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Booktubers: la comunidad de críticos jóvenes

Estos jóvenes desafían los estudios que dicen que en Chile se lee casi exclusivamente por obligación. No sólo consumen varios libros sino que hacen reseñas en video y las suben a la web. Las editoriales los miran con interés.

por
Catalina Lemus
Booktubers: la comunidad de críticos jóvenes

ERICK Urrutia (19) rara vez tomaba un libro por gusto. “Igual me leía todos los que me daban en el colegio, pero no los disfrutaba”, dice. Como él, hay muchos: según una investigación realizada por Cerlac-Unesco en 2012 sólo un 7 % de los chilenos lee voluntariamente.


Su actitud frente a la lectura cambió cuando su padre le trajo de un viaje el libro Corazón de tinta, de Cornelia Funke. Se interesó en la literatura y se puso a comprar libros para armar su biblioteca, que ya tiene más de 200 títulos. “En mi familia ninguno es lector, así que es una sorpresa que yo lo sea y con tanta pasión”, cuenta.


Pero además de leer y comprar, Erick empezó a comentar los libros y reseñarlos en videos que sube a la web. La idea se le ocurrió el 11 de marzo de 2013 mientras buscaba en YouTube el tráiler de la película Las ventajas de ser invisible y se topó con el video de un chico mexicano que hablaba del filme. Puso play y quedó cautivado por la dinámica. Así es que apenas terminó de verlo, pensó que él podría hacer lo mismo con los libros. Prendió su webcam, tomó el libro de Funke que tanto lo había entusiasmado y se puso a hablar de este. Sin saberlo, pasaba a ser parte de la comunidad de booktubers, formada por otros jóvenes de entre 16 a 25 años que leen hasta ocho libros mensuales y apenas terminan uno prenden la cámara, dan su opinión, la editan y luego la suben a través de distintos canales.


El significado de la palabra viene de book, de libro, y tube, de YouTube, y es una práctica que comenzó en Estados Unidos. Aunque no está claro el momento en que aparecen, según escritoras.com, los booktubers son un subgénero que nació a partir de una vertiente mayor de videos posteados, principalmente por mujeres en los que hablan de sus últimas compras, precios y lugares, y que se conoce como Video Haul. Esa práctica se masificó a partir de 2007 y es probable que de ahí hayan surgido los primeros comentaristas de textos.


Los Booktubers no sólo hablan de las características literarias de las obras que están comentando, sino que también de dónde las encontraron y sus preferencias, además de mostrar sus bibliotecas. Los videos duran alrededor de 10 minutos y su objetivo, dicen los entrevistados, es fomentar la lectura, ya que el video puede funcionar mejor que el texto: “Cuando nos ven, interactuamos con el público, ellos observan nuestros gestos, emociones, y se va generando así una relación de amigo que aconseja a otro para leer tal libro”, dice Stephanie Veas, una de los 17 integrantes de la comunidad de booktubers en nuestro país.


Raiza Revelles (21) es de Monterrey y comenzó a subir reseñas en febrero de 2012, lo que aparentemente la convierte en la primera booktuber de México. Actualmente tiene casi a 200 mil seguidores de distintos países incluido Chile. “Me gusta ver que las reproducciones de libros tienen tanta popularidad. Por ejemplo, muchas personas llegan a mi canal (raizarevelles99) y me comentan que comenzaron a leer un texto que yo reseñé. Considero que ahí está la clave del éxito de los booktubers: platicamos sobre libros como un amigo lo hace con otro y a la gente le interesa, lo sigue y lo busca”, cuenta.


La práctica va generando una comunidad. Ignacio Rebolledo (18), Angie Figueroa (22) y Stephanie Veas (24), por ejemplo, no se conocían hasta que empezaron a subir videos. En septiembre decidieron reunirse en la Feria del Libro del Parque Bustamante a partir de lo que nació una fan page en Facebook con el nombre Booktubers Chile. “Fuimos integrando a todos los chilenos que subían videos, constantemente, igual que nosotros. Me parece que hay unos 20 más, pero suben de manera parcelada. Por ejemplo, llegan hasta la tercera reproducción y no publican más”, dice Ignacio.


Cada uno de ellos tiene su propio canal en YouTube. El de Angie, por ejemplo, se llama Navegando entre Libros; el de Erick, Inversionista de historias; el de Ignacio, Libros Mortales, mientras que Stephanie es dueña de Bitácora de Lectura. Sus suscriptores fluctúan entre las 500 a 1.700 personas que vienen de distintos países. Por eso, Ignacio Rebolledo ha estado en conversaciones con algunos booktubers mexicanos para crear una revista digital con colaboradores de varias partes que permita dar a conocer la comunidad en el continente y potenciarse.


El financiamiento de su pasatiempo es un tema para los booktubers, porque el presupuesto no les da para comprar ocho libros al mes. “Al principio mis papás y abuelos me apoyaban. Sin embargo, fue una época difícil porque no compraba tantos libros y me veía apresurado en dar reseñas en mi canal”, dice Erick. Para salir del problema han diseñado distintas estrategias, sin embargo, la más eficiente ha sido ponerse en contacto con las propias editoriales que publican los libros que les interesan. Así lo hizo Ignacio: le mandó un correo a Penguin Random House explicándoles lo que hacía. “Yo no sabía que se podía hacer. Pero en julio se contactaron conmigo, me enviaron un folleto de los libros que podía elegir y, finalmente, llegaron a fin de mes”.


Actualmente, los booktubers trabajan con Alfaguara, Planeta, Penguin Random House, SM y Zig Zag. Algunos están con una o hasta con cinco editoriales. Todo depende del ritmo de lectura personal y el tiempo que se tenga cada mes para pedir ejemplares. “Son jóvenes con los que mantenemos un contacto directo y permanente. No hay un compromiso que los obligue a publicar nada. Son tratados con los mismos códigos que operan en la relación con cualquier otro medio de comunicación. Lo que han hecho es transformar este canal digital, que cumple casi la misma función que la de un líder de opinión”, afirma Sergio Tanhnuz, gerente de Publicaciones Generales de SM.


La relación es mutuamente beneficiosa: mientras los comentaristas consiguen libros, las editoriales publicitan sus últimas novedades. Isabel Machado, jefa de comunicaciones de la editorial Planeta, dice que a los booktubers también se les apoya por su gran dominio de las herramientas digitales. “Utilizan un lenguaje para jóvenes y tienen cautivo al público objetivo, lo cual es importante. Además, hay que confiar en el olfato de ellos para saber qué es lo que viene en materia de lectura y, sobre todo, la fomentan entre los más pequeños, ya que las nuevas generaciones son absolutamente tecnológicas”.