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Opinión / Pág. 8

Educación cívica

Señor director: A todos nos sorprendió gratamente el anuncio de la Presidenta sobre el regreso del ramo Educación Cívica a los colegios. Esta asignatura fue eliminada en 1998, tras la aplicación de una reforma educacional. Sacar este ramo de las aulas trajo consecuencias: las organizaciones sociales perdieron fuerza debido a la falta de participación, se […]

Señor director:


A todos nos sorprendió gratamente el anuncio de la Presidenta sobre el regreso del ramo Educación Cívica a los colegios. Esta asignatura fue eliminada en 1998, tras la aplicación de una reforma educacional.


Sacar este ramo de las aulas trajo consecuencias: las organizaciones sociales perdieron fuerza debido a la falta de participación, se acentuó el desconocimiento sobre derechos y deberes y, como resultado, las elecciones dejaron de ser un momento importante para los ciudadanos, especialmente para los jóvenes.


La nula enseñanza sobre temas ciudadanos, como el derecho al voto y la importancia que tiene esta acción política sobre la construcción del país, tiene como consecuencia la debacle del sistema civil. Un ejemplo es la baja participación en las últimas elecciones, ya sea por desconocimiento o falta de interés. El 83,6% de los jóvenes entre 15 y 19 años está nada o poco interesado en la política de acuerdo a la Séptima Encuesta Nacional de la Juventud. El tradicional “no estoy ni ahí” no es más que una renuncia a expresar sus deseos para un mejor país.


La decisión de incorporar esta materia a los programas curriculares me parece auspiciosa y sumamente necesaria. Es una medida que urgía aplicar y soy optimista respecto de los efectos que tendrá. La generación de espacios para hablar de convivencia social, derechos y deberes ciudadanos, es vital para que las nuevas generaciones trabajen por un país más justo y colaborativo.


Miguel Angel Bruna


Alcalde de Lo Espejo

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Opinión / Pág. 8

Educación cívica

Señor director: A modo de fortalecer la conciencia ciudadana se anunció la implementación de un ambicioso y rápido plan de educación cívica para las escuelas y la población. Aún sin conocer el modo de llevarlo adelante, me inquietan sus efectos considerando que los profesores, en su formación inicial, sólo ven tangencialmente estos temas y les […]

Señor director:


A modo de fortalecer la conciencia ciudadana se anunció la implementación de un ambicioso y rápido plan de educación cívica para las escuelas y la población. Aún sin conocer el modo de llevarlo adelante, me inquietan sus efectos considerando que los profesores, en su formación inicial, sólo ven tangencialmente estos temas y les faltan instancias de reflexión.


Hoy la educación cívica es uno de los ejes temáticos de las bases curriculares de Historia y Ciencias Sociales y se trabaja como objetivo de aprendizaje transversal con el título de formación ciudadana. No obstante, falta adecuada preparación para abordar temas como la educación del carácter, la capacidad de resolver conflictos y otros esenciales para una sana convivencia. Si el profesor no cuenta con esas habilidades, ¿cómo va a guiar a sus alumnos?


En un par de meses no se pueden instalar las bases de una cultura democrática. Para que sea posible es necesario devolver la educación cívica al sitial que le corresponde. Algo de eso pretende el proyecto que está en el Congreso. Espero que no se eternice su discusión.


Francisca Bascuñán Venegas

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Opinión / Pág. 8

Educación cívica

Señor director: Importantes reformas ha impulsado el Gobierno y se han promulgado leyes, cuyo principal objetivo es la obtención de recursos para mejorar la educación en Chile. Hoy se ha iniciado un proceso de cambio a la Constitución, carta fundamental que nos rige y que debería  ser ampliamente conocida por todos los chilenos.  Sin embargo, […]

Señor director:

Importantes reformas ha impulsado el Gobierno y se han promulgado leyes, cuyo principal objetivo es la obtención de recursos para mejorar la educación en Chile.

