Debate por el aborto

Señor director:

Si el lector Cristóbal Aguilera hubiera leído mi carta con cuidado, se habría dado cuenta que manifesté que el aborto libre es la norma en todos los países desarrollados, no en todo el mundo.

En efecto, los países que permiten aborto libre son Estados Unidos, Canadá, casi toda Europa, Australia, los estados de la ex Unión Soviética y otras naciones entre las que destacan Uruguay o Sudáfrica. Los países donde el aborto está completamente prohibido, o solo se permite excepcionalmente cuando la vida de la madre está en riesgo, corresponden principalmente al África Subsahariana, Oriente Medio, Centroamérica, El Vaticano y Chile. Espero con esto haber aclarado que mi afirmación es verdadera.

A renglón seguido, mi contradictor indica que las sociedades desarrolladas habrían caído en la podredumbre moral debido a que “eliminan deliberadamente a los niños con síndrome de Down”. Esto evidentemente no es cierto, ya que los niños nacidos con síndrome de Down son personas y, como tales, gozan de todos los derechos y garantías que la ley les otorga. Comparar a un cigoto, embrión o feto con una persona y poner sus supuestos derechos por sobre la autodeterminación de la mujer es una falacia argumentativa que  no resiste análisis. En esto, la experiencia comparada de los países desarrollados también es clara.

En lo que sí estoy de acuerdo con  Aguilera es en que todo esto resulta secundario ante una pregunta fundamental que como sociedad debemos formular a la hora de discutir sobre el aborto y sobre todos los temas calificados como “valóricos”: ¿Vamos a permitir que grupos de interés, por medio de la fuerza del Estado, impongan sus  visiones a todos los ciudadanos, negando el derecho a la autonomía y a que cada persona pueda tomar sus propias decisiones, según dicte su consciencia, en igualdad ante la ley?

Cristóbal Miranda M.



Opini?n

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