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Cultura&Entretención / Pág. 98

Botero: “Cuando el periodismo ya no habla de injusticias, el arte sigue hablando”

Desde el 15 de marzo, el Museo de la Memoria exhibe la serie más política del pintor colombiano.

por
Denisse Espinoza A.
Botero: “Cuando el periodismo ya no habla de injusticias, el arte sigue hablando”

Era la primera vez que EE.UU. le decía que no a Fernando Botero. Desde que en 1961 el MoMa de Nueva York se rindiera ante sus pinturas de gordos, comprando La Mona Lisa a los doce años, su versión rolliza e infantil de la obra de Da Vinci, el artista colombiano saltó a la fama y se convirtió en uno de los pintores latinoamericanos más reconocidos y mejor cotizados en la escena norteamericana. Sin embargo, en 2005, ningún museo de EE.UU. quería recibir su nueva obra.


La razón del rechazo tenía ribetes políticos. Por segunda vez en su carrera, Botero abandonaba su pintura amable, llena de escenas cotidianas con sensuales y robustas mujeres, para dar paso a la violencia más cruda. Se trataba de 80 pinturas inspiradas en las torturas que militares norteamericanos practicaron, en 2004, con prisioneros iraquíes en una de las cárceles de Abu Ghraib. Un hecho que conmocionó al mundo y que tuvo a Botero trabajando 14 meses sin parar. “Cuando terminé, lo que quería era mostrar esta obra en EE.UU. No puedo hablar de una oposición oficial, pero lo cierto es que la serie fue rechazada por 10 museos americanos”, cuenta el pintor.


Entre 2005 y 2006, la serie se exhibió en Italia, Alemania y Grecia, y periódicos de todo el mundo escribieron sobre la nueva faceta iracunda del colombiano. Fue entonces que la galería Marlborough de Nueva York se arriesgó a exhibir la mitad de las obras, a pesar de las cartas en contra y las peticiones para que la muestra fuese suspendida.


Tras cinco años, la obra más controvertida del pintor colombiano llega al Museo de la Memoria, desde el 15 de marzo. Auspiciada por CorpBanca y gestionada por la institución chilena y la U. de Berkeley, dueña de las piezas, Botero Abu Ghraib tendrá 35 pinturas y dibujos.


“El Museo de la Memoria es el sitio ideal para esta serie. Chile vivió la dictadura de Pinochet, la tortura, los desaparecidos. Todo ese horror se refleja en estas pinturas, la crueldad del hombre sobre el hombre”, dice Botero desde Mónaco, donde mantiene uno de sus talleres, repartidos entre Italia, París y Nueva York.


Violencia que inspira


Para Botero, la serie Abu Ghraib fue terapéutica. “A medida que pintaba el horror, me iba tranquilizando”, cuenta. Estaba impactado. Entonces, pintó la crueldad: sus típicos hombres robustos y coloridos aparecen desnudos, golpeados, obligados a usar sostenes, atacados por perros rabiosos y sangrando profusamente.


“Más allá del dolor físico, me impactó la humillación. Iraquíes mayores, muchos inocentes eran humillados por unos teenagers que los trataban a patadas sólo por pensar distinto. Es la hipocresía de los EE.UU., que se presenta como modelo de compasión, pero practica la tortura medieval. La política de Bush fue monstruosa”, dice. “No estoy en contra de EE.UU. Creo en su libertad de expresión, pero su política imperialista no puedo compartirla”.


No es primera vez que un hecho político lo remece: hace años plasmó el narcotráfico en Colombia. “Sigo conectado con mi país, viajo a mi casa en Medellín y leo la prensa todos los días. Colombia ha mejorado mucho, pero vivimos años terribles bajo la violencia de Pablo Escobar y los capos de la droga”, dice.


El próximo 20 de abril, el pintor cumplirá 80 años, convertido en uno de los artistas vivos más cotizados del mundo, con obras en museos como el Metropolitan, el Guggenheim y hasta el Vaticano. “Tengo el doble deseo de trabajar, sigo enamorado de la pintura. Tiziano decía que uno aprende a pintar luego de los 80 años, estoy ansioso por saber si tiene razón”, bromea. Lo cierto es que el artista está más activo que nunca.


En abril llevará a Medellín su nueva obra: Via Crucis, donde vuelve a inspirarse en la pintura del siglo XVI, para plasmar la vida de Cristo. “Mezclo personajes de América Latina con figuras de la Biblia. Aquí los soldados no son romanos, sino policías colombianos. No se trata de política, sólo de libertad artística”, dice. Aunque no se niega a volver a rozar la contingencia con su pintura. “Cuando algo me produce un shock muy fuerte, siento la necesidad de dejar un testimonio. El arte tiene la capacidad de hacer recordar, y cuando el periodismo ya no habla de injusticias, el arte sigue hablando”.