Hoy se ha iniciado un proceso de cambio a la Constitución, carta fundamental que nos rige y que debería  ser ampliamente conocida por todos los chilenos.  Sin embargo, la falta de educación cívica en los colegios nos deja ignorantes en estas materias e incentiva el desinterés de los jóvenes hacia la política, hacia las entidades del Estado que nos rigen.

Se destinará un monto para enseñanza cívica, pero exclusivamente para entender los cambios que el Gobierno pretende hacer a la actual Constitución. Es un parche cívico, unas horas de enseñanza general en lugar de clases permanentes a los estudiantes, hoy jóvenes, mañana importantes partícipes de la vida política del país.

Hace muchos años teníamos en el colegio clases de educación cívica y podíamos por lo tanto referirnos a la composición del parlamento, a los poderes del Estado, a las atribuciones presidenciales, etc. Es de esperar que el Gobierno, dentro de su política de mejorar la educación, la amplíe al ámbito cívico, que además ayudará al conocimiento, participación y respeto hacia las instituciones de nuestro querido Chile.  

Néstor Manríquez Herrera

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Opinión / Pág. 8

Educación cívica

Señor director: Suena bien, pero, ¿quién decidirá cuáles son los contenidos que se van a pasar? No es un tema que deba tomarse a la ligera. Gonzalo Villela

Señor director:


Suena bien, pero, ¿quién decidirá cuáles son los contenidos que se van a pasar? No es un tema que deba tomarse a la ligera.


Gonzalo Villela

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Opinión / Pág. 8

Educación cívica

Señor director: Por fin nos llega una muy alentadora noticia.  Me refiero a la información de que  en los colegios se restablecerá la enseñanza de la educación cívica, muy injustamente suprimida hace ya varios años.  Dentro de todo lo discutible de esta extraña reforma de la educación que partió por centrarse en la gratuidad y […]

Señor director:

Por fin nos llega una muy alentadora noticia.  Me refiero a la información de que  en los colegios se restablecerá la enseñanza de la educación cívica, muy injustamente suprimida hace ya varios años. 

Dentro de todo lo discutible de esta extraña reforma de la educación que partió por centrarse en la gratuidad y nada dijo sobre la calidad ni sobre la política de remuneración de los profesores, la noticia es verdaderamente alentadora. Primero, porque es una de las primeras muestras de que los reformadores ven más allá de su nariz política y segundo, porque responde a una preocupación expresada por personas muy conscientes de la importancia del  contenido de los programas en cuanto a que la calidad de los ciudadanos no se improvisa y en ella influye mucho la formación que hayan recibido nuestros niños desde pequeños. 

Espero que no se trate simplemente de agregar un ramo más al abultado programa que los educandos tendrán que asumir obligadamente:  lo que se requiere es una formación ciudadana, que empiece en los primeros años de la educación primaria, enseñando a los niños desde cuidar de la propiedad pública como la propia, pasando por imbuirles el orgullo de pertenecer a un país en que se respetan los derechos de todos, hasta culminar en profundizar el conocimiento de conceptos  más abstractos como la democracia y los deberes y derechos que ella significa.

Posiblemente esta formación no terminará de inmediato con los encapuchados ni con los anarquistas, pero a mediano plazo debería dar frutos en una generación de jóvenes participativos, que ya no digan “no estoy ni ahí…” con las elecciones y concurran con su voto a crear un país más justo, y que intervengan como corresponde en los destinos de éste. 

Debe preocuparnos a todos como chilenos  asegurar  que en nuestras aulas se formen ciudadanos orgullosos de pertenecer a Chile y contribuyan a su  avance por el camino del progreso social, económico y cultural.

Rose Cave S.

