*

Edición Impresa Cambiar fecha
Negocios / Pág. 17

Deirdre McCloskey, economista: “La Fed no tiene ninguna influencia sobre las tasas de interés. Ninguna”

Poco convencional en sus opiniones, Deirdre McCloskey entrega su visión respecto de la situación política y económica de EE.UU. Ex profesora de varios Chicago Boys, la economista norteamericana, que en 1995 cambió de sexo, participará el próximo 6 de octubre en la conferencia “La otra mirada de la libertad”.

Deirdre McCloskey, economista: “La Fed no tiene ninguna influencia sobre las tasas de interés. Ninguna”

Hace 60 años la Universidad Católica y la Universidad de Chicago firmaron el convenio que durante varias décadas llevó a camadas de chilenos hasta la cuna de la escuela neoliberal del pensamiento económico. Hace 40 años, Milton Friedman, su líder intelectual, recibió el Premio Nobel por su aporte técnico a la disciplina, pero, además, ganó notoriedad por su defensa de la libertad, entre otros, con su libro y programa de TV homónimo Libre para elegir. Aunque hace 10 años Friedman murió, su ex colega en Chicago, Deirdre McCloskey, encarna -literalmente- ese principio.


Entre los años 70 y 80, McCloskey formó a centenares de graduados. “Siempre digo que les hice clases a tantos Chicago Boys chilenos como Friedman y a unos pocos menos que Alito Harberger”, señala McCloskey, a quien los chilenos conocieron como Donald, sin embargo.


A los 53 años, en 1995, la académica eligió cambiarse de sexo, de Donald a Deirdre, haciéndole caso al deseo de hacer la transición que sentía desde los 12. A sus trabajos sobre teoría e historia económica se añadieron textos sobre transgenerismo y economía feminista, todos temas sobre los que sigue debatiendo como profesora distinguida en la Universidad de Illinois en Chicago.


Pronta a dictar la conferencia “La otra mirada a la libertad”, organizada por la fundación La Otra Mirada y la Universidad Adolfo Ibáñez, el próximo 6 de octubre, en el Hotel W de Santiago, McCloskey explica a La Tercera por qué considera que la libertad debe protegerse tanto en el ámbito económico como humano, además de compartir algunos de sus poco convencionales postulados sobre la economía americana.


La Reserva Federal dejó las tasas de interés sin cambios esta semana. ¿Fue una decisión apropiada?


Mi respuesta será no convencional, pero es científicamente correcta. La Fed no tiene ninguna influencia sobre las tasas de interés. Ninguna. En la década de 1950, cuando casi todos los países tenían controles de capital y aranceles elevados, y en la Fed había pilas de bonos del gobierno que quedaron de su financiamiento de la Segunda Guerra Mundial, las operaciones de mercado abierto de la Fed podrían haber influido en las tasas de interés en la actividad económica. Pero ahora la Fed es una muy pequeña cartera en un mercado mundial mucho mayor para activos que devengan intereses. La Fed no tiene más control sobre las tasas de interés de EE.UU. o del mundo que el que Chile tiene sobre el precio del cobre. O del vino.


¿Pero cómo concilia eso con el hecho de que se considera que la Fed puede afectar las tasas, incluso sin moverlas, con su orientación verbal o forward guidance?


Creo que la Fed sigue lo que los mercados mundiales dicen que es la tasa de interés. En el muy corto plazo los mercados financieros, que creen tan irracionalmente en el poder de esta pequeña institución, pueden ser conducidos a seguir a la Fed tontamente. Pero la tasa de interés hoy depende del mundo.


¿Qué cree, entonces, que pasará con las tasas en las reuniones de la Fed de noviembre y diciembre?


No tengo idea ni me importa, y creo que a nadie debiera importarle. Que los periodistas y muchos economistas se centren en esta ridícula pulga en el extremo de la cola del perro, que es el activo generador de intereses, prueba mi caso. La pulga no mueve al perro. Usted sabe lo que es la tasa de fondos de la Fed. Es una absurdamente pequeña parte de los fondos prestables del mundo.


Hemos tenido bajas tasas de interés durante años, sobre todo porque los chinos ahorran el 50% de sus ingresos, que hoy es el segundo mayor ingreso (no ingreso per cápita) del mundo. Las llamadas alzas de tasas no tienen sentido.


A pocas semanas de la elección presidencial en EE.UU., ¿quién cree que será su próximo presidente?


Hillary Clinton. Desearía que fuera Gary Johnson, el inteligente candidato libertario, pero nuestro sistema electoral implica que tendrá que ser alguien proveniente de los principales partidos, por mucho que parecen estar desintegrándose. Gracias al Señor, no será Donald.


¿Cuál sería el efecto económico de una victoria de Trump?


El fin de la civilización. Bueno, quizás no, porque el sistema político de EE.UU. tiene varios centros de poder, los que no cooperarían con Trump. Y si gana, no va a querer hacer el trabajo. En agosto intentó nombrar vicepresidente al ex candidato presidencial republicano John Kasich, prometiéndole que como tal se encargaría de la política interna y externa. Kasich, como hombre sensato y de principios que es, se negó.


¿Cuál sería el efecto económico de una victoria de Clinton?


Más de lo mismo, y nuevas guerras. Pero eso es mejor que Trump.


¿Cree que el actual Congreso de EE.UU. va a aprobar el TPP?


Sí, en el período de inacción del Congreso o lame duck, que ocurre entre la elección y el nombramiento real del nuevo presidente. Clinton realmente quiere el TPP, pero no puede decirlo debido al absurdo populismo anticomercial de Trump.


El populismo de derecha e izquierda va en aumento en muchos países. ¿Por qué cree que está sucediendo?


Sospecho que tiene que ver con tener noticias las 24 horas e internet. Y, obviamente, con la gran recesión. La mejor manera de detenerlo es consiguiendo crecer otra vez. En países con políticas económicas liberales, tales como China, India y Australia, el crecimiento ha sido lo suficientemente fuerte como para que los imitadores de Juan Domingo Perón no tengan mucho éxito.