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Cultura&Entretención / Pág. 98

Con Gladys en el corazón

Pedro Lemebel y Gladys Marín se conocieron a inicios de los 90. El la acompañó en su campaña presidencial y no se separarían hasta la muerte de ella, en 2005. Mi amiga Gladys se llama el tributo que le preparó.

por
Javier García
Con Gladys en el corazón

Era inicio de los 90 y por la Alameda se extendía una marcha que pedía esclarecer la verdad sobre las violaciones a los Derechos Humanos. Pedro Lemebel caminaba descalzo, de negro, con una letra N en la espalda, de la mano junto a Francisco Casas, que llevaba otra N, como homenaje a los desaparecidos en dictadura. Fue cuando Lemebel conoció a Gladys Marín. La histórica militante del Partido Comunista le recordaría ese momento, años después, cuando el escritor la entrevistó para su programa que tenía en Radio Tierra.


“Hubo un enamoramiento instantáneo”, diría el narrador. Ella le preguntó: “¿Supongo que me vas a apoyar en la candidatura?”. “Por supuesto, reina”, le dijo él, quien la acompañaría por Chile en la campaña presidencial de 1999. “Estoy con Gladys con todos sus deseos y sueños”, señaló Lemebel ese agitado año.


No se separarían y seguirían marchando juntos. Cruzarían la Alameda nuevamente y correrían abrazados ante el bastón policial y el carro lanza agua. Ella sería su gran compañía ante la muerte de su madre, Violeta, en 2001. Dos años después, a Gladys Marín le diagnosticaron un tumor cerebral. “Me acompañó en todos mis duelos, en los momentos más duros, cómo no voy a estar destrozado por lo que le pasó. Este país hipócrita no se merecía a Gladys”, agregó el narrador tras la muerte de la ex candidata, ocurrida el 6 de marzo de 2005.


El autor de Loco afán asistiría cada año a los homenajes que recordaban a la ex secretaria general del PC. En 2006 cuando le dedicaron La Semana del Autor, en Cuba, volvió a recordarla: “Gladys Marín se jugó la vida en verso y lucha, sangre y esperanza, represión y reacción armada”, diría fuerte y claro. Y en la intimidad, le preparaba su propio tributo. Un libro que titularía Mi amiga Gladys.


“Es un libro con crónicas, relatos y fotografías. Quería que fuese un ejemplar bonito para ella”, dice Josefina Alemparte, editora del sello Planeta, casa que publicó sus últimas obras y mantiene este libro inédito. “Quería presentarlo el año pasado en la Feria del Libro de Santiago, pero su salud no estaba bien”, agrega Alemparte, a quien Lemebel le contó la historia de Patricio Egaña, personaje del hampa criollo, que protagonizaría su segunda novela. La llamó El éxtasis de delinquir.


“Es más bien una entrevista novelada que cuenta mi amistad con Patricio Egaña, todo ese tiempo que me contó su biografía carcelar, sus amores penitenciales y su refinada vida delictual”, dijo hace dos años de este trabajo.


“Me habló harto de la novela, pero nunca leí nada ni me hizo adelantos”, dice la editora, quien lo vio por última vez el pasado 31 de diciembre. “Era un hombre brillante y terrible. Al principio me desconcertaba, pero en los cinco años que trabajé con él fui adaptándome a su ritmo y tiempo”.


Gladys Marín nació en Curepto, en 1941. Era hija de un campesino y una profesora primaria. Ella también quiso ser profesora.


“Algo de ella la perdura en el recorte primavero de aquella estudiante de provincia, que emigró a la capital para entrar a la Escuela Normal de Profesores, cuando todavía el mistraliano afán de la vocación pedagógica enamoraba niñas simples, muchachas sencillas deseosas de entregarse al simbolismo parturiento de la educación popular”, escribiría Lemebel sobre su biografía juvenil.


Tras titularse, Marín ingresó en 1958 a las Juventudes Comunistas. “El tránsito biográfico de Gladys Marín por esta geografía, a veces toma el rumbo de una lágrima turbia que, en su porfiado rodar, fue marcando de lacre utopía el largo esqueleto del flaco Chile”, anotó su amigo.


Hace dos años volvería a recordarla públicamente cuando ganó el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso: “A mi madre, a Gladys Marín, a mi clase obrera que me lee pirateado…”. Ese mismo año contó a este diario: “Estoy armando un libro sobre mi amiga Gladys Marín, a quien se lo debo a su amistad, a su memoria, ya superado el dolor de su partida. Puedo relatar encuentros en el tiempo de su candidatura presidencial, cartas, viajes, conversaciones y fotografías. Quiero que sea un libro hermoso como ella se lo merece”.