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Opinión / Pág. 8

Educación cívica

Señor director: La política no está pasando por un buen momento. Entre el caso Penta, el lucro en la Arcis, patines y retroexcavadoras, dicha actividad ha ido perdiendo credibilidad entre los que confiamos en que puede ser una herramienta para la transformación y el desarrollo de nuestro país.   Sin embargo, lo realmente dramático es […]

Señor director:

La política no está pasando por un buen momento. Entre el caso Penta, el lucro en la Arcis, patines y retroexcavadoras, dicha actividad ha ido perdiendo credibilidad entre los que confiamos en que puede ser una herramienta para la transformación y el desarrollo de nuestro país.  

Sin embargo, lo realmente dramático es que los jóvenes, futuros ciudadanos con poder de decidir quiénes serán nuestros gobernantes, no reflexionan ni tienen espacios donde cuestionar el rol de la política. Aunque son temas difundidos por los medios de comunicación, a la mayor parte de los chilenos no les interesan; esto se debe principalmente a que no existen espacios de reflexión para los mismos en los establecimientos educacionales.

Es importante acercar nociones y conceptos de civismo, junto con generar discusiones sobre temas contingentes, para colaborar a formar una ciudadanía crítica y que se haga parte de las discusiones que debemos tener como país.

Gonzalo Villela Caerols

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Opinión / Pág. 32

Educación cívica

Señor director: La semana pasada, el ministro Harald Beyer anunció que desde el próximo año se aplicará un marco curricular en formación ciudadana, el cual tendrá por objetivo reforzar los contenidos ciudadanos ya existentes. Ante todo, dada la importancia de la materia en cuestión, se hace necesaria una reflexión previa sobre el concepto de educación […]

Señor director:

La semana pasada, el ministro Harald Beyer anunció que desde el próximo año se aplicará un marco curricular en formación ciudadana, el cual tendrá por objetivo reforzar los contenidos ciudadanos ya existentes.

Ante todo, dada la importancia de la materia en cuestión, se hace necesaria una reflexión previa sobre el concepto de educación cívica, comenzando por lo más elemental; es decir, recordando que la educación es un proceso de humanización que busca formar la conciencia moral, infundiendo virtudes intelectuales y morales fundamentales, haciendo posible el desarrollo de la persona en sociedad. 

En esto tiene un rol importante la escuela, pero la base es la familia, a diferencia de la enseñanza, que busca transmitir una serie de conocimientos y saberes cuya responsabilidad principal sí recae en la escuela. Al respecto, han existido algunas experiencias en materia de educación cívica que no han partido desde estos supuestos, como el caso de la asignatura española “Educación para la Ciudadanía”, que ha excluido otras visiones de la sociedad distintas a la “oficial”, desconociendo el rol de la familia en la educación, y conculcando derechos fundamentales, como la libertad de enseñanza, el derecho natural y preferente de los padres a educar a sus hijos, la libertad religiosa, etc., los que incluso han llegado a ser reclamados en sede judicial.

El Estado tiene el deber de actuar subsidiariamente en este proceso, buscando los modos de ayudar a cumplir su función a las familias, quienes son las que verdaderamente educan, pero a la vez tomando parte activa, colaborando con ellas, en la formación cívica en las escuelas y liceos. Sólo así tiene sentido una auténtica educación cívica, que complemente la labor de los padres, formando ciudadanos comprometidos con el bien común; es decir, que trabajen por una cultura al servicio de bienes que hagan posible la plenitud de las personas, como la vida, el matrimonio, la libertad educacional, la libre iniciativa económica, la justicia social, la concordia política y la apertura a la trascendencia. 

Luis Robert Valdés
Dirección de Contenidos Idea País 

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Opinión / Pág. 42

Educación cívica

Señor director: En relación con la carta de la profesora Ana Fuentealba, publicada el 5 de noviembre, concordamos en que las cifras de abstención electoral deben preocupar a la sociedad en su conjunto, y consecuentemente motivar acciones que enfrenten esta situación. Junto con la familia, la escuela es un actor clave en la educación cívica […]

Señor director:

En relación con la carta de la profesora Ana Fuentealba, publicada el 5 de noviembre, concordamos en que las cifras de abstención electoral deben preocupar a la sociedad en su conjunto, y consecuentemente motivar acciones que enfrenten esta situación. Junto con la familia, la escuela es un actor clave en la educación cívica de los niños y jóvenes. En el currículum de la educación básica, la formación ciudadana no ha tenido la relevancia que requería, lo que empezó a cambiar en 2009. 

