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Santiago / Pág. 72

Convertirán antiguos puestos telefónicos del centro en pequeñas bibliotecas

Cinco de las 23 cabinas en desuso serán decoradas con libros la última semana de enero.

por
Carlos Reyes Barría
Convertirán antiguos puestos telefónicos del centro en pequeñas bibliotecas

Para Diego Ramírez (25), el coordinador de la organización Biblioteca Libre, los teléfonos del centro de Santiago “antes eran útiles, pero hoy están llenos de rayados, suciedad y autoadhesivos”. Por eso, él y su organización quieren darle un nuevo sentido a esos implementos instalando en cinco de ellos repisas de colores con una capacidad para 35 libros, que los transeúntes podrán tomar libremente.


“En total, y de acuerdo con nuestro conteo, existen 23 de estas cabinas abiertas desocupadas, 15 de ellas en Ahumada y 8 en las cercanías de Estado y en un comienzo, en dos semanas más, queremos alterar cinco de ellas”, agrega Ramírez.


No es la primera vez que realizan una actividad uniendo literatura y espacio urbano: desde mayo de 2013 han organizado más de 20 “liberaciones de libros”, en las cuales decoran alguna esquina de la ciudad con una serie de libros a disposición de quienes pasan por ahí y los invitan a llevarse hasta dos libros. Eso sí, con la condición de donar uno. “Ya llevamos más de 22 mil libros intercambiados en lugares como el Palacio Cousiño, la Quinta Normal, el Centro Cultural Palacio La Moneda y el GAM, entre otros”.


Sin embargo, esta ocasión es diferente: no es necesario donar un libro, aunque la invitación está extendida a quienes deseen dejar uno en las repisas. “En total, contamos con más de mil 200 ejemplares para poner en estas minibibliotecas. Lo primero que nos preguntan es cómo confiar en que una persona no se lleve todos los libros de una y desaparezcan, pero, anteriormente hemos instalado estantes grandes de 120 libros en las estaciones de metro Baquedano y Salvador, en el terminal de buses San Borja y en ferias libres -como la de Martínez de Rozas con Cumming, en pleno barrio Brasil- y el sistema se ha respetado”, señala su coordinador.


Un fenómeno mundial


Esta tendencia de ocupar lugares y objetos abandonados está inspirada en el movimiento little free libraries o “pequeñas bibliotecas libres” de los Estados Unidos, que surgió a comienzos de 2009.


Todo sirve: desde restos de refrigeradores o lavadoras hasta buzones y repisas confeccionadas de madera reciclada para volverlas un mueble con repisas donde las personas pueden tomar un libro, y también regalar otro, experiencia que se ha repetido en países como Alemania, Argentina, Ucrania, Italia, Japón, Pakistán y Brasil.


“Este fin de semana comenzaremos a fabricar las repisas y, a futuro, proyectamos poner libros a disposición de la gente en todos lados: ya tenemos en mente realizar esto mismo en supermercados, minimarkets, paraderos de micro, entre otros lugares. Por eso, la recaudación de libros es importantísima, pero el público ha sabido responder y en cada actividad regalan algunos de los suyos”.


Si bien estos postes serán removidos a futuro, el municipio de Santiago aún no tiene una fecha clara al respecto. Pero eso no es un problema para Ramírez. “No buscamos que las bibliotecas permanezcan en el lugar, sólo queremos intervenir el espacio temporalmente, además de aprovechar el verano: sabemos que en invierno sería muy difícil mantenerlas”, finaliza, mientras organiza una próxima liberación de libros en la plaza Yungay, a las 16 horas, en el marco de la Fiesta del Roto Chileno.