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Santiago / Pág. 32

El santiaguino que “enchufa” su auto

[cero emision] En Santiago circulan 200 vehículos eléctricos y hay sólo cuatro puntos de recarga públicos. Carlos López reunió a esos usuarios en un club para masificar la tecnología. En noviembre lanzarán la Ruta Verde, un programa que pretende sumar 100 “electrolineras” en 2013.

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Por Evelyn Briceño
El santiaguino que “enchufa” su auto

COMO muchos capitalinos, Carlos López sale todos los días desde su casa a las 7.30. Vive al final de Av. Apoquindo y desde ahí parte a dejar a su hija a la universidad, en San Damián. Luego, sigue rumbo a Huechuraba, donde está su oficina. Lo mismo hace de vuelta, a las 7.30 PM, sólo que en sentido inverso.


La diferencia más marcada de lo que hace López respecto de otros millones de santiaguinos, es que en vez de abordar un auto común, él se moviliza en un Chevrolet Volt, un vehículo eléctrico que importó hace un año desde EEUU por cerca de $ 40 millones.


El empresario y mecánico automotriz conoció esta tecnología mientras vivió en Miami, en la década de los 90. Ya en 2006 había armado su primer “cero emisión” en China, mientras andaba en un viaje de negocios. De esos tuvo cuatro, hasta que en 2011 importó uno a Norteamérica, el que actualmente lo mueve por Santiago. “Traje éste porque los que llegan acá desde el año pasado, son muy chicos”, aclara López.


Dos razones pesaron en su decisión de compra: conciencia medioambiental y ahorro. “Hace nueve años estuve prácticamente viviendo en un hospital para acompañar a un familiar enfermo. Ahí vi cómo morían ancianos y niños por culpa de la contaminación. Eso me marcó y busqué un automóvil de estas características. Además, su uso me cuesta $ 5 por kilómetro, versus los más de $ 70 que gastaría en lo mismo con uno bencinero”, explica, mientras “enchufa” su Chevrolet para recargarlo en el surtidor que tiene en su casa, y que sólo consume 1,2 KW/h. Otras veces lo hace en “electrolineras” públicas.


Hasta el momento, en Santiago sólo existen cuatro: la que está en la estación de servicio de Av. Vitacura con Av. Vespucio, la del Parque Arauco (en el nivel -1 de estacionamientos, cerca de la salida Cerro Colorado), la del Centro Cívico de Vitacura, y la ubicada en Endesa, en San Isidro con Marcoleta. Eso, para los 200 autos eléctricos que hoy circulan por la ciudad. Ochenta de estos son convencionales reconvertidos a la electricidad, modalidad con que se empezó a experimentar hace más de 15 años en círculos universitarios, como la Universidad Católica. El resto, son eléctricos de fábrica, importados o comprados en automotoras locales.


Para los entendidos, el número de lugares para recargar los vehículos es insuficiente, si se considera que en Barcelona hay 140 para una cantidad similar de unidades que las santiaguinas.


Carlos es precisamente uno de los que cree que esto tiene que cambiar y, por eso, creó en 2008 el Club de Autos Eléctricos, cuyo fin es agrupar a quienes tienen este tipo de transporte y, en conjunto, lograr avances.


Uno de los primeros pasos lo darán junto a Chilectra y una empresa ligada a la industria del petróleo en noviembre próximo, cuando lancen el programa Ruta Verde, que consiste en habilitar 100 “electrolineras” antes de que finalice 2013.


“Queremos que estén en lugares donde la gente permanece un buen rato y deja tiempos muertos para su auto, como en restaurantes, supermercados y centros comerciales”, dice López.


Trescientos veinte pesos gasta Carlos en hacer su ruta diaria. Eso, porque una carga que tiene una autonomía de 80 kilómetros cuesta $ 500. “Como sólo consumo un 75% de la carga completa, he calculado que eso es lo que gasto al día”, explica Carlos.


Cargarlo totalmente toma tres horas. Lo hace durante las noches con un aparato muy similar a un cargador de celular, pero más grande, que conecta a un enchufe especial que compró junto con el auto. Uno está en su casa y el otro en la oficina. “En Estados Unidos puedes comprarlos en lugares como Homedepot. Vienen en diferentes colores y diseños, y valen más o menos 500 dólares”, cuenta.


Los autos de marca, que vienen con el sistema de fábrica, llegaron en mayo de 2011: se trata de los citycars Mitsubishi i-MiEV (de los que ya se han comercializado más de 10 unidades) y de los furgones utilitarios Piaggio, adquiridos como flota por empresas.


El año pasado, la Municipalidad de Providencia, por ejemplo, compró 20 para usarlos en tareas de logística, como traslado de personal o de materiales.


Son automóviles caros. Un Mitsubishi alcanza los $ 29 millones y tienen una autonomía de unos 100 kilómetros. Sin embargo, para propietarios como Carlos López, la inversión se recupera. “En este año, me he ahorrado tres millones de pesos en bencina y en mantenciones”, cuenta.


Además de funcionar con un “combustible barato”, existen otros beneficios para quienes conducen este tipo de autos, como la exención del pago de algunos estacionamientos en Vitacura (Av. Alonso de Córdova, Centro Comercial Lo Castillo y Centro Cívico) y en Las Condes (barrio El Golf).


Los incentivos en otros países son aún mayores, incluso al momento de la compra. Como en el estado de California, EEUU, donde le devuelven US $ 7.500 (más de $ 3.500.000) a quien firma un cheque por estos prototipos.


En mantenciones, López dice ganar también, porque esta tecnología no requiere revisiones preventivas, como cambio de aceite o afinamiento. Eso sí, confiesa echar de menos los talleres calificados cuando su auto tiene problemas. “Lo que pasa es que en las universidades e institutos no imparten esta especialidad en la carrera de mecánica automotriz”, afirma.