas.


Si pudiera, Hitchens se lanzaría al contraataque: visitaría hospitales en busca de agonizantes católicos y, como escribió, les haría una propuesta de último minuto: “Ok, te quedan pocos días de vida, no tienes por qué seguir siendo un siervo de Dios, sólo tienes que reconocer que la faramalla de los curas era una estupidez”.


La fiesta sigue


Hitchens se está muriendo. Desde junio del 2010, cuando le diagnosticaron cáncer al esófago con metástasis, su salud no ha mejorado. Lleva varios meses en la fase cuatro del cáncer (no existe una quinta), pese a un tratamiento experimental al que está sometido. En enero pasado colapsó; la muerte estuvo en su puerta. Pero el humor, ese corrosivo y a ratos cruel humor que lo ha hecho famoso, no lo pierde.


“Soy miembro de la elite de los cancerosos, miro con desdén a la gente que tiene un cáncer con mejor pronóstico”, le dijo al programa 60 Minuts, de la CBS, la semana pasada, con una sonrisa irónica y un vaso un whisky doble a la mano. Etiqueta negra, como le gusta.


Troskista en sus días en Oxford, con los años, como dijo Julian Barnes, realizó un “ritual desplazamiento hacia la derecha” llegando a apoyar la invasión de EEUU a Irak tras el atentado a las Torres Gemelas. Bebedor y fumador orgulloso y amigo fiel de Martin Amis, Hitchens viene agitando la discusión política anglosajona y cultural desde hace 30 años. Ha atacado, entre otros, a Henry Kissinger, Bill Clinton, Mel Gibson, Michael Moore y la Madre Teresa de Calcuta.


Hitchens repasó sus polémicas en Hitch 22, un volumen de memorias, ensayo político y disparos varios, que este año publicará editorial Debate en español. En el prólogo anotó que lo motivaba el ansia de dejar un testimonio de su vida antes de que fuera “demasiado tarde”. En ese momento, aún no tenía noticias de que en su esófago crecía un cáncer.


En junio de 2010, en una gira de promoción por EEUU con Hitch 22, se sintió mal. “Sabía que algo andaba mal. Pero me decía que al terminar la gira vería un doctor”, contó. No alcanzó: en Nueva York fue internado de urgencia. Un oncólogo pidió muestras para una biopsia para confirmar las sospechas. Días después, estuvo en el late show de Jon Stewart. “¿Como estás?”, le preguntó el conductor sin noticias de su paso por la clínica. “Es pronto para saberlo”, respondió.


Hitchens siguió en gira: Florida, Chicago, Filadelfia y Boston. Ahí se detuvo. Ahí se desmayó en el aeropuerto y, pocas horas después, le extraían un tumor. A las tres semanas, Hitchens empezaba un tratamiento de quimioterapia. Hoy está más flaco, perdió casi todo el cabello y el pronóstico dice que hay un 95% de posibilidades de que no se recupere. “Me petrifiqué de susto”, dijo.


Dueño de un departamento en Washington, Hicthens pasa casi todo el día puertas adentro. Ya no fuma. No todo ha cambiado: en sus entrevistas con 60 Minuts el escritor siempre tenía un vaso de whisky. Tampoco ha dejado de escribir: “Escribir no es lo que hago, es lo que soy”, aseguro Y algo más: “Todos los días hago preparativos para vivir y para morir. Pongo más énfasis en no morir”.


Oficialmente al borde de la muerte, Hitchens no tiene nada de agonizante. En febrero se lanzó en picada contra la película El discurso del rey por “falsificar la historia”. Todas los meses entrega artículos para The Atlantic Monthly y Vanity Fair, y semana a semana aparece su columna en Slate.com. La última, con fecha de 7 de marzo, por supuesto era sobre Gaddafi y la crisis de Libia. El mundo no se detiene y Hitchens lo sabe. No hace mucho, decía que sentía que alguien le estaba diciendo al oído: “Tengo malas noticias. La fiesta sigue, pero tú tienes que irte”. Para Hitchens hay una opción peor: “Esta fiesta durará para siempre y no te puedes ir. El jefe (Dios) espera que lo pases bien”.