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País / Pág. 28

Fernando Droguett: “No soy una víctima del movimiento, fue un accidente”

Se matriculó para volver a clases en el Liceo Amunátegui, donde resultó quemado en julio del 2011, pero su tratamiento lo impide.

por
Marcela Andrés
Fernando Droguett: “No soy una víctima 	del movimiento, fue un accidente”

Una calavera mexicana pintada de verde es uno de los dibujos que guarda Fernando Droguett (16). Cada trazo es parte de un esfuerzo, de ejercicios que le permitieron recuperar la movilidad de sus dedos. Manos y cuerpo que ahora son protegidos por un traje especial.


Fernando era uno de los muchachos que el martes 12 de julio de 2011 estaba en la toma del Liceo Amunátegui, como lo venía haciendo desde el inicio de las movilizaciones estudiantiles. Hoy podría estar pensando en regresar a clases, pero los hechos de esa tarde aún se lo impiden: fue trasladado por sus compañeros de toma al hospital con quemaduras en el 50 por ciento del cuerpo. Los estudiantes hicieron campaña para donar sangre y llevaron su nombre en los lienzos de las marchas.


Se habló de bombas molotov, de niños que jugaban con fuego. Fernando recuerda cada detalle. “Después de una tocata para recaudar fondos para comida, quedó mucha basura. Barrimos el liceo, lo dejamos impecable. No se podía ir a botar basura a los contenedores, porque Seguridad Ciudadana no nos dejaba. A ciencia cierta, era tirarle diluyente, un fósforo y quemarla. Nunca había sucedido nada, tampoco éramos tan osados para jugar con fuego”, describe. Y continúa: “Estaba otro amigo esparciendo diluyente. Al parecer, acercó mucho la botella, se inflamó, se asustó, soltó la botella y saltó diluyente. Ahí empezó todo”.


Un mes en coma, tres en la UCI, cinco en recuperación. Debió aprender a respirar, a ponerse de pie. Pero Fernando dice que siguió unido al movimiento, viendo las marchas desde el televisor de su habitación. Es combativo, insiste en pedir gratuidad en la educación y un sistema que potencie las habilidades de los jóvenes. “No soy víctima del movimiento, fue un accidente”, recalca.


Este año pidió a sus padres que lo matricularan en el liceo. Quería volver, pero las posibilidades se han complicado. Su padre, Ricardo, explica que su hijo debe someterse a nuevas operaciones. Fernando, además, debe pasar cinco horas diarias en rehabilitación. “Tengo que concentrarme en mi tratamiento”, asume el muchacho, quien lamenta la falta de resultados del movimiento: “Es una pena, el esfuerzo de muchos cabros que estuvieron peleando, y al fin y al cabo este gobierno ni los pescó, se dedicaron más a pasar vandalismo que las cosas buenas que se hicieron: talleres, jornadas de cine, murales. Eso da rabia”.


¿Cuáles eran las peticiones en tu colegio?


La taza del baño era un hoyo. Igual molesta que los computadores estén obsoletos, pizarras de los 70. El liceo en sí es bonito, los profesores excelentes, pero siempre se ha pedido una infraestructura de calidad, un poco de dignidad.


¿Quiere volver al movimiento estudiantil?


Por mí, volvería a estar todo el día y todos los días movilizándome por lo que considero justo.