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El primer Piñera.com

Hace un año, el menor de los hijos del Mandatario, Cristóbal, dejó la Fundación País Digital para unirse con dos amigos -Andrés Godoy y José Tomás Daire- en el desarrollo de una plataforma que integra redes sociales. Hop.In ya tiene capital, oficina en Santiago y casa en San Francisco. De cómo llegaron hasta allí trata este reportaje.

por
Marisol Olivares
El primer Piñera.com

Hop. In partió hace un año en Baltimore, Estados Unidos, el día en que el médico Andrés Godoy trabajaba en la unidad de Cirugía Plástica del Hospital John Hopkins, investigando a través de un software qué era lo primero en que se fija una persona al mirar distintos rostros. De pronto, se le ocurrió llamar a su mejor amigo, José Tomás Daire, abogado del estudio Pérez de Arce, en Rosario Norte, Santiago, para contarle lo que hacía y la idea que se le había ocurrido: llevar el mismo concepto a la web y reemplazar el link por una experiencia visual. Cristóbal Piñera era director de la Fundación País Digital cuando Daire le contó de la idea. Para el abogado, Cristóbal era el amigo que mejor se manejaba en internet.


Ellos son tres amigos de 27 años que se convirtieron en socios. El doctor Godoy colgó el delantal y se vino a Chile. Daire dejó en octubre su trabajo en el bufete. Y el sicólogo Piñera fue el primero en renunciar, hace un año, a la fundación, para ser un emprendedor.


Un día en la mesa de los Piñera Morel, Cristóbal les contó a sus papás y hermanos que iba a hacer un proyecto propio, de pura tecnología, y que con sus socios querían cambiar la experiencia de vivir internet. Ahora, la gente no iba a tener que postear links, dijo, ni hacer comentarios verticales en una página web, sino subir a una plataforma la información que a ellos más les interesaba a través de burbujas que podrían compartir con sus amigos. Su papá, el Presidente, lo miró y le dijo: “El mundo del emprendimiento es un mundo muy bonito y muy exhaustivo… así es que buena suerte y cuéntame cómo vai”. Ese fue el discurso de quien también antes de los 30 años, en 1978, se embarcó en el entonces innovador negocio de las tarjetas de crédito en Chile, lo que dio inicio a su fortuna.


El primer paso que debe dar un emprendedor, dice José Tomás Daire, es conseguir inversionistas conocidos. Y para todo aquel que emprende, las posibilidades se limitan a tres características que describe en inglés: friends, fools, or family. Amigos, ingenuos o familia.


Con la familia, cuentan los tres socios, no lo intentaron. “A mi papá no le pedí nada, lo más probable es que si lo hubiese hecho me lo hubiese dado, pero no quise”, cuenta Cristóbal. Tampoco le pidió asesoría en inversiones, pues considera que su papá es de otro rubro en cuanto a empresas se refiere. “La tecnología es totalmente distinto… todavía se consideran bichos raros los que invierten en internet”, dice el más joven de los Piñera.


El primer aporte de capital lo hicieron Godoy y Daire, que continuaron con sus trabajos estables por unos meses. Cristóbal, a cargo entonces de mejorar el prototipo, cuenta que vivió “seis meses de ahorros, me restringí de varias cosas que hacía antes. Tengo claro que fue un riesgo, pero me gusta y estoy feliz”. Hace un mes volvió a la casa familiar en San Damián, pues como planea casarse este año, esa fórmula le permite “achicar” más los gastos. Aunque por los viajes de trabajo ha podido dormir sólo siete noches allí, dice que “ha sido súper choro, hace tres años que sólo veía a mis papás en los almuerzos de los domingos cuando estaba en Chile, ahora tratamos de tomar desayuno y comer todas las noches, aunque siempre alguno de los tres llega después de las 11 de la noche”, cuenta.


Daire es hijo de un empresario ligado a Chilefilms, a quien tampoco le quiso solicitar dinero: “El apoyo que me podía dar mi papá era desde lo que él sabía y conociendo la herramienta”. Así es como todos los Godoy, Daire y Piñera se ganaron una cuenta en Hop.in para que probaran el producto. Por eso, no es raro encontrarse con una red social casi familiar cuando uno navega en ésta.


Durante los primeros meses de aplicación, el hermano de Cristóbal, Sebastián Piñera, quien estudia un máster en Stanford, California, subía burbujas de distintos medios nacionales y estadounidenses con propuestas de cómo mejorar la herramienta. Desde allá cuenta que a sus amigos “les ha gustado mucho, comparándola con amigos que han tenido start-ups exitosos, creo que Hop.in tiene muchísimo potencial. Mis papás hicieron su primera burbuja la semana pasada”. Cecilia Morel ha hecho de la herramienta una plataforma de Elige Vivir Sano, subiendo imágenes contra el tabaco y a favor de una vida activa. El Presidente sólo ha subido una noticia, y es una publicada por La Tercera, cuando anunció que el 60% del dinero recaudado gracias a la reforma tributaria irá a la educación preescolar, “con esto emparejamos la cancha”, burbujeó. Recibió dos caritas felices y un “pero eso no es suficiente” del periodista Matías del Río.