En 2011, el Ministerio de Educación se abocó en la elaboración de bases curriculares coherentes con la Ley General de Educación. En esta revisión del currículum, la formación ciudadana tuvo un tratamiento especial: junto con consultarse públicamente a más de 11.000 docentes, se convocó a una mesa de trabajo de destacados expertos para discutir y perfeccionar la propuesta de cambio. 

Sus principales ejes son el conocimiento de las instituciones, la participación ciudadana responsable, valores y virtudes cívicas y democráticas y conciencia de los derechos y deberes. Se consideró que estos aprendizajes debían ser aplicados desde primero básico a la vida cotidiana de los alumnos, y se veló porque la escuela permita a los estudiantes participar en su comunidad y resolver problemas democráticamente. Estos aprendizajes ocupan un tercio de la asignatura de Historia, Geografía y Ciencias Sociales.

El currículum resultante se comenzó a implementar a principios de este año. Si bien es temprano para observar resultados, el nuevo currículum es una herramienta potente y eficaz para apoyar a los docentes en el desafío de involucrar a nuestros jóvenes con la democracia y la participación responsable.

María Jesús Honorato
Daniel Rodríguez

 

Unidad de Currículum

 

Ministerio de Educación

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Opinión / Pág. 40

Educación cívica

Señor director: Se ha puesto en cuestión el sistema de inscripción automática y voto voluntario, en base al alto porcentaje de abstención, sobre todo, en el grupo etario juvenil. Paradojalmente, se ha consensuado que la juventud ha generado nuevas expresiones sociales.  No me atrevo a hablar de movimiento social, ya que desde la concepción de […]

Señor director:

Se ha puesto en cuestión el sistema de inscripción automática y voto voluntario, en base al alto porcentaje de abstención, sobre todo, en el grupo etario juvenil. Paradojalmente, se ha consensuado que la juventud ha generado nuevas expresiones sociales. 

No me atrevo a hablar de movimiento social, ya que desde la concepción de Gabriel Salazar, éste se remite a actores sociales, lo que implica individuos con un alto nivel de conciencia y, por ende, con una postura activa en las transformaciones sociales. 

Me parece que estas nuevas formas de expresión de los jóvenes están teñidas por el modelo liberal, que los coloca en una relación clientelar respecto de un servicio asociado a una transacción monetaria. Desde ahí emerge el discurso del reclamo de un derecho. No hay que desconocer ni desvalorizar la fuerza de la expresión juvenil, pero es fundamental que esa expresión se realice desde una conciencia crítica; esto es, reconociendo los derechos y las responsabilidades civiles y sociales. 

La falta de esta educación social cívica no es responsabilidad de los jóvenes, sino de toda la sociedad. No es casualidad que hoy en ningún espacio formativo se inculquen los derechos civiles. Hace años en el sistema escolar los jóvenes no revisan las implicancias sociales y civiles que tiene el cumplimiento de la mayoría de edad. Las familias tampoco se preocupan por ello. Las instituciones de formación superior menos. 

Mirando a futuro y para revertir la abstención del voto, que es en un derecho y una responsabilidad ciudadana, es la sociedad en su conjunto la que debe hacer un proceso de educación cívica. Para esto debemos analizar qué estamos haciendo por la formación de ciudadanos, sujetos y actores sociales con conocimientos sobre derechos y responsabilidades civiles y sociales.

