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Debate por el aborto

Señor director: La convivencia civilizada descansa sobre la convicción de que tanto los ciudadanos como el Estado se obligan a no ejercer violencia, cualquiera sea la circunstancia.  Es prioritario trabajar sobre temas de violencia en diversos niveles, sobre los modos de vivir la sexualidad y el apoyo que necesita la familia en su labor formativa. […]

Señor director:

La convivencia civilizada descansa sobre la convicción de que tanto los ciudadanos como el Estado se obligan a no ejercer violencia, cualquiera sea la circunstancia. 

Es prioritario trabajar sobre temas de violencia en diversos niveles, sobre los modos de vivir la sexualidad y el apoyo que necesita la familia en su labor formativa. La violencia hacia los inocentes es parte de los problemas que tiene una sociedad y no de sus soluciones. Llamamos a hacernos cargo de los graves problemas que conducen al aborto, y que nos afectan como personas y comunidad. 

Considerando las declaraciones internacionales de derechos humanos surgidas de la experiencia histórica de violencia sobre personas indefensas, aseveramos del modo más enfático que ningún ser humano puede disponer de la vida de otro ser humano inocente, bajo ninguna circunstancia. Sobre esta norma fundamental descansa la salud ética y política de la vida comunitaria. Para que pueda existir un diálogo honesto, el respeto hacia la vida y las acciones del otro es su presupuesto; por ello, el derecho a la vida de un inocente se reconoce y se respeta. No se cuestiona.

De modo trágico, nuestra comunidad experimentó en décadas pasadas las consecuencias de cuando el Estado se siente autorizado a disponer de la vida de los demás. Estas heridas se encuentran todavía sin cicatrizar. No nos parece saludable para la conciencia ética de una nación la descriminalización del aborto y su transformación en prestación de salud. 

Llamamos a dialogar y trabajar  para conseguir diagnósticos compartidos, armonizar sentimientos y emprender acciones mancomunadas en orden a una solución más humana al aborto.

Paula Bedregal, Mauricio Besio, Marisa Bustos, Gloria Durán, Ma. Alejandra Florenzano, Rogelio González, Ximena González, Padre Cristián Hodge, Luis Jensen, Rodrigo López, Jorge Martínez, Lorena Mosso, Jorge Neira, Patricia Olivares, Leonor Palomer, Iván Pérez, Juan Andrés Prato, Paulina Ramos, Alejandro Serani, Beatriz Shand, Paulina Taboada, Andrés Valdivieso e Ivonne Vargas

Académicos Centro de Bioética Universidad Católica de Chile

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Debate por el aborto

Señor director: Discrepo con Sara Navas, en carta publicada ayer por su diario. Se habla de aborto y no de homicidio por una razón muy simple: no son lo mismo. La vida independiente de un niño o adulto no es la misma vida que tienen 150 células que constituyen un blastocito. Decir que aquello es […]

Señor director:


Discrepo con Sara Navas, en carta publicada ayer por su diario. Se habla de aborto y no de homicidio por una razón muy simple: no son lo mismo.


La vida independiente de un niño o adulto no es la misma vida que tienen 150 células que constituyen un blastocito. Decir que aquello es un ser humano es algo que sólo puede basarse en creencias religiosas tales como que exista un alma en esas 150 células. Uno podría preguntarse qué ocurre si ese blastocito se divide en dos para formar gemelos idénticos: ¿el alma también se divide? O si dos embriones se fusionan para formar un solo individuo, ¿se fusionan también las dos almas o queda una sobrante y sin cuerpo?


Son disquisiciones casi divertidas, de no ser porque siguen implicando el sufrimiento de mujeres que no pueden ejercer su derecho a elegir. Incluso la píldora del día después es un aborto -¿u homicidio?- bajo esa lógica.


La lectora habla del derecho a la vida del ser racional desde su concepción, pero ¿cómo es posible hablar de un ser racional antes de un mínimo desarrollo del cerebro? Antes de que exista un cerebro con mínimas capacidades (tres meses aproximadamente desde la concepción) y después de él no hay un ser humano. Esa es la realidad. Después de los tres meses, la discusión es otra, ciertamente.


Esteban Vílchez

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Debate por el aborto

Señor director: La más grave, con efectos personales, familiares y sociales irreversibles, es la ley que regula la despenalización del aborto en tres causales, que tiene asegurada su aprobación porque cuenta con los votos favorables de la Nueva Mayoría pese a los reparos de algunos parlamentarios. En este período presidencial se han dictado muchas leyes, […]

Señor director:


La más grave, con efectos personales, familiares y sociales irreversibles, es la ley que regula la despenalización del aborto en tres causales, que tiene asegurada su aprobación porque cuenta con los votos favorables de la Nueva Mayoría pese a los reparos de algunos parlamentarios.


En este período presidencial se han dictado muchas leyes, pero ninguna tan perjudicial, pues es la única que no permite modificación en sus efectos, instantáneos y permanentes. Ningún acto humano, ni norma jurídica constitucional o legal tiene la capacidad de devolver la vida al niño abortado. Esa criatura inocente será objeto de manipulaciones corporales de terceros con conocimiento de la madre para darle una muerte inmerecida durante su gestación en el vientre. No importa la causal, porque ninguna merece justificación.


Es tiempo de llamar las cosas por su nombre; no es honesto hablar de aborto cuando en el hecho se le está quitando la vida a un niño en formación. Puede que en todo el mundo se hable de aborto y no de homicidio; eso quiere decir que en todas las naciones no se ha querido dar la verdadera connotación linguística que tiene a este acto, pero estoy segura de que en todas se sabe cuál es. Es posible que por sus características especiales se le haya dado un nombre distinto al de homicidio, pero sí se sabía que con él se privaba de la existencia a la criatura en el seno de su madre.


Me duele escuchar que en Chile se diga que se respetan los derechos humanos, en circunstancias que con la ley del aborto se transgrede el principal derecho humano, que es el derecho a la vida del ser racional desde la concepción hasta su nacimiento.


Sara Navas Bustamante