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Tendencias / Pág. 14

Joanna Moncrieff:La enemiga de los antidepresivos

La académica británica, que se ha dedicado a investigar el uso de las drogas utilizadas en tratamientos siquiátricos, no está convencida de que estos fármacos curen desbalances químicos y sí cree que pueden tener efectos muy nocivos, por lo que tiene una cruzada en su contra.

Joanna Moncrieff:La enemiga de los antidepresivos

Hoy en día tomar un remedio cuando estamos deprimidos parece bastante normal. Según la compañía IMS Health Chile, el año pasado los chilenos consumieron casi 11 millones de fármacos como antidepresivos, antisicóticos y benzodiazepinas para tratar problemas sicológicos. Una tendencia al alza, que se viene dando en varios países desde hace décadas.


Por esto, mientras estudiaba Siquiatría en la Universidad de Newcastle en los años 90, Joanna Moncrieff se interesó en la forma en que los médicos trataban los trastornos comúnmente denominados como “enfermedades mentales”. No le gustó lo que vio, y llegó a la conclusión de que los doctores, las organizaciones médicas, los medios y en particular las compañías farmacéuticas han convencido al público de que enfermedades como la depresión, la esquizofrenia, el déficit atencional y el trastorno bipolar son producto de una anomalía a nivel cerebral que puede ser tratada y mejorada a través de drogas específicas, es decir, que los sicofármacos curan algo que está funcionando mal a nivel biológico, en el cuerpo. Es lo que ella llama el modelo centrado en la enfermedad. “A veces se dice que es un desequilibrio químico, otras veces que son redes neuronales anormales, pero se trata de la misma idea: que los medicamentos ayudan a normalizar o regular el cuerpo de alguna manera”, explica la siquiatra. Sin embargo, según ella, “la evidencia al respecto no es en ningún caso concluyente”.


La profesora de Siquiatría en el University College de Londres (UCL) se ha dedicado a divulgar otro punto de vista, que ella ha llamado “el modelo centrado en las drogas” que sostiene que estos remedios no revierten un problema biológico, sino que sólo enmascaran los trastornos siquiátricos, muchas veces con un costo alto: “Estos fármacos son un tipo especial de droga, porque afectan al cerebro y nuestras formas habituales de pensar y de sentir. No ayudan a ‘normalizar’, sino que las propias drogas crean un nuevo estado anormal, que se superpone al original, pero anormal al fin y al cabo”.


A fines del año pasado lanzó su primer libro en español: Hablando Claro. Una introducción a los fármacos siquiátricos. Antes ya había publicado libros como The Myth of the Chemical Cure y The Bitterest Pills, causando gran controversia en la comunidad médica. En ese mismo contexto, fundó la agrupación Critical Psychiatry Network, compuesta por médicos que apoyan su misma postura. Según explica, los siquiatras adoptaron un modelo centrado en la enfermedad porque los ayudó a legitimarse. “Ellos siempre han estado inseguros acerca de su ‘estatus médico’ y sobre su autoridad en el tratamiento de los enfermos mentales. Siempre han querido hacer las cosas en el modo que los otros doctores lo hacen; si tú miras el resto de las drogas en el mundo médico, estas sí funcionan bajo un modelo centrado en la enfermedad y los siquiatras quieren pensar que funcionan igual”. Ahí, dice, encontraron además un aliado: “La industria farmacéutica ha promovido este modelo porque es un negocio muy lucrativo: la gente rápidamente se vuelve adicta y la sobreprescripción de drogas siquiátricas es muy frecuente”.


-¿Y qué ocurre con los pacientes?


-Las personas buscan soluciones rápidas a los complejos problemas de la vida. La gente siempre ha andado tras “pociones o pastillas mágicas” para los problemas sicológicos y físicos. Hay quienes prefieren creer esta teoría porque es mucho más fácil pensar que hay algo funcionando mal en mi cerebro que el remedio corrige que aceptar que hay algo mal con mi vida y tengo que yo solucionarlo y hacerme cargo.


Pero las personas afirman que se sienten mejor cuando toman los remedios.


-Por supuesto, muchos pacientes sienten que las drogas les hacen mejor. Es por esto que necesitamos ensayos controlados con placebo, para ver si son realmente las drogas o más bien la creencia de que el medicamento funciona. Hasta ahora, los ensayos clínicos serios -sin la influencia de las farmacéuticas- muestran que hay una diferencia mínima entre los efectos de los antidepresivos y el placebo, por ejemplo.


Según esta siquiatra, no hay evidencia fehaciente de que exista algún “desbalance químico”, ni en la depresión ni en ningún trastorno siquiátrico conocido. “Cuando los antidepresivos ISRS comenzaron a comercializarse, se sugirió que la depresión era causada por niveles reducidos de serotonina; sin embargo, los estudios son completamente contradictorios”. Hoy, dice Moncrieff, los expertos admiten que no se han establecido vínculos entre la serotonina y la depresión, “y tendrías muchísimas dificultades para encontrar a cualquier siquiatra o farmacólogo que defienda esa teoría”.