Ana Fuentealba Alday 
Docente Escuela de Trabajo Social, Unab 

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Opinión / Pág. 30

Educación cívica

Señor director:

Se acerca el inicio de clases y observo las cifras que se han gastado en la reparación de destrozos provocados durante las tomas.
Puesto que lo aprendido en la infancia tiende a permanecer en la consciencia del individuo, propongo que la educación primaria incorpore en sus programas la enseñanza de educación cívica.
La patria no es sólo emocionarse con la bandera o gritar viva Chile. Esta debe construirse a diario, con la exposición de quejas de manera asertiva, con  soluciones viables y sin violencia.
El futuro se construye conservando en buen estado nuestros bienes públicos, ya que la destrucción de ellos dificulta el progreso de nuestro país.
Estos simples conceptos pueden ser adquiridos y asimilados por un niño. Para los adultos a quienes nadie les enseñó (y cuyo vandalismo estamos pagando) ya es tarde, ellos envejecerán sin dejar huellas positivas, lo que hace necesario que los reemplace una generación con verdadera conciencia cívica.

Magdalena Sepúlveda C.

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Correo de los Lectores / Pág. 26

Educación cívica

Señor director:

Me parecen muy pertinentes los comentarios realizados por José Ignacio Núñez respecto de los contenidos valorativos implícitos en cualquier propuesta curricular que tenga a la vista la educación cívica. Un ejemplo de lo  anterior  es  el  debate  que se generó en España a propósito de la inclusión del curso de  Filosofía y Ciudadanía en el currículo de la enseñanza media.

Ahora bien, el interés por la educación cívica no es algo nuevo y lo evidencian las propuestas de algunos gobiernos por promoverla, como es el caso de la Comisión Británica de Ciudadanía, Encouraging Citizenship, y la del Senado de Australia, Active Citizenship Revisited.

Pero hay un punto de todo esto que me interesa recalcar y que colinda con la preocupación del profesor Núñez: ¿Qué estamos entendiendo por ciudadanía? Por ejemplo, goza de ciudadanía legal aquel que en una comunidad política ve defendido sus intereses civiles y sus libertades básicas. Esta es una tradición que procede de la  del civis latino, pero que difiere del polites griego y, por tanto, de una definición de ciudadanía política.

Por otra parte, podemos concebir también una ciudadanía económica y pensar que son ciudadanos las personas que tengan recursos suficientes para   participar   en  la  polis,  o también  introducirnos  en  la difícil discusión sobre ciudadanía multicultural y el cosmopolitismo. En definitiva, un curso de educación cívica carente de discusión crítica respecto de sus conceptos fundamentales, y entendido meramente como un examen tanatológico de nuestras instituciones, puede ser tan perjudicial como la ignorancia respecto de la inclusión en él de elementos axiológicos.

Pablo Aguayo
Depto. de Ciencias del Derecho
Universidad de Chile

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Opinión / Pág. 24

Educación cívica

Señor director: La diputada Mónica Zalaquett ha hecho alusión a una carta mía de forma inexacta, afirmando que yo habría planteado dudas acerca de las materias del curso Educación Cívica y Economía Doméstica, cuya creación e impartición obligatoria, de quinto básico a cuarto medio, propone un proyecto de ley suscrito por ella y otros diputados.  […]

Señor director:

La diputada Mónica Zalaquett ha hecho alusión a una carta mía de forma inexacta, afirmando que yo habría planteado dudas acerca de las materias del curso Educación Cívica y Economía Doméstica, cuya creación e impartición obligatoria, de quinto básico a cuarto medio, propone un proyecto de ley suscrito por ella y otros diputados. 

Mis críticas, sin embargo, no se dirigían a los contenidos que eventualmente se impartan en dicha asignatura, que aún no conocemos, sino a la forma en que aquéllos se determinarían. Según el proyecto de marras, por decreto del Ministerio de Educación.

La educación cívica tiene un alto contenido doctrinario. Implica la transmisión no sólo de conocimientos, sino también de valores. Una educación cívica obligatoria significa que ciertas doctrinas y valores políticos serán transmitidos con respaldo del Estado en todos los establecimientos de enseñanza. Por eso, la forma de seleccionar sus contenidos y de definir los énfasis que en cada uno se imprima es un asunto de capital importancia. 

