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Cultura&Entretención / Pág. 78

Jorge Marchant trabaja en nueva novela y enfrenta su enfermedad

El escritor asesoró la exitosa puesta en escena basada en su libro Sangre como la mía.

por
Rodrigo Alvarado
Jorge Marchant trabaja en nueva novela y enfrenta su enfermedad

En su pequeño y acogedor departamento frente al cerro Santa Lucía, Jorge Marchant Lazcano (60) se las ha arreglado para distribuir ordenadamente sus libros, sus cuadros y su trabajo. Literatura latinoamericana, estadounidense, chilena y biografías a la derecha. Retratos de James Dean y otras estrellas del cine a la izquierda. Su computador sobre la mesa, en una esquina.


Entre sus adquisiciones recientes está Raro, de Oscar Contardo, una contundente mirada a la historia de la homosexualidad en Chile, que en los últimos años ha sumado párrafos de, por ejemplo, activistas como Víctor Hugo Robles o el mismo Marchant Lazcano, con su ficción más autobiográfica, Sangre como la mía (que será reeditada en marzo por Tajamar). En Raro, el autor de Me parece que no somos felices (2002) entrega su testimonio, el de una persona de orientación homosexual que vive con VIH hace 16 años.


“Fue difícil leerlo, pero hay que entender que es una enfermedad crónica que la vas a adquirir o no. No hay que estigmatizar ni segregar”, dice, “por otro lado, me impactó mucho el libro, porque me di cuenta de cómo lo que Oscar contaba desde la historia estaba en la ficción de Sangre como la mía. Estamos haciendo una construcción de una pequeña historia, rescatando voces de personas que estuvieron obligadas a vivir en un ocultamiento espantoso”.


Uno de los dibujos de James Dean que adornan su muralla se lo regalaron en el estreno de Sangre como la mía. En la obra dirigida por Jimmy Daccarett , el escritor asesoró al dramaturgo Juan Claudio Burgos. Y la despojada versión teatral de su novela, donde los actores alternan las voces de una generación oculta de homosexuales en los años 50 con otra que cuatro décadas más tarde convive abiertamente con el sida, extenderá durante dos semanas sus funciones por éxito de público.


Para el autor, que supo de de éxitos teatrales (Ultima edición, dirigida por Fernando González en 1983, entre otras), “es lejos lo mejor que me ha pasado en el teatro”, asegura. “La ha visto un público muy amplio, al parecer hay una necesidad de comprender esta historia. Para mí era un deber moral, cultural y sexual hacerla, sobre todo porque en los 80 no fui capaz en mi obra de enfrentarme honestamente a la temática homosexual. Había que ser muy fuerte”.


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En la vida de Jorge Marchant Lazcano, las cosas también están en orden. Casi cerrando un círculo que el escritor prefiere no forzar. A más de 30 años de publicar su primera novela, La Beatriz Ovalle (Buenos Aires, 1977), editorial Uqbar la reeditará con algunas correcciones y un nuevo prólogo.


“Estoy haciendo todos los mea culpas de lo mal que se trabajaba en esos años. Los libros salían por milagro, se publicaban sin sugerencias, recomendaciones ni intervenciones. La leí ahora y la encontré muy sucia, pero no quise intervenirla mucho para que no perdiera la esencia de un texto escrito a los 27 años”, explica.


Marchant Lazcano dice que se siente maduro en su escritura, que su paso por la televisión en los 80 y 90, como guionista de teleseries como Borrón y cuenta nueva, le sirvió para foguearse y escribir novelas como El amante sin rostro (2008), y que esa seguridad le permite enfrentarse a otros importantes tópicos de su vida, que abordará en su próximo libro.


En su computador ya hay líneas escritas de La promesa del fracaso, título tomado de una cita del escritor Richard Yates (Vía revolucionaria) para una novela que vuelve a la formación de los suburbios santiaguinos en los años 50, como Las Condes, comuna donde el autor vivió su juventud.


“Quiero plantear la ignorancia de las clases medias chilenas frente a lo diferente, a través de la dinámica que se crea entre una familia judía y su entorno, que los mira como seres de otro planeta”, apunta. “Ahora son los peruanos, los chinos y los coreanos los que viven el racismo que crea una sociedad excluyente, con gente que repite y repite por años los mismos códigos. Esa es la gran tragedia de Chile”, afirma.