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Científico japonés que creó robot idéntico a él ahora busca dotarlo de emociones

Hiroshi Ishiguro se presentó ayer en Barcelona para celebrar los 10 años de Inteligencia artificial.

por
Axel Christiansen Z.
Científico japonés que creó robot idéntico a él ahora busca dotarlo de emociones

En el año 2003, un equipo de la U. de Osaka sorprendió al mundo al revelar al “Actroid”, una nueva especie de robots que no fue diseñada para trabajar en fábricas o realizar labores de rescate, sino para imitar de la mejor manera posible a los seres humanos.


Piel sintética, pelucas, ropa humana y movimentos faciales sincronizados son la clave para lograrlo. Algo en lo que el ingeniero japonés Hiroshi Ishiguro ha concentrado toda su carrera.


Actualmente, dirige el laboratorio de Inteligencia Robótica de la Universidad de Osaka -también conocidos como los laboratorios de Hiroshi Ishiguro-, posición que lo llevó a dictar dos charlas en España, a propósito de los 10 años de la película Inteligencia artificial y de paso, contar qué es lo que se viene en el desarrollo de la robótica como compañía de los humanos.


Igual a mí


Ishiguro confía mucho en el rol que tendrán los robots en la sociedad, sobre todo viviendo en Japón, donde estos aparatos realizan tareas como el cuidado de enfermos o guías en museos y exhibiciones. Por ello, decidió escoger el rumbo de la humanización de las máquinas, que lo ha llevado a crear tres androides bajo el proyecto Geminoid: el primero en el año 2006 llamado Geminoid HI-2, mundialmente famoso por haber sido creado para imitar en imagen a su creador. Luego vendría el Geminoid-F, hecho a imagen y semejanza de una mujer y finalmente, este año el Geminoid-DK, considerado el más realista que se haya construido hasta ahora y basado en un científico danés.


La idea detrás del Geminoid, según se relata en el sitio oficial del laboratorio, es poder estudiar de mejor manera la reacción humana de una persona frente a un robot, pero también realizar sistemas de telepresencia. Esto, porque los androides del proyecto Geminoid se operan a distancia e imitan lo que la persona hace en otro cuarto. Así, mientras habla el robot mueve los labios y su voz sale por la boca artificial.


Los robots tienen, eso sí, otras limitaciones: no pueden mover sus extremidades inferiores y poseen ángulos de movimiento entre 30 y 50 grados, lo que aún hace que se vean robóticos a pesar de su capa hiperrealista.


Usos diferentes


Pero la imitación de movimientos más complejos no parece ser la principal tarea de Ishiguro en el futuro de sus proyectos. Para él, la posibilidad de replicar emociones y respuestas inducidas por el contacto con diferentes personas es el pró- ximo paso. “Podremos imitar esta clase de conductas humanas mediante los programas informáticos, aunque primero tenemos que estudiar más qué es la conciencia humana”, dijo el científico en una entrevista a EFE, donde, además, esbozó la posibilidad de que cuando esto sea posible, las personas podrán incluso llegar a enamorarse de los androides. Es que el experto asegura que éstos podrían llegar a imitar el enamoramiento y que -de hecho- varios de sus colaboradores mientras trabajan en sus proyectos han señalado que podrían llegar a enamorarse de un robot.


Eso sí, Ishiguro no cree que se trate del futuro absoluto de la tecnología, sino que después habrá diferentes tipos de robots para diferentes tareas que realizar. “Para pasar la aspiradora en casa bastarán máquinas como las que conocemos, mientras que para tener una conversación agradable, será mejor tener androides como los de Blade Runner”, señaló.


Es que Ishiguro piensa que la robótica terminará siendo una extensión de las computadoras, una visión a la que él mismo reconoce falta acostumbrarse en occidente, pero que en Japón cada vez está tomando más fuerza y sobre todo, realismo.