Impartir educación cívica equivale a inculcar la ética pública. Y, en una república democrática la labor de precisar los perfiles de esa ética pública no puede quedar encomendada al gobierno de turno a través del Mineduc. Si así fuere, una muy buena idea -como es impartir educación cívica en forma obligatoria- puede tener malos resultados. Esa es mi crítica.

José Ignacio Núñez Leiva

Prof. de Derecho Constitucional

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Correo de los Lectores / Pág. 24

Educación cívica

Señor director:

Hace algunos días presenté junto a un grupo de parlamentarios un proyecto de acuerdo para incluir la educación cívica en las mallas educativas, el cual fue aprobado por unanimidad. La buena recepción del proyecto no es gratuita, sino que responde a la necesidad de generar este tipo de espacios en las aulas. Vivimos en un mundo que no siempre entrega las herramientas para que nuestros niños se desarrollen como buenos ciudadanos.

Tras la presentación del proyecto surgieron voces con inquietudes sobre el tratamiento y temáticas del ramo propuesto. Una de ellas fue la del profesor Juan Ignacio Leiva, quien escribió a este diario planteando sus dudas respecto de las materias a tratar. Esta ley la presentamos entendiendo el término “Educación Cívica” como una forma integral de aprender la convivencia de nuestros niños con sus pares y el resto de los actores de la sociedad, así también como parte fundamental de nuestro rol como ciudadanos.

Para nadie es una novedad que nuestro padrón electoral ha envejecido y año a año la clase política se pregunta cómo reencantar a los jóvenes para que participen de la actividad política. ¿Pero cómo queremos hacerlo si ni siquiera les damos las herramientas mínimas para que comprendan la importancia de su rol como ciudadanos?

Adicionalmente, dentro del proyecto de ley incluimos la necesidad de agregar en el currículo la educación financiera ya desde la educación básica. No olvidemos el estudio entregado por Injuv hace dos semanas, que  indicaba que el 50,6% de nuestros jóvenes, entre 15 y 29 años, tiene deudas, y, que peor aún, de este porcentaje, un 57% las tiene impagas. Jóvenes que entiendan la convivencia como un pilar de su vida ciudadana y a la vez sepan utilizar las herramientas del crédito con responsabilidad, es lo que busca nuestra iniciativa legislativa.

Mónica Zalaquett
Diputada UDI

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Correo de los Lectores / Pág. 30

Educación cívica

Señor director:

Hace unas semanas, un grupo de diputados presentó un proyecto de ley en virtud del cual se propone establecer como asignatura obligatoria, tanto para la enseñanza pública como privada, a partir de quinto básico y hasta cuarto medio, una materia denominada Educación Cívica y Economía Doméstica. El proyecto destaca la necesidad de la educación cívica para la adecuada comprensión del sistema democrático. Coincido con tal afirmación. Con todo, quisiera llamar la atención sobre algunas aristas de una decisión tan relevante.

La enseñanza de la educación cívica importa la transmisión de valoraciones específicas e imprescindibles que conforman la ética pública. Aquello demanda que los contenidos impartidos por esta vía sean determinados, al menos en sus bases, por la vía más democrática posible. Es en este plano donde el proyecto de ley comete un gran error, pues en su disposición transitoria establece que los contenidos de dicha asignatura serían definidos por el Ministerio de Educación.

Resulta evidente que no tiene el mismo impacto ni compromiso axiológico enumerar los contenidos de matemáticas, física o biología, que determinar cuáles son los conceptos de democracia, estado de derecho o derechos fundamentales que debemos transmitir a las nuevas generaciones. Por lo tanto, estos últimos no pueden ni deben ser fijados por decreto. No obstante, lo valioso de la iniciativa, mientras aquella disposición transitoria no se modifique, el proyecto sería inconveniente e inconstitucional.

José Ignacio Núñez Leiva
Profesor de Derecho Constitucional Unab