-Si no revierten un desbalance químico, ¿qué hacen en concreto, por ejemplo, los antidepresivos?


-La mayoría hace que la gente se sienta un poco aletargada y emocionalmente inhibida y aunque amortiguar las emociones puede hacer que la gente se sienta un poco mejor por un tiempo, ese efecto a largo plazo puede ser un obstáculo para una buena y completa recuperación. Esto sería coherente con la evidencia de que las personas tratadas con antidepresivos tienen resultados pobres si los sigues durante meses, como lo demostró el estudio STAR*D (Sequenced Treatment Alternatives to Relieve Depression) del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos.


-¿Quién debería tomar estas drogas, cuándo y, en especial, por cuánto tiempo?


-Depende de la droga y de la situación. Los fármacos antisicóticos pueden ser útiles en casos de síntomas sicóticos agudos. Las personas que tienen esos síntomas en forma continua sí podrían beneficiarse de tomarlos a largo plazo, pero las nuevas evidencias sugieren, sin embargo, que para la mayoría de la gente es probablemente mejor tomar estos medicamentos sólo por períodos cortos en vez de indefinidamente como hacen muchos, porque tienen efectos peligrosos y desagradables, como la discinesia tardía, que es una forma de daño cerebral; el encogimiento del cerebro, el aumento de peso, la diabetes o la impotencia.


Las benzodiazepinas, que son efectivos sedantes, también pueden ser útiles si alguien está sumamente agitado o agresivo, o para ayudarles a dormir, pero el uso a largo plazo conduce a la tolerancia (el medicamento deja de actuar) y a la dependencia.


-¿Y cuáles serían los efectos dañinos de los antidepresivos?


– Pueden causar disfunción sexual, agitación, aumentar los pensamientos suicidas, especialmente en los jóvenes, y provocar síntomas de abstinencia prolongados en algunas personas después de la interrupción. Por lo general, todos estos fármacos se experimentan como desagradables, la gente se siente “emocionalmente vacía” y causan deterioro cognitivo en los controles normales.


-¿Cómo ha reaccionado la comunidad médica a su mensaje?


-Los siquiatras, al menos en el Reino Unido, están mejorando en establecer un diálogo con los pacientes y ayudarles a encontrar los tratamientos que más les convienen, porque hay un mayor reconocimiento de los efectos adversos de los fármacos siquiátricos. Sin embargo, creo que el modelo centrado en las drogas es demasiado difícil para ser adoptado plenamente en el corto plazo, porque la mayoría de los siquiatras en el mundo basa su práctica médica en la prescripción de estos fármacos. La mayoría de ellos quieren creer que están tratando enfermedades reales y emular a sus colegas de la medicina somática. Se sienten incómodos con la idea de que la práctica siquiátrica se trate en realidad sobre el uso de drogas que alteran la mente para modificar el comportamiento no deseado.


-¿Y qué pueden hacer los pacientes?


-Necesitamos un cambio de cultura. Lo más importante es resolver el problema de la vida que ha llevado a la depresión, u otro trastorno, en primer lugar. Esto puede implicar terapia, apoyo en el trabajo, en los estudios y muchas otras cosas. Estos apoyos y servicios no son necesariamente proporcionados por los servicios de salud, hay otras alternativas. Hay que contribuir a que las personas puedan encontrar sus propias técnicas para el manejo de su condición, en el largo plazo. La terapia cognitiva conductual podría ayudar a algunas personas, pero el apoyo social, familiar y laboral son igual de importantes.


-¿Por qué ha aumentado el diagnóstico del trastorno bipolar?


-El trastorno bipolar, que es otro nombre para la “enfermedad maníaco depresiva”, solía describir una condición muy seria caracterizada por episodios de manía o sicosis severa y que por lo general requería hospitalización. En los últimos años, ha empezado a crecer la idea de que el trastorno bipolar es más común y que podría consistir simplemente en una tendencia a los cambios de humor. Dado que todo el mundo experimenta cambios de humor, cualquier persona puede ser potencialmente bipolar. Así, de ser una enfermedad rara que afectaba como máximo al 1% de la población, hoy se habla de que un 24% de la población estaría dentro del llamado “espectro bipolar”. En mi opinión, esto es sólo otra manera de vender fármacos de alto costo, “medicalizando” las dificultades personales y sociales, tal como antes se hizo con la depresión.


¿Eso significa que hay un sobrediagnóstico de problemas mentales?


La industria farmacéutica está siempre en busca de oportunidades para jugar con el sentido de “inadecuación” de las personas y sacar provecho a la tendencia humana de buscar pociones mágicas. En una sociedad cada vez más desregulada, competitiva, agresiva y desigual, la gente es especialmente susceptible a las falsas promesas de que tomar una píldora los hará más exitosos y más funcionales.