¿Si ayuda el apellido Piñera al momento de buscar inversionistas?, repite Cristóbal y responde que en Chile sí, como ayudan muchos apellidos, se apura en decir. “Pero ahora nuestro foco es ir a Estados Unidos e India, es allá donde estamos pidiendo inversión, y claro, este apellido no sirve de nada”. Daire agrega que en algunos aspectos complica: “Hay cosas que no podemos hacer por lo mismo” y se refiere a que por un eventual conflicto de interés evitaron postular a los fondos estatales que se han abierto para emprendedores en el país, como son el capital semilla de Corfo, Start Up Chile y Contact Chile. “El apellido Piñera abre puertas, pero también genera prejuicios”, dice quien lleva ese nombre.


Al primer inversionista al que le golpearon la puerta fue a Andrés Navarro, amigo del Presidente Piñera y fundador de Sonda, la mayor empresa latinoamericana en tecnologías de la información. Navarro no sólo aportó la suma que encendió el emprendimiento. El es usuario de Hop.In y como inversor, está constantemente “burbujeándoles” consejos y advertencias sobre las aplicaciones que debieran agregar o lo que no funciona bien.


Después llegó el resto del capital: emprendedores, empresarios del mundo de la tecnología y del mundo análogo que se encantaron con el proyecto. Ahí, dice Cristóbal, le sirvió su paso por País Digital, pues se dio cuentade que “hay empresas súper amistosas a los emprendimientos, otras que no, porque se aprovechan de la ignorancia de los emprendedores y son abusivos… Hay abusos también del sector financiero no sólo en Chile, sino en Latinoamérica, por la desigualdad de información”. Por eso, sus inversionistas, dicen, les aportan capital, conocimientos y confianza.


Apoquindo con Noruega. Un portón negro con una pequeña calcomanía de un conejo verde fosforescente saltando sobre una letra ‘o’, que forma la palabra HOP.IN. Esa es la puerta a la versión análoga de la plataforma. El citófono suena y por las escaleras aparece un chico de cabello y ojos oscuros, pantalón de tela beige ancho, con una camisa escocesa en tonos verde, que saluda y acomoda una bicicleta. Es Cristóbal que parte contando que el edificio de dos pisos lo arrendó Hop.in, pero comparten oficinas con distintos emprendedores. Al estilo Silicon Valley.


Adentro de la oficina, la imagen del conejo verde sobre la ‘o’ se hace inmenso. Cristóbal lo explica: “Es nuestro logo, queríamos una imagen amigable que signifique saltar de página en página… Además que el conejo se asocia con algo sexy, ¿no?”. En una sala a la derecha está José Tomás, revisando contratos, con polera azul, jeans del mismo tono y zapatillas de skater.


La oficina de Hop.In parece una versión modesta del imperio de Google en Silicon Valley: los espacios están separados por murallas de vidrio, repletas de ideas escritas con plumones, conejos dibujados y post-it de todos colores. Cuando se acaba el espacio y toca borrar, alguno saca un Iphone y fotografía la idea. En la sala de reuniones está Jano González, un ingeniero informático que se acaba de sumar al grupo. Al lado de él hay Mac Books, un Ipad, lápices de colores, una pantalla plana de unas 60 pulgadas y dos controles de la consola de juegos WII que tiene sala propia. “Es parte del trabajo”, dicen.


Esta idea de casa-oficina la han replicado en las dos ciudades a las que quieren expandirse. En el barrio Noe Valley de San Francisco ya tienen una casa. Cuando trabajan allá suelen verse con Sebastián Piñera Morel. “Algunas veces me voy yo a alojar donde ellos en San Francisco o se vienen ellos a Palo Alto. Hemos salido a comer y a tomar algo, ido a la playa y otros paseos. Ellos han venido a algunas charlas en Stanford, cuando hablan otros start-ups o vienen los fondos de venture capital”, cuenta el hermano mayor.


Nueva Delhi, en India, es el otro objetivo a alcanzar. Hasta allá viajaron dos de los socios hace poco (Cristóbal y Andrés), para llenarse de las ideas de emprendedores tecnológicos que marcan la pauta en el mundo. Allí, cuentan, ya tienen equipos de trabajo.


La versión digital de Hop.In, en cambio, es una plataforma en Beta privado, que cuenta con 600 chilenos inscritos y más de 5.000 peticiones de usuarios por entrar. Entre ellos se encuentran empresarios, fotógrafos, diseñadores, periodistas, familiares de los socios y amigos, muchos amigos.


