*

Edición Impresa Cambiar fecha
Deportes / Pág. 88

El plan que revolucionó el fútbol uruguayo

El seleccionador asumió hace cinco años con la premisa básica de cambiar todo el trabajo en la federación de su país. Así, los celestes han logrado triunfar en todas sus divisiones.

por
Diego Muñoz, especial desde Montevideo
El plan que revolucionó el fútbol uruguayo

Cuando fueron a buscar a Tabárez para que dirigiera a la selección uruguaya, el panorama era complicado. Eliminada del Mundial de Alemania 2006; con selecciones juveniles que se convocaban poco tiempo antes de los torneos y no lograban llegar a los mundiales e inserta en una estructura caótica, que restaba posibilidades.


Y Tabárez no llegó solo. El técnico que debutó en las divisiones juveniles de Peñarol en 1980 y que fue campeón de América con el equipo aurinegro, de Argentina con Boca y que dirigió al Milan, entre varios equipos de primer nivel, trajo consigo un proyecto global para darle orden a un fútbol que vivía de su historia.


Tabárez priorizó el ser humano sobre el deportista. Con su conducción no basta con patear bien la pelota o ganar de cabeza en el área rival; busca formar personas y el fútbol es la herramienta. Para hacerlo, se apoya en el proyecto elaborado por él mismo y titulado Proyecto para el fútbol uruguayo.


El documento hizo especial hincapié en algunos aspectos relativos a la formación del individuo y al trabajo con la juventud. Antes de reasumir el cargo, tras el cuarto puesto en Sudáfrica, el técnico profundizó los objetivos. Para el período 2010-2014 se plantea mantener aspectos “cumplidos”, perfeccionar otros “cumplidos parcialmente” y ejecutar algunos que no se realizaron en el período anterior.


El proyecto fija objetivos, criterios y acciones comunes para todo el fútbol oriental a partir de la “formación integral (educación en valores y conductas socialmente asociadas) y a la específicamente futbolística” de los jugadores. Tabárez concibe al futbolista como un todo y lo explicita.


En el área personal se procura un desarrollo psicológico normal de la persona, de manera de conocer y ampliar su red de relaciones sociales y favorecer aspectos de su integración grupal, como la pertenencia, la adhesión y la solidaridad. Además, el chico debe estudiar obligatoriamente para poder pertenecer a las selecciones juveniles.


En lo profesional, se prepara al joven para la eventualidad de ser futbolista, aunque se maneja el concepto de futuro probable y se pone en conocimiento de ellos los bajísimos porcentajes de futbolistas juveniles que llegan al alto nivel profesional.


Con estos parámetros, Tabárez arma un perfil personal y profesional del seleccionado de todas las divisionales.


Dentro de la planificación se establece también que las escuadras juveniles son la plataforma para saltar a la mayor y para reafirmar el concepto, cada vez que un núcleo juvenil llega por primera vez al Complejo Uruguay Celeste, lugar de concentración y entrenamiento de la Selección, Tabárez es quien lo recibe y le muestra las instalaciones.


Así llegaron, tras su paso por los juveniles, figuras indiscutidas en la mayor. Para la Copa América Venezuela 2007, el técnico pensó que Luis Suárez y Edinson Cavani podían tener una chance en la mayor. Sin embargo, dejó que siguieran con su crecimiento humano y profesional en juveniles. Sin alterar los plazos. Ambos jugaron el Mundial de Canadá y luego sí pasaron a la mayor. De ese equipo también está Martín Cáceres. Del Sub 20 que jugó en Egipto están en el plantel de la Copa América 2011 Sebastián Coates, Nicolás Lodeiro y Abel Hernández.


Otro punto determinante para el técnico es el comportamiento fuera del campo. Todas las selecciones deben tener una buena conducta y dar una buena imagen. Desde la mayor a la Sub 15, viajan de traje y corbata y deben ser respetuosas de los periodistas y de los hinchas. Los más grandes deben ser el espejo de los más chicos. “Ves a un grupo que se comporta en los hoteles, en los aeropuertos, como si fueran mayores. Y eso no es fácil. Ellos estuvieron más de un mes fuera del país. Viviendo en hoteles y con horarios todo el día”, declaró el técnico de la Sub 17, Fabián Coito, al regresar de México, tras el Mundial en el que Uruguay fue subcampeón.


Para este período, Tabárez quiere poner en práctica algo que resultó complicado en el anterior. Buscará que las selecciones sean “literalmente nacionales”. Para esto se “nivelará la preparación de los jóvenes de todo el país respecto de los de Montevideo”. Para un país centralizado en Montevideo, esto no es una tarea sencilla. Se intentará a través del desarrollo de la Sub 15 “para masificar la práctica del fútbol juvenil en todo el país” y darles a los jugadores del interior una estructura que hoy no tienen.


Los resultados deportivos son consecuencia de lo que se hace fuera de la cancha. El cuarto puesto en el Mundial mayor, la clasificación al Mundial Sub 20 y a los Juegos Olímpicos y el reciente subcampeonato Sub 17 confirman el éxito deportivo del proyecto.


Pero lo más importante está fuera de la cancha. Tabárez ejecutó un trabajo planificado, estudiado y ordenado. Conformó un plantel serio, profesional, capaz y solidario, con jugadores que tienen sentido de pertenencia a la Selección y que respetan la camiseta y a la gente. Después del Mundial de Sudáfrica, los propios futbolistas crearon la Fundación Celeste, cuyo objetivo es “fomentar los valores del deporte en la educación de niños, niñas y adolescentes”. Además, parte del premio por el cuarto puesto fue donado para mejorar las instalaciones formativas.


En cinco años Tabárez logró que la selección mayor fuera un grupo de amigos en los que todos tienen su rol, aun los que no juegan. Esto lo visualizan e imitan los juveniles que sueñan con llegar algún día a ser parte. Esa, es la verdadera revolución.