¿Qué lo diferencia del monstruo tecnológico de Facebook o la noticia instantánea de Twitter? Cristóbal Piñera lo explica así: con esta plataforma de redes sociales pasamos del link a la internet visual, y de lo visual a lo táctil. “Por ejemplo, si estás buscando fotos, te metes a mis imágenes de Google y aparecen 10 mil imágenes filtradas por una máquina. Aquí, en cambio, eliges quién quieres que te dé las fotos: pueden ser profesionales, amigas, diseñadores que además las han comentado. El filtro es humano, el filtro eres tú”. Otra diferencia con Facebook -que sólo permite poner “me gusta”- es que Hop.in permite calificar las publicaciones con una cara de felicidad, otra de enojo, una de sorprendido y otra que significa cool.


Al navegar un poco por Hop.in se encuentran 14 secciones que filtran la actualidad desde las noticias hasta el mundo sexy. Sin cambiar de link aparece un senador jugando en su BlackBerry mientras está en sesión, Bielsa y Alexis Sánchez, el cardenal Medina y su polémica frase sobre los homosexuales con varias caritas de repudio. Una usuaria sin mucho éxito pide firmar por educación gratis y de calidad. Diferentes mujeres en bikini que aparecen a diario con el hashtag de estímulo del día, un pulmón lleno de humo, varios recitales para mayo en Estados Unidos y Chile, un portal de bicicletas de madera y una alternativa tecnológica que propone abrir una cerveza con el cargador del Ipad cuando no se tiene destapador.


Cristóbal explica que no buscan tener un millón de usuarios, sino que la gente se entretenga . “No tenemos público objetivo ni nos imaginamos adónde vamos a llegar. Mi mayor logro sería subirme a la micro o al metro en algún país y ver que la persona sentada al lado mío está conectada a Hop.in pasándolo increíble”. El próximo paso de la empresa es instalarse en Nueva York.


A Cristóbal le encanta la ciencia ficción y libros como El señor de los anillos, pero desde que anda en esto no suelta la biografía de Steve Jobs. Su hermano Sebastián cuenta que él conoció a Jobs y que tiene una foto con él, “en mi refrigerador, que Cristóbal envidia mucho”.


La primera vez que Cristóbal se sentó frente a un Macintosh tenía ocho años y su papá acababa de asumir como presidente de Apple en Chile. Ese computador estuvo por años en la casa familiar y Cristóbal y Sebastián eran sus usuarios frecuentes. La mayor de los Piñera Morel, Magdalena, dice que “los más geeks de la familia son Cristóbal y Sebastián, yo hice toda mi vida los trabajos a mano y mi papá sigue trabajando con su regla y lápiz bic”.


Una compañera de colegio, Bernardita Undurraga, recuerda que años más tarde una junta obligada era ir a jugar Guitar Hero o Play Station a la casa de Cristóbal. “No le compraban de todo, para nada… Después que empezó a trabajar se compró un Mac y andaba chocho con su Iphone”. Ahora, acaba de adquirir un Super Nintendo. Esta suerte de austeridad no es rara en el estilo de vida de los Piñera Morel. Magdalena dice que “supe que mi papá era rico, más por los diarios que por como vivíamos, nunca nos faltó nada, pero nos educó en libertad y eso es que cada uno se haga cargo de sí mismo económicamente”.


Cristóbal estudió sicología y eso le ha servido en el desarrollo de Hop.In. “Cuando estuve en la universidad nunca me imaginé atendiendo pacientes, lo que me movía era tratar de comprender la mente humana y para eso internet es una herramienta increíble. Yo siempre buscaba páginas de internet, veía qué hacían mis amigos y hoy mi único propósito es entender qué hace la gente”.


Que él haya sido el primero de los hijos en comenzar su propio emprendimiento tecnológico, tampoco extraña en el núcleo familiar. Así lo explica su hermana Magdalena: “Siempre he visto a Cristóbal independiente, creativo, pensando cosas raras. Desde chico, hubo que cambiarlo del Saint George a un colegio más chico, porque se desordenaba y pensaba en otras cosas. Siempre me imaginé que iba a hacer algo por su cuenta… nunca lo vi sentado en una oficina, empleado de lunes a viernes o atendiendo pacientes en la consulta. Mi imagen de Cristóbal es viéndolo moverse de un lado para otro y sabiendo todo de tecnología. Esto que está haciendo nos tiene a todos súper felices, mis papás están muy orgullosos de él”.


¿Qué ven los tres socios para el futuro? “Sabemos donde Hop.in empieza, pero no dónde termina”, responden. Cristóbal se imagina burbujas en las radiografías de clínicas, en salas de clases, en pautas de prensa, en la política, en todos lados. Y casi recitan al unísono una frase de Jobs: “Las personas suficientemente locas son las que creen que pueden cambiar el mundo y finalmente, lo logran”. Daire quizás se siente un poco loco, dejando todo lo que ha hecho hasta ahora, sin saber bien qué sigue. Piñera no. El dice que se siente más inocente que loco, que está haciendo esto porque simplemente después no va a poder.